Analistas advierten que la declaración puede tener implicaciones diplomáticas y mediáticas, más allá del impacto real en la estructura del crimen organizado.
Estados Unidos, a 25 de febrero de 2026.- En su discurso del Estado de la Unión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, representa un logro de su administración. La declaración reabre cuestionamientos sobre la soberanía, la cooperación bilateral y el alcance real de las estrategias contra los cárteles.
Un anuncio con tono de victoria política
Durante su intervención ante el Congreso estadounidense, el mandatario destacó que “durante años varias partes de México han estado gobernadas por cárteles” y que su gobierno logró eliminar a uno de los líderes criminales más notorios. La frase, pronunciada en un contexto de balance de gobierno, fue recibida como un mensaje dirigido tanto al público interno como a sectores políticos que exigen mano dura contra el narcotráfico y la migración.
El señalamiento no solo posiciona la narrativa de seguridad como eje de su administración, sino que también refuerza la imagen de liderazgo fuerte en un escenario político donde la seguridad fronteriza se ha convertido en tema central del debate electoral.
Entre la cooperación y la controversia
Más allá de la afirmación presidencial, especialistas en seguridad consideran que la mención pública de operaciones contra líderes del narcotráfico mexicano suele generar tensiones diplomáticas, especialmente cuando no se precisan los mecanismos de cooperación con autoridades mexicanas.
Históricamente, la eliminación de capos ha demostrado tener efectos limitados en la reducción de la violencia, debido a la fragmentación de organizaciones criminales y las disputas internas por el poder. Por ello, el impacto estratégico de la muerte de un líder suele ser temporal si no va acompañado de políticas integrales de seguridad y desarrollo social.
La narrativa del enemigo externo
Desde una perspectiva interpretativa, el discurso también refleja un recurso político recurrente: presentar al narcotráfico como una amenaza externa que justifica medidas de seguridad más estrictas dentro de Estados Unidos. Esta construcción retórica suele fortalecer el respaldo a políticas migratorias restrictivas y a presupuestos mayores para seguridad nacional.
Sin embargo, expertos recuerdan que el fenómeno del narcotráfico tiene raíces binacionales, vinculadas tanto al consumo de drogas en Estados Unidos como a las condiciones socioeconómicas en regiones de México.
Repercusiones regionales y percepción pública
En México, las declaraciones de líderes extranjeros sobre el control territorial del crimen organizado suelen generar reacciones encontradas. Por un lado, existe reconocimiento del problema de violencia; por otro, preocupación por la percepción internacional del país y posibles implicaciones en la relación bilateral.
La afirmación de que “partes de México han estado gobernadas por cárteles” revive un debate sensible sobre soberanía, seguridad y cooperación internacional, temas que han marcado la agenda entre ambos países durante décadas.

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