Noticias

San Cristóbal pierde 84 hectáreas de humedales en seis años; expertos advierten riesgo para el futuro hídrico de la ciudad

De mantenerse la tendencia actual, los humedales remanentes podrían desaparecer en menos de tres décadas
Chiapas, a 8 de junio de 2026.- Lo que durante años ha sido una preocupación constante para habitantes de los barrios cercanos al humedal de La Kisst ahora cuenta con respaldo científico. Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) documentó que entre 2016 y 2022 la ciudad perdió 84.42 hectáreas de humedales, una reducción cercana al 18 por ciento de la superficie que estos ecosistemas ocupaban hace apenas seis años.

La investigación, publicada en la Revista Geográfica de América Central, utilizó imágenes satelitales Sentinel-2 para analizar los cambios en la cobertura del suelo de la zona urbana de San Cristóbal de las Casas. Los resultados evidencian una transformación acelerada del paisaje, marcada por el crecimiento urbano y la disminución progresiva de áreas naturales fundamentales para el equilibrio ambiental de la región.

El retroceso silencioso de los humedales

Para quienes viven en los alrededores de La Kisst, el fenómeno no es nuevo. Cada temporada de lluvias, el espejo de agua parece más pequeño. Donde antes predominaban los tulares, juncos y zonas inundables, hoy aparecen rellenos de tierra, nuevas construcciones y asentamientos humanos.

La percepción vecinal coincide con los datos obtenidos por los investigadores. En 2016, San Cristóbal contaba con aproximadamente 477 hectáreas de humedales; para 2022, la cifra había descendido a 407.66 hectáreas.

Aunque parte de las áreas degradadas mostraron procesos de recuperación natural, el balance general continuó siendo negativo. El estudio estima una pérdida promedio de alrededor de 14 hectáreas por año, un ritmo que, de mantenerse sin cambios, podría provocar la desaparición total de los humedales remanentes en aproximadamente 29 años.

La expansión urbana gana terreno

El análisis también revela el destino de las superficies perdidas. Durante el periodo estudiado, la infraestructura urbana creció más de 200 hectáreas, pasando de 1,879.88 a 2,083.17 hectáreas.

Paralelamente, las áreas boscosas sufrieron una reducción considerable, al pasar de 878.38 a 754.61 hectáreas, lo que representa una pérdida cercana a las 124 hectáreas.

Los investigadores concluyen que tanto los humedales como los bosques han cedido espacio ante el avance de la urbanización y, en menor medida, de las actividades agrícolas. Esta tendencia confirma que la presión sobre los ecosistemas naturales continúa aumentando pese a los esfuerzos institucionales por protegerlos.

Incluso en fechas recientes, las autoridades ambientales han intervenido para frenar afectaciones. En febrero de 2026 fueron clausuradas obras que presuntamente impactaban zonas de humedal, evidencia de que la problemática sigue vigente.

Ecosistemas protegidos, pero vulnerables

Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es que la reducción de superficie ocurrió a pesar de que los humedales cuentan con diversas figuras de protección legal.

Los humedales de La Kisst y María Eugenia están reconocidos como sitios Ramsar de importancia internacional, una categoría que identifica ecosistemas fundamentales para la conservación de la biodiversidad y el ciclo del agua.

Además, desde 2008 forman parte de una zona estatal sujeta a conservación ecológica y, en enero de 2024, recibieron la categoría federal de Área de Protección de Flora y Fauna bajo la administración de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Sin embargo, la investigación demuestra que las declaratorias legales no han sido suficientes para detener el deterioro y la pérdida de territorio.

Mucho más que agua: lo que la ciudad arriesga perder

Los especialistas enfatizan que los humedales son ecosistemas estratégicos cuya importancia va mucho más allá de su valor paisajístico.

Funcionan como reguladores naturales del ciclo hidrológico, almacenando agua durante las lluvias y liberándola gradualmente hacia los mantos acuíferos. También ayudan a reducir el impacto de inundaciones, moderan la temperatura local y capturan importantes cantidades de carbono.

La Comisión Nacional del Agua reconoce estos espacios como elementos esenciales para garantizar la disponibilidad hídrica de las ciudades.

En el caso de San Cristóbal de las Casas, además de su función ambiental, los humedales albergan especies únicas, entre ellas el popoyote, un pez endémico que únicamente habita estas aguas y que actualmente enfrenta condiciones críticas para su supervivencia. Hace apenas dos años se reportó la muerte masiva de cientos de ejemplares, hecho que encendió alertas entre investigadores y ambientalistas.

Una advertencia para el futuro

Más allá de las cifras, el estudio plantea una reflexión sobre el modelo de crecimiento urbano que ha seguido la ciudad durante las últimas décadas.

La expansión desordenada de asentamientos humanos, la ocupación de áreas ecológicamente sensibles y la presión constante sobre los recursos naturales podrían incrementar la vulnerabilidad de San Cristóbal frente a fenómenos asociados al cambio climático, como sequías, inundaciones y alteraciones en los ciclos hidrológicos.

Los investigadores subrayan la necesidad urgente de fortalecer las políticas públicas de conservación, mejorar la vigilancia ambiental y promover un desarrollo urbano que considere los límites ecológicos del territorio.

Mientras tanto, en los barrios que rodean La Kisst, los habitantes continúan observando cómo el agua retrocede lentamente. Lo que para muchos parecía una impresión cotidiana hoy tiene respaldo científico: el humedal está disminuyendo y con él desaparece una parte fundamental del patrimonio natural que sostiene la vida de la ciudad.

No hay comentarios