Fallece Rodrigo Moya, el fotógrafo que documentó los contrastes sociales de América Latina
Morelos, a 1 de agosto de 2025.- Rodrigo Moya, uno de los fotoperiodistas más lúcidos y comprometidos del siglo XX, falleció ayer en su hogar en Cuernavaca, Morelos, a los 91 años. Su muerte ocurrió de manera serena, tras una convalecencia de cuatro meses a raíz de una cirugía. Lo acompañaban su esposa, la diseñadora Susan Flaherty —compañera de vida durante 43 años— y su familia cercana.
Moya no sólo capturó imágenes, sino que narró con su lente las desigualdades sociales, los movimientos populares y los conflictos políticos que sacudieron a México y América Latina durante las décadas de 1950 y 1960. Su archivo personal, que incluye más de 40 mil negativos, es considerado un testimonio visual invaluable de una época de agitación y transformación.
“Espero que sus colegas lo recuerden como un fotógrafo comprometido con la verdad”, expresó su hijo Pablo Moya en entrevista con La Jornada.
Nacido en Medellín, Colombia, en 1934, pero nacionalizado mexicano, Rodrigo Moya se convirtió en testigo privilegiado de las revoluciones y luchas armadas de su tiempo. Una de sus imágenes más emblemáticas, Che melancólico, fue tomada en La Habana en 1964, durante las celebraciones por el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. Capturó al Che Guevara en un momento de introspección, con los últimos fotogramas de su rollo fotográfico. Años más tarde, confesó que esa imagen marcó un antes y un después en su carrera.
El asesinato de Guevara en Bolivia en 1967 lo llevó a dejar el fotoperiodismo. En su ensayo Fotografía documental y fotorreportaje, reconoció que su intención de retratar las gestas guerrilleras terminó con la muerte del comandante.
A partir de entonces, volcó su energía en nuevos proyectos. En 1968 fundó la revista Técnica Pesquera, la cual dirigió durante más de dos décadas. En los años 90 incursionó en la literatura y obtuvo en 1997 el Premio Nacional de Cuento del INBA por Cuentos para leer junto al mar.
Ya establecido en Cuernavaca, Moya y Flaherty comenzaron en 1999 el rescate y catalogación de su archivo fotográfico, que había permanecido inactivo por casi 30 años. Ese reencuentro con su obra quedó plasmado en el libro Rodrigo Moya: México (2022), donde escribió: “Descubrí mi propia máquina del tiempo”.
Aunque su trabajo es mayormente reconocido por su crítica social, Moya nunca dejó de experimentar ni de observar con atención los rostros ocultos de la realidad. Fotografiaba desde la comprensión del proceso editorial, lo que lo convirtió no sólo en testigo, sino en narrador visual y editor de su propia mirada.
Fue reconocido con la Presea Cervantina en 2014 durante el Festival Internacional Cervantino. Entonces declaró: “Siempre he sido defensor de la realidad y me he dicho un fotógrafo realista”.
En 2019, el Museo Amparo en Puebla presentó una importante retrospectiva de su obra, y el Centro de la Imagen en la Ciudad de México montó Rodrigo Moya México/Periferias. El recorrido fue complementado en el Museo del Palacio de Bellas Artes con la exposición Escenas, dedicada a su trabajo sobre el teatro, el cine y la danza.
En octubre de 2022, presentó en ese mismo recinto el catálogo de la muestra, galardonado con el Premio Antonio García Cubas al mejor libro de arte. “Más que un buscador de imágenes, fui un buscador de contrastes sociales”, expresó Moya frente a una ovación.
Rodrigo Moya partió dejando un legado visual, ético y humano que trasciende generaciones. Su lente supo ver lo que otros no quisieron mostrar, y su obra sigue siendo un espejo nítido de una Latinoamérica herida, digna y en constante transformación.
No hay comentarios