Rusia mantiene fuerza militar y eleva tensión en Europa: informe advierte prolongación del conflicto en Ucrania
OTAN y aliados occidentales enfrentan una amenaza creciente mientras el conflicto cumple cuatro años sin solución visible
Rusia, a 24 de febrero de 2026.- La capacidad de Rusia para sostener la guerra contra Ucrania no muestra signos de debilitamiento y, por el contrario, incrementa la presión sobre Europa, advirtió el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) al presentar su informe anual Balance Militar 2026. El análisis coincide con el cuarto aniversario de la invasión ordenada por el presidente Vladímir Putin, en un escenario donde Moscú mantiene su ofensiva militar mientras Ucrania y Occidente sostienen que la guerra sigue lejos de terminar.
Un conflicto prolongado: Rusia conserva capacidad militar
Durante la presentación del informe, el director del IISS, Bastian Giegerich, afirmó que existen “pocos indicios” de que Rusia esté perdiendo capacidad operativa, incluso al entrar en el quinto año del conflicto.
El uso constante de misiles de crucero, misiles balísticos y drones de ataque ha incrementado la presión sobre las defensas aéreas de Ucrania, demostrando que Moscú mantiene la capacidad de proyectar poder militar a largas distancias.
El informe destaca particularmente el uso de drones tipo Geran-2 —versión modernizada de los Shahed iraníes— que pueden alcanzar objetivos hasta dos mil kilómetros, lo que implica riesgos potenciales para países europeos más allá del frente de guerra.
Desde una perspectiva interpretativa, el documento refleja que la guerra ha evolucionado hacia un modelo de conflicto tecnológico y de desgaste, donde la capacidad industrial, logística y financiera se vuelve tan determinante como la fuerza militar en el campo de batalla.
El factor económico: una maquinaria de guerra que sigue activa
El análisis financiero del IISS estima que Rusia destinó en 2025 aproximadamente 186 mil millones de dólares al gasto militar, equivalente al 7.3 % de su Producto Interno Bruto, una cifra considerablemente superior a los niveles previos al conflicto.
Aunque el incremento anual fue menor que el registrado en 2024, el gasto militar ruso prácticamente se ha triplicado desde 2021, lo que confirma el compromiso estratégico del Kremlin con la guerra.
Expertos señalan que, pese a las sanciones internacionales, el banco central ruso ha logrado mantener la estabilidad suficiente para sostener la producción militar y el funcionamiento de la economía de guerra, lo que prolonga la capacidad ofensiva del país.
OTAN y Europa: una amenaza que crece
El informe subraya que la situación obliga a la OTAN a incrementar inversiones en defensa aérea, sistemas antidrones y capacidades de ataque profundo, ante la posibilidad de que el conflicto escale o se expanda en términos geopolíticos.
La guerra en Ucrania ha transformado el panorama de seguridad europea, reactivando estrategias militares que no se observaban desde el final de la Guerra Fría y reforzando la cooperación entre países occidentales.
En términos geopolíticos, el conflicto ya no se percibe únicamente como una guerra regional, sino como un enfrentamiento indirecto entre Rusia y las potencias occidentales, lo que aumenta el riesgo de una confrontación más amplia.
Moscú y Kiev: posiciones opuestas sin señales de paz inmediata
Desde el Kremlin, el portavoz Dmitri Peskov declaró que la intervención de países occidentales convirtió la guerra en una confrontación mayor entre Rusia y Occidente, reiterando que Moscú continuará la operación militar hasta alcanzar sus objetivos.
Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski aseguró que Rusia no ha logrado sus metas estratégicas y que Ucrania está dispuesta a hacer todo lo necesario para garantizar una paz duradera.
Mientras tanto, líderes de la Unión Europea reafirmaron su apoyo a Kiev y señalaron que la estrategia rusa de desgaste está debilitando progresivamente a Moscú, aunque sin lograr aún un desenlace claro del conflicto.
Interpretación: la guerra como nueva realidad global
Cuatro años después de la invasión iniciada el 24 de febrero de 2022, el conflicto se ha convertido en la guerra más sangrienta en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con consecuencias económicas, políticas y humanitarias que impactan a nivel global.
El escenario actual evidencia que ninguna de las partes ha conseguido una victoria decisiva, lo que configura un conflicto prolongado que redefine el equilibrio de poder internacional y obliga a las naciones a replantear sus estrategias de seguridad.




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