Mujeres en el crimen organizado: más allá del estereotipo de víctimas
Operadoras financieras, líderes regionales y estrategas forman parte de la historia del narcotráfico
México, a 8 de marzo de 2026.- Un análisis del portal especializado en seguridad y crimen organizado InSight Crime advierte que el papel de las mujeres dentro de las organizaciones criminales en América Latina ha sido mucho más amplio de lo que tradicionalmente se reconoce.
Publicado en el marco del Día Internacional de la Mujer, el estudio destaca que las mujeres han ocupado cargos clave en la estructura financiera, logística y operativa de diversos grupos delictivos desde los inicios del tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Un papel histórico poco visibilizado
Durante décadas, la narrativa dominante sobre las mujeres dentro del crimen organizado en América Latina las ha presentado principalmente como víctimas o como acompañantes de figuras masculinas vinculadas al narcotráfico. Sin embargo, diversos estudios recientes cuestionan esta visión simplificada.
De acuerdo con un análisis publicado por el portal especializado InSight Crime, las mujeres han participado activamente en todos los niveles de las estructuras criminales, desempeñando funciones que van desde la logística y el manejo financiero hasta el liderazgo regional de células delictivas.
El documento subraya que su presencia dentro de estos grupos es más cotidiana de lo que sugieren los estereotipos de género, los cuales históricamente han minimizado o invisibilizado su participación en actividades ilícitas.
El estudio señala que desde los primeros años del tráfico de drogas hacia Estados Unidos, particularmente durante las décadas de 1940 y 1950, algunas mujeres ya ocupaban posiciones relevantes dentro de estas redes criminales.
Figuras femeninas en estructuras criminales actuales
El análisis también hace referencia a casos recientes que evidencian la influencia de algunas mujeres dentro de organizaciones delictivas contemporáneas.
Uno de los ejemplos mencionados es el de Rosalinda González Valencia, esposa de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Según el informe, aunque González Valencia podría no asumir el liderazgo directo del grupo, su papel dentro de la estructura financiera del cártel podría seguir siendo relevante debido a la profunda participación de su familia en la conformación y funcionamiento de la organización.
El documento señala que las redes familiares han sido históricamente un componente clave en la consolidación de estas estructuras, lo que ha permitido a diversas mujeres mantener influencia dentro de las operaciones del narcotráfico.
Liderazgo y operaciones dentro de cárteles
Entre los casos documentados por el reporte se encuentra el de Guadalupe Fernández Valencia, conocida como La Patrona, considerada por analistas como una de las mujeres de mayor rango dentro del Cártel de Sinaloa.
Fernández Valencia fue señalada como colaboradora cercana de Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias Alfredillo, uno de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y figura clave de la facción conocida como Los Chapitos.
De acuerdo con el informe, su papel dentro del cártel incluía tareas de lavado de dinero y coordinación logística. Fue arrestada en Culiacán en febrero de 2016, posteriormente se declaró culpable en un tribunal de Chicago y recuperó su libertad en octubre de 2023 tras cumplir ocho años de detención.
Otro caso mencionado es el de Itania Noemí Hernández Zepeda, alias La Alemana o La Güera, quien llegó a fungir como líder regional de la facción La Mayiza del Cártel de Sinaloa en Manzanillo, Colima.
Las autoridades mexicanas la señalaron como una de las principales generadoras de violencia en esta ciudad portuaria, donde su grupo protagonizó enfrentamientos frecuentes con integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación. Hernández Zepeda fue capturada en noviembre de 2024.
Mujeres pioneras en el narcotráfico
El análisis también recupera ejemplos históricos que muestran cómo la participación femenina en actividades criminales no es un fenómeno reciente.
Entre ellos destaca el caso de María Dolores Estévez Zuleta, conocida como La Chata, una figura que alcanzó notoriedad en la primera mitad del siglo XX.
La mujer llegó a ser considerada en su momento como la enemiga pública número uno de México, debido a su participación en el tráfico de mariguana, morfina y opio a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.
Además de narcóticos, incursionó en otras actividades ilícitas como el contrabando de alcohol, la prostitución y el tráfico de animales. Su historia también destaca por las múltiples ocasiones en las que logró escapar de prisión: según registros históricos, fue arrestada y escapó siete veces antes de regresar definitivamente a prisión, donde permaneció hasta su muerte en 1959.
Un fenómeno que desafía estereotipos
Para especialistas en seguridad y crimen organizado, reconocer la participación de las mujeres dentro de estas estructuras no implica romantizar ni justificar su involucramiento en actividades ilícitas, sino comprender con mayor precisión la complejidad del fenómeno criminal.
El análisis sugiere que las narrativas tradicionales han contribuido a simplificar el papel de las mujeres dentro de estos grupos, lo que puede limitar la comprensión real de su funcionamiento y de las dinámicas internas de poder.
En ese sentido, examinar la presencia femenina dentro del crimen organizado también permite identificar cómo las estructuras criminales se adaptan a contextos sociales, familiares y económicos, integrando a distintos actores en su funcionamiento.




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