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Limón sin brillo: pequeños productores arrancan 2026 entre precios bajos y ganancias mínimas

Costos de corte e insumos absorben casi todo el ingreso; piden respaldo institucional y reglas más justas
Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 7 de febrero de 2026.- El inicio de año ha resultado adverso para los pequeños citricultores, quienes enfrentan precios que no compensan el esfuerzo de producción. Aunque la cosecha es limitada en varias huertas, factores como la saturación de bodegas, la llegada de fruta de otras regiones y la dependencia de intermediarios mantienen el mercado deprimido.

Un comienzo de año cuesta arriba

Para quienes viven del limón, el calendario cambió pero las dificultades siguen intactas. Abel Parra Velázquez, productor, describe un panorama donde el trabajo en el campo no se ve reflejado en el bolsillo.

La problemática no es nueva: durante 2025 el sector ya resentía precios inestables, y en este arranque de 2026 la situación continúa. La poca fruta disponible no ha sido suficiente para impulsar el valor del producto, rompiendo la lógica de que menor oferta significa mejor pago.

“Sacamos apenas para los gastos”, resume, dejando ver que la actividad se sostiene más por tradición y necesidad que por rentabilidad.

Un mercado saturado… incluso cuando falta fruta

Entre las razones que explican el bajo precio, los productores mencionan una combinación de factores comerciales. Empacadores y compradores señalan que el mercado internacional se ha movido con lentitud y que el consumo baja en temporadas frías. A la par, aseguran que existe sobreproducción en otras zonas citrícolas, lo que mantiene saturadas las bodegas.

Esta mezcla de argumentos termina afectando al productor local, que ve cómo el valor de su cosecha se define lejos de su parcela. Aunque en algunas huertas la producción es escasa, el precio se fija bajo una dinámica regional e incluso internacional.

Desventaja frente a grandes volúmenes

Otro elemento que genera inconformidad es la llegada de limón procedente de otras regiones, especialmente del sur del estado, en cargamentos de gran volumen. Estos envíos, al presentarse en cantidades importantes, logran condiciones de venta que no siempre están al alcance del pequeño productor.

Mientras tanto, quienes cosechan a menor escala deben vender a intermediarios, conocidos como “coyotes”, que compran la fruta en huerta y la colocan después en empacadoras o mercados mayores.

El margen que se queda en esa intermediación, señalan, podría representar una diferencia clave para mejorar los ingresos del productor, pero la falta de organización y la variabilidad en la calidad de la fruta dificultan la venta directa.

Números que no cuadran

El problema se vuelve más evidente al revisar los costos. Solo el pago al cortador puede ir de 30 a 35 pesos por reja, a lo que se suman fertilizantes, mantenimiento de la huerta y transporte.

Actualmente, la reja de aproximadamente 25 kilos se comercializa alrededor de los 500 pesos. Sin embargo, los productores consideran que un precio justo debería ubicarse entre 700 y 800 pesos para cubrir costos y dejar una ganancia razonable.

Con el valor actual, el ingreso apenas permite sostener la operación básica de la huerta, sin margen para invertir en mejoras o enfrentar imprevistos.

Un llamado a políticas más equitativas

Ante este escenario, los pequeños productores ven necesaria la intervención de programas gubernamentales que ayuden a equilibrar la balanza. Proponen esquemas que reduzcan la dependencia de intermediarios, fortalezcan la organización entre productores o establezcan mecanismos de comercialización más justos.

Más que un problema aislado, la situación del limón refleja la vulnerabilidad de la agricultura a pequeña escala, donde cada variación del mercado impacta directamente en la economía familiar.

En este inicio de 2026, el precio del limón en campo ronda los 20 pesos por kilo, con rejas de 25 kilos que se pagan cerca de 500 pesos, mientras el corte puede costar hasta 35 pesos por unidad. Con producción limitada, mercados inestables y fuerte presencia de intermediarios, los pequeños citricultores enfrentan un año que comenzó con más incertidumbre que certezas.

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