Monseñor Zapata llama a corregir con caridad y fortalecer la unidad de la Iglesia
Advierte que la oración comunitaria es un recurso fundamental para acompañar la conversión y mantener viva la presencia de Cristo en la Iglesia.
Papantla, Ver., a 6 de septiembre de 2026.- La corrección fraterna debe entenderse como un ejercicio de respeto, caridad y acompañamiento, no como una forma de señalar o condenar al otro, planteó monseñor José Trinidad Zapata Ortiz en su reflexión evangélica de este domingo.
A partir del Evangelio dominical, el prelado explicó que Jesús presenta una pedagogía gradual para enfrentar las faltas dentro de la comunidad cristiana. El primer paso consiste en hablar directamente con quien ha cometido una falta, pero hacerlo a solas y desde una auténtica relación de fraternidad.
Para el obispo, el requisito fundamental es precisamente ser hermanos, porque solamente desde la cercanía y el respeto puede existir una corrección verdaderamente fraterna.
La intención, subrayó, no debe ser exhibir al otro, sino ayudarlo a reconocer su error y recuperar el camino.
Del diálogo personal al acompañamiento comunitario
Zapata Ortiz explicó que, cuando el diálogo personal no produce una respuesta, el Evangelio plantea un segundo momento: recurrir a una o dos personas.
Estas personas pueden actuar como testigos, pero también como motivadores y acompañantes para ayudar al hermano a superar aquello que está afectando su vida espiritual.
El tercer paso consiste en acudir a la comunidad, es decir, a la Iglesia, para que sea ella la que intervenga en el proceso de corrección.
El obispo reconoció que el Evangelio utiliza una expresión fuerte al plantear que, si alguien tampoco escucha a la comunidad, debe ser apartado como un pagano o un publicano. Sin embargo, explicó que esta disposición debe entenderse dentro de una lógica de protección de la comunidad y de responsabilidad ante situaciones graves que no han sido corregidas.
El poder de las llaves y la responsabilidad de la Iglesia
Después de explicar el proceso de corrección fraterna, monseñor Zapata vinculó el pasaje evangélico con el llamado “poder de las llaves”, concedido por Cristo a Pedro y, a través de él, a la Iglesia.
Se trata, explicó, de la autoridad espiritual para unir o separar dentro de la comunidad de quienes aceptan o rechazan la fe, una responsabilidad que también tiene expresión en quienes ejercen liderazgo dentro de las comunidades cristianas.
En este sentido, señaló que tanto la corrección fraterna como la oración deben desarrollarse en unidad con la Iglesia, evitando que las diferencias o conflictos personales terminen rompiendo la comunión.
La oración como fuerza de la comunidad
Uno de los puntos centrales de la reflexión fue el poder de la oración comunitaria. El Evangelio recuerda que cuando dos personas se ponen de acuerdo para pedir algo, el Padre celestial escucha su petición.
Para el prelado, esta enseñanza adquiere especial importancia cuando los esfuerzos de corrección no han conseguido la conversión del hermano. En ese momento, la comunidad tiene en la oración una herramienta espiritual para acompañarlo.
“La Iglesia unida tiene mucha fuerza espiritual”, afirmó monseñor Zapata, al destacar que la participación plena en la vida comunitaria permite compartir la gracia y fortalecer la misión evangelizadora.
Desde esta perspectiva, la santidad individual también tiene una repercusión colectiva: quien vive con mayor plenitud su misión dentro de la Iglesia contribuye a elevar el nivel espiritual de toda la comunidad y a hacerla más fecunda en su tarea evangelizadora.
Vivir como hermanos, más allá del bautismo
Monseñor Zapata recordó que, desde la perspectiva cristiana, todos los bautizados son hermanos. Sin embargo, consideró que esta condición no basta para ejercer una verdadera corrección fraterna.
Para corregir a alguien, dijo, también es necesario vivir como hermano, mantener cercanía y formar parte de una pequeña comunidad cristiana donde exista un verdadero vínculo entre discípulos.
La reflexión recupera así una dimensión comunitaria del cristianismo: la fe no se limita a una práctica individual, sino que implica relaciones, responsabilidades y acompañamiento entre quienes comparten una misma comunidad.
Cristo como centro de la vida comunitaria
El mensaje concluyó con un llamado a reconocer que la fuerza de la Iglesia, según la fe cristiana, proviene de la presencia permanente de Cristo resucitado.
Zapata Ortiz recordó la promesa de Jesús de permanecer con sus discípulos todos los días hasta el fin del mundo y planteó que, antes de corregir a un hermano, cada creyente debe preguntarse si realmente mantiene una relación cercana con él y si vive como hermano dentro de una comunidad.
La ruta propuesta por el obispo es clara: primero la oración, después la corrección realizada con caridad y, finalmente, el acompañamiento de la comunidad. No se trata de señalar al que se equivoca, sino de buscar su conversión y, con ella, preservar la unidad de la comunidad.
“Si tu hermano peca, antes de corregirlo debes preguntarte si estás cercano a él, si vives como hermano de él en alguna comunidad”, reflexionó.
El mensaje terminó con una invitación a actuar desde la fe y la fraternidad, con la certeza de que corregir también puede ser una expresión de amor cuando se hace con respeto, cercanía y auténtica intención de ayudar.




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