Niños de 12 años ya consumen cristal y marihuana, advierte A.A.
Misantla, Ver., a 6 de agosto de 2025.- Lo que parecía una problemática distante hoy se vive en carne propia en colonias de esta ciudad: menores de apenas 12 años ya están consumiendo drogas como cristal, marihuana y hasta fentanilo, reveló Alfredo M., miembro del grupo tradicional Renacimiento de Alcohólicos Anónimos (AA), en una declaración que estremece y deja muchas preguntas sin respuesta.
“Encontramos a un niño, no tenía ni 13 años, con un foco quemado en la mano, nos dijo que no iba a la escuela y que su mamá ni cuenta se daba, solo decía: ‘yo hago lo que quiero’”, relató Alfredo, visiblemente conmovido.
Según el testimonio, el problema inicia casi siempre con una simple cerveza: “Esa es la puerta falsa, el alcohol abre camino al cigarro, a la marihuana, al perico... y después al cristal y al fentanilo, y lo más grave: ahora combinan todo”, explicó.
Alfredo cuenta su propia historia como advertencia viva: en su peor etapa, cocinaba droga en casa, usando latas de Yakult, alambres de cobre, focos rotos, y hasta piezas de autos: “Yo preparaba la piedra, la calentaba con lo que fuera, y cuando no era suficiente, me ofrecieron fentanilo mezclado con metanfetaminas, eso ya no es droga, es veneno”.
Para Alfredo, no se trata solo de adicciones, sino de una ruptura social profunda: “Antes los papás nos ponían a vender gelatinas, a lavar trastes, a buscar nuestros zapatos, hoy todo eso se llama ‘explotación’, y mientras tanto, los niños crecen sin reglas y sin guía”.
Advierte que la pérdida de valores y el abandono familiar están creando una generación más vulnerable, expuesta a adicciones desde edades cada vez más tempranas. “No podemos corregir a un niño porque ya todo se lo toman como agresión, pero tampoco podemos ignorar que están cayendo en lo más bajo”, alertó.
Contrario a lo que algunos ciudadanos creen, Alfredo confirma que el cristal, la marihuana, el alcohol barato y hasta el fentanilo están disponibles en Misantla: “Hay zonas donde ya se trafica, donde los jóvenes consiguen droga más fácil que una cita médica. Y lo peor: muchos padres no lo saben, o lo ignoran”.
Incluso relató que llegó a ganar cinco mil pesos por semana solo para alimentar su adicción, pero cuando cayó en la pobreza y ya no pudo pagar por las drogas “de calidad”, acabó consumiendo mezclas peligrosas y letales: “Ahí es donde muchos terminan: en la cárcel, en un hospital psiquiátrico o muertos”.
Hoy Alfredo lleva más de 24 horas limpio, y como parte de su proceso en A.A., ofrece su testimonio a jóvenes y padres de familia, con la esperanza de evitar que otros pasen por lo mismo.
“Se puede dejar la droga, yo lo hice, pero no todos tienen la oportunidad de levantarse, por eso, si un niño ya tiene un foco en la mano, es porque fallamos como sociedad, como padres y como comunidad”.
El grupo tradicional Renacimiento de A.A., hace un llamado a las autoridades municipales, estatales y federales para que activen estrategias preventivas en escuelas, barrios y colonias: “No basta con castigar al adicto, hay que evitar que se convierta en uno”, insistió Alfredo.
También invitó a los padres de familia a retomar el liderazgo dentro del hogar y no dejar la educación emocional en manos de la televisión o el celular: “Si no les enseñamos desde pequeños, crecerán sin rumbo, y ahí es donde las drogas llenan el vacío”, concluyó.




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