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miércoles, 17 de junio de 2020

Así fue la estrategia de Nueva Zelanda para eliminar la pandemia, en lugar de domarla

Nueva Zelanda, a 17 de junio del 2020.- Si no fuera por las dos personas infectadas que viajaron del Reino Unido a Nueva Zelanda, este último país hubiera mantenido su racha de más de 24 días sin casos confirmados de coronavirus. El gobierno encabezado por la primer ministra Jacinda Ardern se tomó en serio este tropiezo, de la misma manera que Nueva Zelanda se tomó en serio la amenaza de la pandemia en un principio, lo que llevó al país a tomar fuertes medidas para evitar los brotes de contagios comunitarios.

Según explica Michael Baker a la publicación española El Diario, el objetivo de su estrategia de salud no se enfocó en domar la propagación del virus, es decir, en aplanar la curva de contagios, sino en eliminarlo por completo, una polémica estrategia que ha tenido éxito.

Nueva Zelanda es un país ubicado en el sur del océano Pacífico. Si bien es cierto que su territorio es un poco más grande que el Reino Unido, la población de este país europeo supera por mucho a los kiwis (66 millones contra 5 millones de habitantes). Su vecino más cercano, Australia, se encuentra a más de 2 mil kilómetros de distancia, separados por el Mar de Tasmania.

Estos factores geográficos y demográficos a menudo son resaltados para señalar que Nueva Zelanda tenía muchas ventajas para combatir la pandemia, en contraste a otras naciones mucho más grandes, como Estados Unidos, Brasil, India, Rusia, o claro, México. Pero Michael Baker, asesor científico del gobierno neozelandés, indica que los esfuerzos de su país no deben ser menospreciados y señala en qué falló la estrategia de los países de Occidente:

“En general, todo el mundo tiene planes para una pandemia. Durante más de 20 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha ayudado a todos los países a redactar planes para la gripe pandémica. Es bastante razonable tener planes para la gripe, porque causó grandes pandemias en tres ocasiones en el siglo pasado. Este es un modelo de mitigación en el que no puedes evitar la pandemia: la ola va a arrasar con tu país y, entonces, todo lo que podemos hacer es aplanar la curva para reducir el impacto. Eso es lo que ha hecho el mundo occidental.”

“Y era un buen plan, pero era el virus equivocado,” señala el doctor Baker. Para este científico, un virus del tipo del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) realmente se podía detener, y la clave para hacerlo la tenía China.

“Estaba en el grupo de asesoramiento técnico del Gobierno para la respuesta a la pandemia y dije que teníamos que cambiar el rumbo. Dije públicamente, y también directamente a los ministros que necesitábamos adoptar un enfoque de eliminación. Luego redacté la estrategia y la publiqué, y sigo abogando por eso.”

Luego de ver el desastre sanitario que ocurrió en el norte de Italia a finales de febrero y principios de marzo, el gobierno de Ardern tomó la decisión cambiar de rumbo, desechar el manual de la OMS, y adoptar el polémico enfoque de eliminación.
El éxito de los kiwis

Había tres metas que cumplir, dice el doctor Baker, metas que no son muy distintas a las de países orientales como Corea y Japón:
Gestión de las fronteras
Pruebas y el rastreo de contactos
Debilitar e interrumpir la transmisión en la población

Hasta el 28 de mayo, Nueva Zelanda registraba 1504 casos confirmados y 22 muertes. No se volvió a tomar nota de ningún caso positivo hasta el desafortunado incidente del 16 de junio, cuando dos mujeres regresaron de Reino Unido a Nueva Zelanda.

A pesar de que no se permite el ingreso de viajeros de países extranjeros, ciudadanos de Nueva Zelanda en el exterior pueden regresar a su país, aunque deben permanecer en cuarentena por 14 días tras su llegada. A estas dos personas se les otorgó un permiso especial para salir de cuarentena y estar con su padre moribundo.

“Se considera improbable que hayan infectado a otros, pero las investigaciones continúan,” dijo el doctor Baker sobre este caso en particular. “Esto es un revés para Nueva Zelanda y sin duda tendrá como resultado un endurecimiento de las normas de la cuarentena fronteriza.”

“Todos los países que persiguen la eliminación sufrirán reveses. El riesgo de que estos dos casos en Nueva Zelanda causen un brote es pequeño, principalmente porque las autoridades sanitarias los conocen bien y han tomado precauciones para minimizar su contacto con la población local. Este contratiempo en Nueva Zelanda es un problema mucho menor que el gran brote que estamos viendo actualmente en Pekín, donde la fuente es desconocida y por lo tanto difícil de controlar.”

Antes de que la OMS declarara el coronavirus/COVID-19 como una pandemia a mediados de marzo, el doctor Baker estaba sorprendido de que el mundo occidental no fuera a perseguir un objetivo de eliminación, “y dada la experiencia de Asia, me pareció que lo que había que hacer era ir a por ella.” Dice el doctor Baker que…

“Al principio, la gente me miraba como si estuviera un poco loco. Algunos de virólogos me decían: ‘Michael, no puedes eliminar este virus. Es demasiado difícil… hay tanta transmisión silenciosa, nunca se irá’. Yo no sabía en ese momento si iba a funcionar, pero había funcionado y funcionaba en China, y alguna islas específicas habían logrado evitarlo cerrando las fronteras por completo.”
La esperanza de la vacuna

Según el científico, uno de los grandes puntos a favor de la estrategia de eliminación es que no da por sentado que habrá una vacuna que actuará como “varita mágica” y hará que desaparezca el virus de un día para otro.

“No hay muchas vacunas efectivas para la gripe, que también afecta al sistema respiratorio, así que no estoy seguro de que podamos garantizar una vacuna efectiva para este virus respiratorio,” señala el científico. “Aún no tenemos una para el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) que es un virus muy importante que puede causar infecciones graves en los pulmones. Hay gente que trabaja arduamente en esa vacuna.”

“No tenemos vacunas para ningún otro coronavirus. Si conseguimos una, no sabemos cuánto tiempo durará la inmunidad. No sabemos si funcionará bien con los ancianos, que son los que realmente queremos proteger. Así que hay muchas incógnitas. Creo que tenemos más probabilidades de conseguir buenos antivirales para que la neumonía sea tratable con mayor facilidad.”

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