Masacre carcelaria en Ecuador: 27 reclusos mueren ahorcados en prisión de Machala
Ecuador, a 10 de noviembre de 2025.- La tarde de este domingo 9 de noviembre, 27 presos fueron hallados sin vida tras ser ahorcados dentro del Centro de Privación de Libertad de Machala, en la provincia de El Oro, fronteriza con Perú. El Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y Adolescentes Infractores (Snai) confirmó el hecho, que se suma a otra tragedia ocurrida horas antes en el mismo penal, donde murieron cuatro reclusos y resultaron heridos 33 internos y un agente policial. Ecuador enfrenta una nueva crisis penitenciaria que revela, una vez más, la profundidad de la violencia que carcome sus cárceles.
Una nueva tragedia en Machala: el infierno tras los muros
De acuerdo con el comunicado oficial del Snai, los 27 internos murieron por asfixia provocada entre ellos mismos, en circunstancias aún bajo investigación.
“Entre ellos cometieron asfixia, lo que produjo muerte inmediata por suspensión”, señaló la entidad, describiendo un escenario de horror que evoca las peores matanzas registradas en los últimos años dentro del sistema carcelario ecuatoriano.
Durante la madrugada del mismo domingo, el mismo centro penitenciario fue escenario de otro episodio violento, con un saldo inicial de cinco muertos y 33 heridos, cifra que el Snai rectificó posteriormente a cuatro fallecidos. Según el organismo, estos hechos estarían vinculados con la reorganización interna de los reclusos en la nueva cárcel de máxima seguridad, un proceso que ha generado tensiones y enfrentamientos entre facciones rivales.
Sin embargo, observadores locales sostienen que detrás de la versión oficial se oculta una profunda descomposición institucional, marcada por la ausencia de control estatal, la corrupción penitenciaria y la expansión de las mafias carcelarias.
Una crisis sin precedentes: 600 presos asesinados desde 2021
La violencia en las cárceles ecuatorianas no es un fenómeno nuevo, pero sí una tragedia que se agrava cada año.
Desde 2021, más de 600 reclusos han sido asesinados dentro de las prisiones del país, la mayoría en masacres derivadas de enfrentamientos entre bandas criminales que operan con total impunidad tras los muros.
El pasado 1 de noviembre, doce personas fueron encontradas sin vida en tres cárceles distintas: seis en la Penitenciaría del Litoral (Guayaquil), cuatro en el penal de Turi (Cuenca) y dos en la cárcel de Esmeraldas.
Aunque el Snai atribuyó algunos de estos decesos a “muertes naturales” —incluso señalando casos de tuberculosis—, informes policiales y testimonios de familiares contradicen la versión oficial, asegurando que varios cuerpos presentaban heridas de bala, cortes y hematomas.
El sistema penitenciario de Ecuador, con más de 30.000 internos distribuidos en 36 centros, se ha convertido en uno de los principales focos de la crisis de seguridad que atraviesa el país. Expertos coinciden en que la falta de políticas de rehabilitación, el hacinamiento y la infiltración del crimen organizado han transformado las cárceles en verdaderos campos de batalla.
Estado ausente y conflicto interno: el fracaso del control penitenciario
El presidente Daniel Noboa declaró en 2024 un “conflicto armado interno” para combatir a las bandas delictivas que controlan gran parte de los penales del país.
Pese a ello, los militares y la Policía Nacional no han logrado recuperar el control total de los recintos, y varios de ellos permanecen militarizados sin resultados tangibles.
Según datos oficiales, en el primer semestre de 2025 Ecuador registró 4.619 homicidios, un aumento del 47 % respecto al mismo periodo de 2024. La espiral de violencia ha colocado al país entre los más violentos de América Latina, superando incluso a naciones con conflictos armados prolongados.
La masacre de Machala es, por tanto, una muestra más de la descomposición de un Estado incapaz de garantizar la vida dentro de sus propios centros de detención. Las muertes no son incidentes aislados, sino síntomas de un colapso estructural, donde la autoridad penitenciaria es simbólica y el control real pertenece a los grupos delictivos.
El eco de una tragedia que no cesa
Los cuerpos de los 27 reos fallecidos en Machala fueron retirados bajo fuerte resguardo policial y trasladados al Servicio de Medicina Legal de El Oro para su identificación.
Mientras tanto, familiares desesperados esperan noticias en los alrededores del penal, denunciando falta de información, negligencia y encubrimiento por parte de las autoridades.
La violencia carcelaria en Ecuador no solo expone el drama de los privados de libertad, sino que también revela el colapso moral y operativo del sistema de justicia y seguridad pública.
Cada nueva masacre deja una pregunta abierta:
¿Hasta cuándo el Estado seguirá permitiendo que sus prisiones sean cementerios sin control?
La respuesta, por ahora, sigue ahogada entre los muros de Machala.




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