La festividad de la Dormición de la Virgen, iniciada en 1920, continúa reuniendo a generaciones de fieles en una de las tradiciones religiosas más singulares de Guanajuato
Guanajuato, a 6 de agosto de 2026.– Cada mes de agosto, un templo de la ciudad de León se transforma en un escenario donde la fe y la tradición se entrelazan entre el aroma de las flores y el color de cientos de manzanas. Se trata de la celebración de la Dormición de la Virgen, una festividad mariana que desde hace más de un siglo conserva viva una de las expresiones religiosas más representativas de Guanajuato.
La conmemoración recuerda el tránsito de la Virgen María hacia la vida eterna, un acontecimiento que la tradición católica denomina "dormición" para expresar el paso de la Madre de Jesús a la gloria celestial, más que un episodio de muerte.
Una herencia espiritual con más de cien años
La celebración fue instaurada en 1920 por el sacerdote Miguel María Enríquez, recordado por la comunidad como "el padre Enriquitos", quien impulsó esta manifestación religiosa que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las más esperadas por los fieles leoneses.
Cada 14 de agosto, el templo es adornado con flores y manzanas, elementos que distinguen esta festividad y que evocan un profundo simbolismo dentro de la tradición cristiana.
Las manzanas representan a María como la "Nueva Eva". Mientras el relato bíblico asocia el fruto del Edén con la caída del ser humano, la figura de la Virgen simboliza la esperanza y la redención al entregar al mundo a Jesucristo, considerado por la fe cristiana como el Salvador.
Una tradición que fortalece la identidad religiosa
Más allá de la solemnidad litúrgica, la Dormición de la Virgen se ha convertido en un patrimonio espiritual y cultural para la comunidad de León, donde familias enteras participan año con año en las celebraciones religiosas y visitan el templo para admirar su singular decoración.
La festividad también ha dado origen a la devoción hacia la llamada Virgen de las Manzanas, una advocación que conserva testimonios de fe y gratitud entre quienes atribuyen favores y milagros a su intercesión.
Para los creyentes, esta celebración representa un momento de oración, reflexión y renovación espiritual, mientras que para la ciudad constituye una tradición que ha logrado trascender generaciones sin perder su esencia.
Fe que permanece viva
En una época en la que muchas costumbres religiosas enfrentan el paso del tiempo, la Dormición de la Virgen continúa convocando a cientos de personas que encuentran en esta celebración un espacio para fortalecer su fe y preservar una herencia transmitida durante más de un siglo.

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