jueves, 22 de enero de 2026

Estados Unidos formaliza su salida de la OMS y reabre el debate sobre la gobernanza de la salud global

La decisión genera preocupación internacional por su impacto en la cooperación sanitaria y la respuesta ante futuras pandemias
Estados Unidos, a 22 de enero de 2026.- El Gobierno de Estados Unidos confirmó este jueves su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en cumplimiento de una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump al asumir nuevamente el poder en enero de 2025. La medida revive críticas a la gestión del organismo, cuestiona el reparto de cuotas financieras y plantea incertidumbre sobre el futuro de la coordinación global en materia de salud pública.

Una decisión anunciada desde el primer día de gobierno

El Departamento de Salud de Estados Unidos hizo oficial la salida del país de la Organización Mundial de la Salud, una determinación que se desprende de la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el pasado 20 de enero de 2025, día de su regreso a la presidencia. Con este acto, Washington activó formalmente el aviso de retiro de la agencia especializada de Naciones Unidas, consolidando una postura que ya había sido intentada durante su primer mandato (2017-2021).

En el documento, el mandatario reiteró su desacuerdo con la actuación de la OMS durante la pandemia de covid-19, señalando lo que calificó como una “mala gestión” y una respuesta tardía ante una de las mayores crisis sanitarias contemporáneas.

Críticas estructurales y señalamientos políticos

Más allá del manejo de la pandemia, la orden ejecutiva cuestiona el papel de la OMS en “otras crisis sanitarias mundiales”, su supuesta incapacidad para emprender reformas internas y lo que Trump definió como una falta de independencia frente a la influencia política de algunos Estados miembros, en particular China.

Uno de los argumentos centrales del Gobierno estadounidense es el esquema de financiamiento del organismo. Funcionarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos subrayaron que Estados Unidos llegó a aportar hasta el 25 por ciento del presupuesto total de la OMS, a pesar de que países con poblaciones mayores no contribuyen en la misma proporción. Además, remarcaron que el organismo nunca ha sido encabezado por un director general estadounidense y que, en algunos momentos, la propia OMS buscó limitar los aumentos de cuotas para no sobrecargar a Washington.

“Pagábamos, confiábamos en ellos y nos fallaron, sin asumir responsabilidad alguna”, declaró un funcionario federal, sintetizando el malestar histórico de la Administración Trump con la organización.

Cooperación sin la OMS: un nuevo enfoque

Ante las inquietudes internacionales sobre las consecuencias de esta salida, especialmente frente a eventuales nuevas pandemias, funcionarios estadounidenses aseguraron que el país continuará colaborando de manera bilateral con gobiernos y ministerios de salud, tal como lo ha hecho durante décadas.

El mensaje oficial insiste en que la cooperación sanitaria no desaparecerá, sino que se redefinirá bajo esquemas que, según Washington, respeten la soberanía nacional y resulten mutuamente beneficiosos, aunque sin el paraguas institucional de la OMS.

Cuotas pendientes y fundamentos legales

Otro punto sensible es el financiero. La Administración Trump ha reiterado que no tiene intención de pagar las cuotas correspondientes al periodo 2024-2025, estimadas entre 260 y 280 millones de dólares. De acuerdo con funcionarios estadounidenses, la resolución conjunta del Congreso mediante la cual Estados Unidos se integró a la OMS en 1948 contempla, de manera excepcional, el derecho del país a retirarse del organismo sin establecer como condición el pago previo de adeudos.

Este argumento jurídico ha sido clave para sostener la postura oficial frente a los reclamos internacionales y a la preocupación por el impacto presupuestal que la salida de uno de los principales contribuyentes tendrá en la OMS.

La salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud marca un nuevo capítulo en la relación entre Washington y los organismos multilaterales, reavivando el debate sobre el equilibrio entre soberanía nacional y cooperación global. La decisión, efectiva tras el aviso formal emitido en 2025, deja abiertas interrogantes sobre el futuro de la gobernanza sanitaria internacional y el papel que jugarán las grandes potencias en la prevención y atención de crisis de salud pública a escala mundial.

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