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El glaciar Jamapa se reduce a 0.32 kilómetros cuadrados; advierten impacto en el agua de comunidades

Investigador de la UV señala que al menos 25 municipios veracruzanos dependen del agua vinculada al deshielo y pide anticipar alternativas de abastecimiento
Xalapa, Ver., a 8 mayo de 2026.- El glaciar Jamapa, ubicado en el Pico de Orizaba, conserva actualmente apenas 0.32 kilómetros cuadrados de superficie de hielo, frente a los poco más de dos kilómetros cuadrados registrados en 1958, una reducción que dimensiona la transformación del último glaciar que permanece en territorio mexicano.

La actualización corresponde a mayo de 2026 y fue presentada por Víctor Soto, investigador del Centro de Ciencias de la Tierra de la Universidad Veracruzana (UV), especialista en glaciología y nivología.

La medición forma parte de una investigación científica que el especialista envió recientemente a una revista para su publicación. La comparación entre los registros de 1958 y la medición actual permite observar el marcado retroceso experimentado por el hielo en casi siete décadas.

Más que una transformación visible del paisaje de la montaña, la disminución representa una modificación en uno de los sistemas naturales de almacenamiento de agua de las zonas altas.

Menos hielo, menos agua almacenada

Para Soto, el retroceso del Jamapa no debe analizarse únicamente desde la perspectiva ambiental o paisajística. La reducción de la superficie implica también una disminución del volumen de hielo y de la cantidad de agua potencialmente almacenada en la montaña.

Del lado veracruzano, el investigador ha identificado al menos 25 municipios cuyas comunidades dependen exclusivamente del agua relacionada con este sistema de alta montaña. De acuerdo con el Censo 2020, en conjunto representan poco más de 15 mil habitantes.

El ciclo comienza con las precipitaciones de nieve que se acumulan en las partes altas. Posteriormente, una parte del hielo alcanza temperaturas de fusión y se convierte en agua líquida, que escurre por las laderas o se infiltra en los suelos.

El agua puede reaparecer más adelante en forma de manantiales, desde donde las comunidades construyen pequeñas obras de captación y utilizan mangueras para conducirla hacia depósitos que posteriormente abastecen a las viviendas.

Es un recorrido poco visible para quienes observan el Pico de Orizaba desde las ciudades, pero fundamental para localidades que han construido su abastecimiento alrededor de los recursos de la montaña.

No existe una fecha exacta para la desaparición

El retroceso del Jamapa también ha alimentado una pregunta recurrente: ¿cuándo desaparecerá completamente?

La respuesta de la glaciología, explica Soto, no permite establecer una fecha precisa.

Aunque los científicos pueden medir la pérdida de superficie y volumen y calcular tendencias para determinados periodos, esas tendencias permiten construir escenarios, no establecer pronósticos exactos sobre el momento en que desaparecerá un glaciar.

Temperatura, humedad, pendiente, radiación solar, características del suelo y condiciones de la alta montaña intervienen en su evolución. Además, las condiciones meteorológicas pueden cambiar considerablemente en periodos muy cortos.

Por ello, fijar un año determinado para la desaparición del Jamapa sería, de acuerdo con el investigador, una conclusión aventurada.

La roca oscura puede acelerar el derretimiento

El propio retroceso genera nuevas condiciones alrededor del hielo. Conforme el glaciar disminuye, queda expuesta una mayor superficie del lecho rocoso del volcán.

En el Pico de Orizaba predominan rocas oscuras, entre ellas el basalto, capaces de absorber una mayor cantidad de energía solar que las superficies claras.

El fenómeno puede compararse con una prenda negra expuesta al sol: absorbe más energía y se calienta con mayor facilidad. En la montaña, explica Soto, la roca descubierta puede calentarse y contribuir a la fusión del hielo y la nieve que permanecen a su alrededor.

Así se genera un proceso que puede favorecer un mayor retroceso: menos hielo deja más roca expuesta, y más roca oscura significa una mayor superficie capaz de absorber energía.

El deshielo también modifica las condiciones de la montaña

El retroceso glaciar tiene además implicaciones relacionadas con la estabilidad de las rocas.

Dentro de las grietas y fisuras existen capas de hielo que funcionan como una especie de unión entre los bloques. Cuando aumenta la temperatura, esas uniones pueden fundirse y dejar las fracturas más expuestas.

La alternancia de temperaturas durante largos periodos también favorece la ruptura de las rocas. Los fragmentos pueden acumularse en las partes bajas de las paredes y desplazarse cuando la gravedad vence su estabilidad.

El escenario adquiere mayor importancia durante lluvias intensas, pues el agua puede mezclarse con rocas y sedimentos y generar flujos de escombros o lahares capaces de desplazarse varios kilómetros.

Soto advierte que no se trata únicamente de piedras pequeñas: existen bloques que pueden superar el tamaño de un vehículo y alcanzar decenas de toneladas.

La montaña también exige prevención

El Pico de Orizaba continúa siendo un destino para montañistas, senderistas y visitantes atraídos por la nieve y el paisaje de alta montaña. Sin embargo, las condiciones del lugar exigen preparación.

El investigador señala que algunas personas ascienden de manera espontánea y sin el equipo necesario. Entre las recomendaciones existentes se encuentran utilizar vestimenta adecuada, casco, botas y cuerdas, además de evitar ascender en solitario.

Soto considera que estas medidas de prevención deberían difundirse no solamente entre los montañistas experimentados, sino también entre quienes visitan la montaña ocasionalmente y pueden desconocer los riesgos asociados con el terreno, el clima y la transformación de las condiciones del glaciar.

Prepararse antes de que falte el agua

Uno de los llamados centrales del investigador apunta hacia la adaptación de las comunidades.

Soto señala que desde 2020 se ha observado una disminución del agua disponible en algunas localidades y considera necesario comenzar a desarrollar alternativas antes de que la reducción del hielo se traduzca en problemas mayores de abastecimiento.

Entre las posibilidades menciona la captación de agua de lluvia, como una fuente complementaria para poblaciones que actualmente dependen del agua relacionada con el glaciar.

El investigador aclara que no es especialista en fuentes alternativas de abastecimiento, pero considera que desarrollar infraestructura de captación podría representar una opción relativamente accesible para reducir la vulnerabilidad de las comunidades.

La idea central no es esperar a que el agua desaparezca para actuar, sino comenzar desde ahora un proceso de adaptación.

Un problema que rebasa al Pico de Orizaba

El fenómeno tampoco se limita al Jamapa. Soto señala que condiciones similares afectan la acumulación de nieve en otras montañas del centro de México, entre ellas el Cofre de Perote, Popocatépetl, Iztaccíhuatl y La Malinche.

Uno de los factores relevantes es el régimen de precipitación. En México, buena parte de las lluvias se concentra entre junio y octubre, precisamente durante los meses más cálidos.

Durante ese periodo puede nevar en las zonas altas, pero las temperaturas provocan que la nieve permanezca poco tiempo. En invierno ocurre el fenómeno contrario: los frentes fríos pueden generar nevadas, pero las precipitaciones son menores y la nieve puede desaparecer en apenas unos días.

Para conservar un glaciar, explica el especialista, el escenario más favorable sería contar con mayor precipitación durante el invierno, cuando las bajas temperaturas permitirían que la nieve permaneciera y alimentara nuevamente el hielo.

La combinación actual —más precipitación durante los meses cálidos y menor precipitación durante los periodos fríos— dificulta la regeneración del glaciar y contribuye a su pérdida progresiva.

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