Más de 20 mil vidas no llegaron a nacer: el rostro silencioso de la muerte fetal en México
Las cifras revelan una realidad dolorosa que trasciende los números y plantea desafíos para la atención y vigilancia del embarazo
México, a 29 de agosto de 2026.- Hay estadísticas que se leen distinto. No son solamente cifras: detrás de cada registro existe una familia que esperaba un nacimiento, un nombre quizá elegido, una habitación preparada y un futuro que no llegó a comenzar.
Las Estadísticas de Defunciones Fetales (EDF) 2025, dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), contabilizaron 20 mil 741 muertes fetales en México durante ese año.
Del total, 80.5 por ciento ocurrió antes del parto, mientras que 18.3 por ciento sucedió durante el parto y en 1.2 por ciento de los casos no fue posible especificar el momento de la defunción.
Una cifra que obliga a mirar más allá
La tasa nacional de embarazos que terminaron en muerte fetal fue de 58.9 por cada 100 mil mujeres de 15 a 49 años, considerando información adicional proporcionada por la Secretaría de Salud. Con el esquema tradicional de captación, la tasa fue de 44.0.
Las diferencias entre entidades también resultan significativas.
San Luis Potosí presentó la tasa más elevada, con 81.3 muertes fetales por cada 100 mil mujeres en edad fértil, seguido de Ciudad de México, con 81.0, y Durango, con 80.2.
En el extremo contrario estuvieron Oaxaca, con 25.7; Campeche, con 29.5, y Sinaloa, con 31.1.
Los números dibujan así un mapa desigual, donde las condiciones y circunstancias que rodean al embarazo no parecen ser las mismas en todo el territorio nacional.
Antes de llegar al primer abrazo
Uno de los datos más contundentes es el momento en que ocurrieron las defunciones.
Ocho de cada diez se registraron antes del parto.
Es una estadística que difícilmente puede observarse con indiferencia. Cada porcentaje representa una historia interrumpida antes de que una madre pudiera sostener a su hijo en brazos.
En cuanto al sexo del feto, 52.9 por ciento correspondió a hombres y 37.3 por ciento a mujeres, mientras que en 9.8 por ciento de los casos no fue especificado.
La tasa nacional también alcanzó 15.4 defunciones fetales por cada mil nacidos vivos, tomando en cuenta la información adicional de la Secretaría de Salud; mediante la captación tradicional fue de 11.5.
El desafío de la atención
Más allá de la frialdad estadística, las cifras colocan sobre la mesa la importancia de fortalecer la atención durante el embarazo, la detección oportuna de riesgos y el seguimiento médico.
La muerte fetal no puede reducirse a un dato anual. Implica consecuencias emocionales y familiares que permanecen mucho después de que el registro estadístico ha sido contabilizado.
Por eso, cada variación en las tasas y cada diferencia entre entidades también merece ser observada como una señal para revisar las condiciones de atención materna y fetal.
Porque detrás de las 20 mil 741 muertes fetales no existen únicamente expedientes.
Existen historias.
Y cada una representa una ausencia que comenzó antes del nacimiento.




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