viernes, 27 de febrero de 2026

Bajo el sol de Misantla, la nieve artesanal mantiene viva una tradición familiar

Primavera y Semana Santa representan esperanza para uno de los últimos neveros tradicionales del municipio
Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 27 de febrero de 2026.- Desde los diez años, Miguel Báez Zayas aprendió el arte de hacer nieve artesanal de la mano de su abuelo.

Hoy, convertido en uno de los pocos neveros tradicionales que recorren Misantla, se prepara para la temporada alta con fruta resguardada, rutas definidas y la confianza de clientes que lo buscan incluso desde otros estados y el extranjero.

Un oficio que se aprende desde la infancia

En Misantla, la nieve artesanal no es solo un producto refrescante: es memoria, constancia y herencia. Miguel Báez Zayas comenzó a trabajar a los diez años junto a su abuelo, Don Chunfo Zayas [+], quien le enseñó que la limpieza y el trato amable son tan importantes como el sabor.

“No es nada más vender, es saber trabajar bien”, comparte, de aquella generación quedan apenas tres neveros tradicionales activos, lo que convierte cada recorrido en una muestra viva de resistencia comercial.

Cuando el calor no siempre significa más ventas

Aunque la lógica indicaría que las altas temperaturas disparan el consumo, la realidad es distinta, Miguel explica que durante el “calorón fuerte” las ventas disminuyen en las horas críticas del mediodía.

Su jornada comienza alrededor de las tres de la tarde, pero el verdadero movimiento llega después de las cuatro, cuando el clima se vuelve más bochornoso y las familias descansan en casa, es entonces cuando el sonido del golpeteo de la caja donde esta la 'morralla' anuncia que la nieve ha llegado al barrio.

Con la primavera en curso y la cercanía de Semana Santa, espera un repunte, sin embargo, lo enfrenta con prudencia: “Trabajando bien, las cosas salen bien; si trabajas mal, mal te va”, recuerda como consejo permanente de su abuelo.

Clientes que regresan cada año

Uno de los pilares de su negocio es la fidelidad de consumidores que regresan en vacaciones, personas que viven en Monterrey, Querétaro e incluso en el extranjero lo llaman con anticipación para confirmar si estará vendiendo.

Algunos viajan con un objetivo claro: probar nuevamente la nieve de guanábana, zapote mamey o mango que Miguel aparta con tiempo, guarda fruta de temporada precisamente para estas fechas, consciente de que ciertos sabores ya no se consiguen fácilmente.

“Les digo que aquí los voy a esperar”, comenta con naturalidad, como quien entiende que su producto forma parte del reencuentro familiar.

Rutas, escuelas y comunidad

El parque central y la Casa de la Cultura se han convertido en puntos clave de venta, aunque también recorre colonias del Cerrito [Linda Vista y Loma Bonita] y alrededores de la iglesia Juan Pablo II, cada dos o tres días ajusta su trayecto según el movimiento.

Uno de sus espacios preferidos es la escuela Flavia Torres. “Los niños son mis preferidos”, afirma, más allá de la venta, suele regalar nieve en fechas especiales como Día de Reyes, gesto que realiza por iniciativa propia como agradecimiento a las familias.

Ese vínculo cotidiano refuerza algo que las grandes cadenas no pueden replicar: cercanía.

Carisma y esfuerzo, la verdadera fórmula

Miguel lo tiene claro: en este oficio no basta con tener producto frío: “Al cliente hay que tenerle carisma, porque si no tienes carisma, no vendes”, sostiene.

Empujar el 'carreton', soportar el clima, mantener la calidad y conservar la fruta adecuada requiere disciplina, no hay horario fijo ni salario garantizado; el ingreso depende de la constancia y del trato diario con la gente.

Una caja de la 'morralla' que sigue sonando

En tiempos donde los sabores industriales dominan el mercado, la nieve artesanal sigue recorriendo las calles de Misantla como un recordatorio de identidad local.

Con la temporada vacacional a la vuelta de la esquina, Miguel Báez Zayas ajusta rutas, prepara fruta y afina detalles, sabe que el calor trae retos, pero también oportunidades.

Mientras haya familias que esperen el sonido de la caja por la tarde, la tradición de Don Chunfo seguirá rodando, empujada por manos que aprendieron el oficio desde la infancia y que hoy lo defienden con orgullo.

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