Declaración de Delhi: 88 países pactan las reglas del futuro ante el avance acelerado de la inteligencia artificial
Líderes políticos y tecnológicos advierten que la “superinteligencia” podría llegar en pocos años
India, a 23 de febrero de 2026.- La Cumbre de Impacto IA 2026 concluyó en Nueva Delhi con la firma de la “Declaración de Delhi”, respaldada por 88 países, incluidos Estados Unidos, China y la Unión Europea. El documento establece principios éticos globales y mecanismos de cooperación ante el rápido desarrollo de la inteligencia artificial, una tecnología que expertos prevén podría alcanzar niveles de superinteligencia en las próximas décadas.
Un acuerdo histórico en medio de tensiones globales
Tras una jornada adicional de negociaciones por desacuerdos en la redacción, los países participantes lograron consensuar el mayor pacto diplomático sobre inteligencia artificial hasta la fecha. La llamada “Declaración de Delhi”, impulsada por el gobierno de India, reconoce que la IA representa un punto de inflexión en la evolución tecnológica de la humanidad.
El texto subraya que las decisiones actuales determinarán el mundo que heredarán las próximas generaciones, una afirmación que refleja la dimensión histórica del momento: por primera vez, la comunidad internacional intenta anticipar riesgos antes de que la tecnología alcance su máximo potencial.
La clave para destrabar el acuerdo fue establecer que las directrices serían “voluntarias y no vinculantes”, lo que permitió sumar a países que inicialmente se mostraban reticentes.
Liderazgos políticos y visiones contrapuestas
Durante la cumbre, figuras como Narendra Modi, Emmanuel Macron y Luiz Inácio Lula da Silva defendieron la necesidad de democratizar el acceso a la inteligencia artificial para evitar concentraciones de poder tecnológico que puedan derivar en desigualdades o riesgos para la democracia.
Sin embargo, la postura estadounidense mantuvo reservas iniciales sobre una regulación internacional demasiado estricta, argumentando que la competitividad estratégica depende del dominio tecnológico más que de sus limitaciones normativas.
Este contraste evidencia una tensión central de la era digital: el equilibrio entre innovación, soberanía tecnológica y seguridad global.
Puntos clave: seguridad, acceso y empleo
Entre los acuerdos más relevantes destaca la creación de un repositorio internacional de seguridad denominado “Trusted AI Commons”, donde los países compartirán protocolos y manuales para prevenir fallos críticos en sistemas de inteligencia artificial.
También se estableció una “carta de democratización tecnológica” para facilitar que países en desarrollo accedan a chips y capacidades computacionales a precios más justos, evitando que queden excluidos de la revolución digital.
El documento prioriza además el uso de IA en sectores estratégicos como la medicina y la agricultura mediante modelos abiertos, así como la creación de planes de adaptación laboral frente al impacto de la automatización en los próximos cinco años.
Desde una perspectiva interpretativa, estos compromisos reflejan el reconocimiento de que la IA no solo es una herramienta económica, sino una fuerza transformadora capaz de redefinir estructuras sociales, mercados laborales y relaciones geopolíticas.
Advertencias de la industria tecnológica
La presencia de líderes de la industria añadió una dimensión de urgencia al encuentro. Sam Altman, director de OpenAI, insistió en la necesidad de descentralizar el desarrollo tecnológico para evitar la concentración de poder que podría favorecer sistemas autoritarios.
Por su parte, Demis Hassabis, de DeepMind, estimó que la inteligencia artificial general podría alcanzarse alrededor de 2031, una previsión que incrementa la presión sobre gobiernos y organismos internacionales para actuar con rapidez.
La advertencia común es clara: la humanidad podría estar más cerca de una transformación tecnológica radical de lo que se pensaba hace apenas unos años.
Interpretación: el intento de gobernar el futuro
Más allá de la diplomacia, la Declaración de Delhi simboliza el primer esfuerzo coordinado para gobernar una tecnología cuyo desarrollo avanza más rápido que la capacidad regulatoria de los Estados.
El hecho de que las normas sean voluntarias refleja tanto la complejidad política del consenso internacional como la competencia tecnológica entre potencias. Sin embargo, también demuestra que existe una conciencia global sobre los riesgos potenciales de la inteligencia artificial sin control.
La cumbre deja una conclusión implícita: el desafío no será solo crear inteligencia artificial más poderosa, sino garantizar que permanezca bajo principios humanos.
La cumbre concluye como un punto de partida más que una meta: el comienzo de una gobernanza internacional para una tecnología que promete redefinir el destino de la humanidad.




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