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Monseñor Zapata llama a la Iglesia y a los creyentes a dar frutos a su tiempo

A partir de la parábola de los viñadores homicidas, el obispo advierte que la confianza de Dios implica responsabilidad y compromiso
Papantla, Ver., a 4 de octubre de 2026.- La parábola de los viñadores homicidas se convierte en una llamada de atención sobre la responsabilidad, la fidelidad y los frutos que cada persona está llamada a ofrecer, afirmó Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz, en su reflexión evangélica difundida por la Diócesis de Papantla.

El prelado explicó que el pasaje retoma la imagen de la viña utilizada por el profeta Isaías para referirse al pueblo de Israel. En aquella referencia, Dios había cuidado de su viña y esperaba de ella justicia, pero encontró iniquidad.

“Dios esperaba justicia, pero solo encontró iniquidad”, recordó Monseñor Zapata, al señalar que en el Evangelio nuevamente aparece la imagen de una viña que ha sido preparada y cuidada por su propietario.

Para el obispo, la parábola muestra que Dios no abandona a su pueblo, sino que confía en quienes coloca al frente de él. Sin embargo, esa confianza no es un privilegio sin obligaciones.

“Dios confía en quienes pone al frente de su pueblo, pero la confianza exige responsabilidad, exige frutos”, subrayó.

Los viñadores y el rechazo a quienes llaman a cambiar

En la parábola, el propietario envía a sus criados para recibir la parte de los frutos que corresponde, pero los viñadores responden con violencia: golpean, apedrean y matan a algunos de ellos.

Monseñor Zapata interpretó este episodio como una referencia a la historia de Israel antes de Cristo y al rechazo que en distintos momentos enfrentaron los profetas enviados para llamar al pueblo a regresar a los caminos de Dios.

“Tenemos aquí un resumen de la historia de Israel antes de Cristo, que refiere todas aquellas veces que Israel rechazó a los líderes que Dios había puesto para guiar a su pueblo o a los profetas enviados por Dios para exhortarlos a seguir los caminos del Señor”, explicó.

La parábola alcanza su punto central cuando el propietario decide enviar a su propio hijo. Para el obispo, se trata de una referencia directa a Jesucristo, enviado por el Padre y finalmente rechazado y llevado a la muerte.

“Se trata del Hijo de Dios que vino al mundo enviado de parte del Padre y que no solo fue rechazado, sino llevado a la muerte”, afirmó.

La imagen adquiere una dimensión todavía más profunda al recordar que Cristo fue sacado de Jerusalén y crucificado fuera de sus murallas, en el Monte Calvario.

Una advertencia también para la Iglesia

La reflexión de Monseñor Zapata no se queda en la historia bíblica. El obispo trasladó el significado de la parábola al presente y señaló que aquellos “otros viñadores” a quienes se entrega la viña representan a la Iglesia y, con ella, a todos los creyentes.

“Esos otros viñadores son la Iglesia, somos nosotros, a quienes también Dios ha encomendado en esta etapa de la historia su viña”, expresó.

Desde esta perspectiva, el relato evangélico constituye también una advertencia para la propia comunidad cristiana. La Iglesia, dijo, debe asumir que ha recibido una misión y que esa encomienda implica producir frutos.

La imagen de la piedra angular, retomada por Jesús al citar las Escrituras, refuerza para el obispo la idea de que la Iglesia tiene su fundamento en Cristo.

“La Iglesia sabe que ella está firmemente apoyada en Cristo, el cual es la piedra viva desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios”, señaló.

Así, la reflexión propone mirar la fe no únicamente como una pertenencia, sino como una responsabilidad concreta: construir, servir y ofrecer frutos que respondan a la misión recibida.

“Demos los frutos que Dios quiere”

En el tramo final de su reflexión, Monseñor Zapata trasladó el mensaje directamente a los creyentes. Si Dios esperaba frutos de Israel y ahora los espera de su Iglesia, también espera una respuesta individual de cada persona que forma parte de ella.

“Dios esperaba frutos en Israel y no los encontró. En estos tiempos espera frutos de su Iglesia y, por lo mismo, espera frutos de cada uno de nosotros que somos parte de ella”, enfatizó.

El llamado adquiere así un sentido personal: cada creyente debe preguntarse qué está haciendo con la misión que ha recibido y si su vida refleja realmente los frutos que la fe demanda.

“Dios nos ha dado una misión y, si no la llevamos a cabo, puede ser encomendada a otros que sí le den frutos a su tiempo”, advirtió.

Con la frase evangélica “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará”, el obispo cerró su reflexión con una invitación a no desperdiciar la responsabilidad recibida.

“Hermanos, que no suceda así entre nosotros, sino que demos los frutos que Dios quiere. Que así sea. Que Dios me los bendiga”, concluyó.

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