Domingo de Ramos: la entrada que desarma al poder y convoca a la fe
Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz llama a vivir una conversión auténtica desde la humildad de Cristo
Papantla, Ver., a 29 de marzo de 2026.- En el inicio de la Semana Santa, la Iglesia católica recordó el sentido profundo del Domingo de Ramos: una celebración que va más allá de lo simbólico y que invita a reflexionar sobre el verdadero rostro de Cristo, un rey de paz que transforma la lógica del poder y guÃa a los fieles hacia la vida eterna.
El inicio de un camino que interpela
Con la celebración del Domingo de Ramos, la comunidad católica da apertura a la Semana Santa, uno de los periodos más significativos del calendario litúrgico. En su mensaje, Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz centró su reflexión en el sentido profundo de esta fecha: no se trata únicamente de una procesión o de portar ramos bendecidos, sino de asumir un compromiso de fe.
La conmemoración recuerda la entrada de Jesús a Jerusalén, un acontecimiento que, lejos de responder a las expectativas de poder terrenal, se presenta como una manifestación de humildad y paz.
Un rey distinto: la paradoja del poder
Durante su reflexión, el prelado subrayó que Jesús no entra como un conquistador, sino montado en un burrito, cumpliendo la profecÃa de ZacarÃas. Este gesto, aparentemente sencillo, encierra una profunda enseñanza: el verdadero poder no radica en la fuerza, sino en la humildad.
Mientras algunos esperaban a un lÃder que liberara a su pueblo por medio de la guerra, Cristo eligió el camino de la paz, rompiendo con las expectativas humanas. Las aclamaciones de “¡Hosanna!” reflejan esa dualidad: fe genuina en unos, confusión o interés superficial en otros.
Entre la multitud: fe, duda y contradicción
El Evangelio describe a una multitud diversa: curiosos, seguidores y opositores. Algunos caminaban delante de Jesús, intentando imponer su propia visión del MesÃas; otros lo seguÃan con convicción, reconociendo en Él al verdadero guÃa.
La reacción de Jerusalén, “conmovida” ante su llegada, revela una tensión espiritual: la dificultad de reconocer a Cristo como Hijo de Dios. Esa misma ciudad que lo recibe con júbilo será escenario, dÃas después, de su condena.
Los ramos: sÃmbolo, no amuleto
Monseñor Zapata Ortiz hizo énfasis en un aspecto clave: los ramos bendecidos no deben entenderse como objetos de protección mágica, sino como un signo visible de fe.
Representan la aceptación de Cristo como rey de paz, pero también el compromiso de seguirlo, incluso en el camino de la cruz. Son testimonio de una fe que se vive, no solo que se porta.
La ruta hacia la Pascua: cruz y esperanza
El mensaje central del Domingo de Ramos es claro: el camino hacia la vida eterna pasa inevitablemente por la pasión y la muerte. Sin embargo, no es un camino de derrota, sino de esperanza.
Como recordó el prelado, la vida cristiana implica caminar hacia la “Jerusalén celestial”, aceptando las pruebas con la certeza de la resurrección. La cruz no es el final, sino el tránsito hacia la plenitud.
Más allá del rito: una invitación a la transformación
La reflexión también retoma el pensamiento de San Alberto Hurtado, quien sintetiza el sentido de la vida cristiana: conocer a Dios, encontrarse con Él y finalmente gozarlo.
En este contexto, la Semana Santa se convierte en una oportunidad para revisar la vida personal, fortalecer la fe y asumir una conversión real, no superficial.
El Domingo de Ramos no es solo una fecha en el calendario, es una llamada a redefinir la fe desde lo esencial. En cada ramo levantado, en cada procesión, se encuentra la invitación a seguir a un rey distinto: uno que no impone, sino que transforma; que no domina, sino que guÃa.
La Semana Santa inicia asÃ, no con estruendo, sino con un mensaje profundo: la verdadera grandeza se encuentra en la humildad, y el camino a la vida eterna comienza con un paso de fe.




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