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Misantla, entre aroma, montaña y futuro: el café busca recuperar su lugar

Desde FEMACYT se plantea la necesidad de fortalecer los cafetales, impulsar prácticas sustentables y abrir nuevas oportunidades para que el grano de Misantla llegue a mercados de mayor valor.
Por Arquímedes Gonzalez
Misantla, Ver., a 1 de octubre de 2026.- El aroma del café no comienza en una taza. Empieza mucho antes, en las laderas de la sierra, entre árboles que proporcionan sombra, suelos húmedos y familias que durante generaciones han encontrado en el cultivo una forma de vida.

En el marco del Día Internacional del Café, Mirna Ambrosio Montoya, integrante de la Dirección de Fomento Forestal, Ecología y Medio Ambiente, Ciencia y Tecnología (FEMACYT) del Ayuntamiento de Misantla, destacó la importancia de mirar hacia esta actividad desde distintas dimensiones: la productiva, la económica, la ambiental y también la cultural.

La fecha adquiere este año un carácter especial, luego de que la Asamblea General de las Naciones Unidas oficializara el 1 de octubre como Día Internacional del Café, mediante la resolución A/RES/80/248, aprobada el 10 de marzo de 2026.

Para Ambrosio Montoya, hablar del café significa también hablar de quienes están detrás de cada cosecha y de las comunidades que conservan esta tradición agrícola.

Misantla y el café de altura

La funcionaria municipal explicó que la geografía de Misantla, particularmente en su zona serrana, ofrece condiciones favorables para el cultivo del café.

Las montañas y los distintos microclimas permiten desarrollar sistemas de producción de café de altura bajo sombra, una característica que, de acuerdo con lo expuesto durante la entrevista, contribuye a construir perfiles particulares en el grano.

En la conversación, Ambrosio Montoya destacó precisamente esa relación entre territorio y calidad: la ubicación de las fincas, los suelos, la altura y las condiciones ambientales terminan reflejándose en las características que llegan finalmente a la taza.

En el caso de la sierra misanteca, señaló que el café puede desarrollar perfiles aromáticos y equilibrados, con presencia de notas que recuerdan al chocolate y matices frutales.

No se trata únicamente de una descripción gastronómica. Para la funcionaria, estas características representan también una oportunidad para que los productores puedan diferenciar su café y encontrar consumidores dispuestos a reconocer el valor de un producto de origen.

Una actividad que busca levantarse

La cafeticultura misanteca ha atravesado temporadas difíciles.

Durante años, explicó Ambrosio Montoya, la actividad enfrentó problemas relacionados con la caída de los precios internacionales y el aumento en los costos de los insumos. Estas circunstancias afectaron la rentabilidad de las fincas y provocaron periodos de abandono o reducción de la actividad.

Pero el panorama que describe actualmente es distinto.

La funcionaria habla de un resurgimiento de la cafeticultura, aunque con una perspectiva diferente a la de décadas anteriores. El objetivo, plantea, ya no debe limitarse a incrementar el volumen de producción, sino avanzar hacia un café con mayor calidad y valor agregado.

Esa transformación implica que el productor pueda conocer mejor su cultivo, mejorar los procesos posteriores a la cosecha y encontrar mecanismos de comercialización que permitan que una mayor parte del valor permanezca en las comunidades productoras.

La sombra también cuenta

Uno de los puntos que Mirna Ambrosio Montoya coloca sobre la mesa es la relación entre el café y el medio ambiente.

El cultivo bajo sombra permite mantener árboles dentro de las fincas y conservar espacios donde conviven diferentes especies de flora y fauna. En una región serrana como Misantla, esta característica adquiere particular relevancia.

La entrevistada también hizo referencia a prácticas como la fertilización orgánica y el manejo sustentable de los cafetales, estrategias que pueden contribuir tanto a la conservación del suelo como al fortalecimiento de las plantas.

La preocupación ambiental también se relaciona con problemas fitosanitarios que han afectado históricamente al café, entre ellos la roya.

Desde la visión de FEMACYT, el futuro de la actividad pasa entonces por encontrar un equilibrio: producir café, mejorar la productividad y al mismo tiempo conservar las condiciones naturales que hacen posible su cultivo.


En este proceso de recuperación aparecen también experiencias comunitarias.

Ambrosio Montoya destacó el trabajo que se desarrolla en comunidades como Pueblo Viejo, donde productores han comenzado a incorporar tecnología a los procesos de transformación del café.

La intención es pasar de la venta del grano como materia prima a la construcción de productos con identidad propia.

En ese camino aparecen las marcas de origen único y el café de especialidad, segmentos donde las características del territorio, el método de producción y el proceso de beneficio pueden convertirse en elementos de diferenciación.

La funcionaria planteó que esta evolución abre una posibilidad distinta para las familias productoras: buscar mercados nacionales e internacionales que reconozcan la calidad y permitan obtener mejores precios.

La apuesta, en otras palabras, es que el café no tenga que abandonar Misantla para adquirir valor.

Renovar para que la tradición continúe

Otro de los temas centrales abordados durante la entrevista fue la renovación de los cafetales.

La edad de algunas plantaciones constituye uno de los retos para la continuidad de la producción. Por ello, Ambrosio Montoya hizo referencia a los proyectos encaminados a fortalecer la disponibilidad de plantas de café para los productores.

Entre ellos se encuentra la puesta en marcha de un vivero regional en Misantla, planteado como una herramienta para apoyar la renovación de las fincas mediante plantas de calidad.

La estrategia se relaciona con una meta estatal de renovación de millones de plantas durante los próximos años.

Para la región, renovar un cafetal significa mucho más que sustituir una planta vieja. Significa conservar una actividad que forma parte de la economía rural y de la identidad de numerosas comunidades.


A lo largo de la conversación, Mirna Ambrosio Montoya insistió en una idea que atraviesa toda la historia: el café no debe observarse únicamente como un producto agrícola.

Está la dimensión económica, porque representa ingresos para las familias.

Está la dimensión ambiental, porque buena parte de los cafetales se desarrolla bajo sistemas de sombra vinculados con la vegetación serrana.

Está la dimensión tecnológica, porque los productores buscan mejorar sus procesos.

Y está la dimensión cultural, porque detrás de cada parcela existen conocimientos transmitidos de generación en generación.

Por eso, el Día Internacional del Café sirve también como una oportunidad para mirar hacia las comunidades productoras y preguntarse qué condiciones necesitan para que esta actividad continúe siendo viable.

Una taza con futuro

El café misanteco todavía enfrenta desafíos: precios, costos, renovación de plantaciones, enfermedades, comercialización y acceso a mercados.

Pero en la visión compartida por Mirna Ambrosio Montoya también existe una ruta de recuperación basada en calidad, sustentabilidad, innovación y valor de origen.

La sierra de Misantla tiene la montaña, los microclimas y una tradición que permanece. El reto está en convertir esas condiciones en oportunidades reales para quienes trabajan la tierra.

Este 1 de octubre, mientras el mundo celebra al café, en Misantla la fecha puede leerse de otra manera: como una invitación a volver la mirada hacia las fincas, hacia los productores y hacia una actividad que busca recuperar su lugar sin perder aquello que la hace propia.

Porque antes de ser una bebida, el café es territorio. Y en Misantla, ese territorio tiene aroma de montaña.

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