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Monseñor José Trinidad Zapata invita a poner a Cristo en el centro de la vida y asumir la cruz con esperanza

El mensaje destaca que el verdadero discipulado exige amor a Dios por encima de cualquier otro vínculo y una entrega generosa al servicio del prójimo
Papantla, Ver., a 28 de junio de 2026.- En el marco de la reflexión correspondiente al evangelio del domingo, el obispo de la Diócesis de Papantla, Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz, compartió un mensaje dirigido a los fieles en el que profundizó sobre el compromiso que implica seguir a Jesucristo y la misión que cada creyente está llamado a desempeñar dentro de la Iglesia.

Tomando como base el pasaje final del discurso apostólico de Jesús, el prelado explicó que el llamado del Señor a amarlo por encima de los padres, los hijos e incluso de la propia vida no representa un rechazo a la familia, sino una invitación a colocar a Dios como el principio, fundamento y finalidad de toda existencia.

El amor a Dios como prioridad del discípulo

Durante su reflexión, Monseñor Zapata Ortiz señaló que Cristo debe ocupar el primer lugar en los pensamientos, decisiones y acciones de cada creyente. Explicó que el Evangelio no contradice el mandamiento de honrar a los padres, sino que enseña que ningún afecto humano puede estar por encima del amor a Dios.

Indicó que esta enseñanza constituye una de las condiciones esenciales para quienes desean convertirse en auténticos discípulos y misioneros, pues la evangelización requiere una entrega total que permita anunciar el mensaje de Cristo con coherencia y convicción.

El obispo recordó que la misión cristiana exige una relación profunda con Dios, capaz de orientar todas las dimensiones de la vida personal, familiar y comunitaria.

Tomar la cruz como expresión de fidelidad

Otro de los ejes centrales del mensaje fue el significado de "tomar la cruz". Monseñor explicó que esta expresión representa la disposición para enfrentar las dificultades, pruebas y sacrificios que puedan surgir por permanecer fieles al Evangelio.

Subrayó que el sufrimiento no tiene valor por sí mismo, sino cuando nace del amor a Dios y del deseo de seguir el ejemplo de Jesucristo. En ese sentido, recordó que el verdadero discípulo está llamado a renunciar al egoísmo y asumir con esperanza las pruebas que la vida presenta, confiando en la promesa de la vida eterna.

Asimismo, evocó la enseñanza de San Agustín sobre los dos amores que edifican dos ciudades: el amor desordenado hacia uno mismo, que aparta de Dios, y el amor a Dios que conduce al ser humano hacia la vida celestial.

El discípulo hace presente a Cristo

En la parte final de su mensaje, el pastor de la Iglesia diocesana destacó que quienes anuncian el Evangelio representan sacramentalmente la presencia de Cristo entre los hombres.

Explicó que recibir a un discípulo, a un profeta o a un justo significa, en realidad, recibir al mismo Jesucristo y al Padre que lo envió, motivo por el cual incluso los gestos más sencillos de solidaridad, como ofrecer un vaso de agua a quien sirve al Señor, poseen un profundo valor espiritual y reciben recompensa ante Dios.

Finalmente, Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz invitó a los fieles a preguntarse quién puede considerarse digno de seguir a Cristo. Recordó que la dignidad no nace de los méritos humanos, sino de la gracia con la que Jesús llama a cada persona a convertirse en su discípulo y continuar su misión en el mundo.

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