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Disminuye drásticamente la siembra de maíz en Veracruz; advierten impacto de apoyos sociales y altos costos

Veracruz,
a 30 de julio de 2025.- Veracruz enfrenta una severa caída en la superficie destinada a la siembra de maíz, una situación que amenaza la seguridad alimentaria y la estabilidad del campo en la entidad. Según advirtió Ramón Pino Méndez, líder del Consejo Veracruzano de Productores de Maíz, la reducción ha alcanzado hasta un 80 por ciento en algunas regiones, y las causas son diversas, pero preocupantes.

En entrevista, Pino Méndez explicó que uno de los factores más determinantes es el cambio en la dinámica económica de las zonas rurales, particularmente por la influencia de programas sociales. “Con el recurso que recibe la gente de los programas, muchos ya no sienten la necesidad de sembrar. Ese ingreso los mantiene, pero también desincentiva la producción agrícola”, apuntó.

Aunque reconoció que el cambio climático ha tenido un papel importante —con lluvias irregulares, calor excesivo y fenómenos meteorológicos extremos— subrayó que el aumento del costo de los insumos agrícolas también ha sido un factor clave en la disminución de la siembra.

“Antes una hectárea se sembraba con 12 o 14 mil pesos; hoy, con dificultad, se puede hacer con menos de 35 o 36 mil pesos. Los fertilizantes, la semilla y la maquinaria están por las nubes, y el campesino no tiene financiamiento accesible”, lamentó.

El líder del consejo agrícola hizo un llamado urgente a las autoridades para facilitar financiamientos oportunos, baratos y adaptados a la realidad de los pequeños productores. “El campo necesita crédito real, no solo discursos. La economía de quienes cultivan maíz, sorgo o soya es muy frágil, y sin apoyo, el abandono del campo será aún mayor”, advirtió.

Pese al panorama sombrío, Pino Méndez destacó que todavía existen regiones con alto potencial productivo, especialmente en el Sotavento: Isla, San Juan Evangelista, José Azueta, Ciudad Alemán y Acayucan, donde se espera que las siembras se mantengan, aunque ya no con los niveles de décadas anteriores.

“Generalmente, estas zonas cercanas a los ríos se siembran en el ciclo otoño-invierno, por lo que aún estamos dentro del periodo para aprovechar la humedad acumulada”, explicó.

Contrario a lo que se temía, las lluvias registradas en julio no han perjudicado las siembras. “Al contrario, ha sido benéfico para quienes sembraron a tiempo en la zona centro. Estamos justo en el cierre del ciclo primavera-verano y los reportes que tenemos son alentadores”, dijo.

Detalló que en zonas altas como Coscomatepec y Perote, donde las siembras se realizan entre febrero y marzo para concluir en noviembre, las condiciones siguen siendo favorables. “No ha habido reportes de afectaciones graves. Hay buena infiltración de agua y las lluvias han caído a tiempo. Eso nos da un respiro”.

Pino Méndez concluyó con un llamado enfático: “Si no se toman decisiones estructurales para rescatar la producción de granos, pronto dependeremos aún más de las importaciones. El campo mexicano necesita volver a producir, pero también necesita que lo dejen respirar”.

La reducción del maíz no es solo un problema agrícola: es un síntoma del abandono al campo y de políticas públicas que no contemplan el equilibrio entre asistencia y productividad. El reloj avanza, y la autosuficiencia alimentaria está en riesgo.

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