La pitahaya: una fruta que arraiga esperanzas y frena la migración en Oaxaca
Oaxaca, a 3 de agosto de 2025.- En el corazón de la región central de Oaxaca, donde por generaciones sembrar tomates era la única esperanza de sustento, un grupo de campesinos ha decidido romper con la tradición. Buscando frenar la migración hacia el norte del país o Estados Unidos, agricultores de San Francisco Telixtlahuaca han apostado por una fruta exótica, colorida y rentable: la pitahaya.
"Este proyecto nació hace 13 años como una alternativa. A veces el precio del tomate se viene abajo por la saturación del mercado, así que buscamos otra opción y nos decidimos por la pitahaya. Nuestro clima la favorece", cuenta Felipe Trujillo, uno de los pioneros de esta transformación agrícola.
En su terreno de mil metros cuadrados, Trujillo cultiva más de 11,500 plantas de pitahaya. Asegura que esta fruta, además de ser sabrosa y llamativa, le ha cambiado la vida. “Yo tenía colesterol, triglicéridos altos y estaba a punto de tener diabetes. Empecé a consumir pitahaya, bajé más de 20 kilos y me siento mucho mejor. Por eso sembrarla también es una forma de cuidarme”, afirma.
La pitahaya, también conocida como fruta del dragón, se presenta en tonos que van del rosa intenso al púrpura o naranja. Su atractivo visual y propiedades nutricionales la han convertido en una joya para los mercados locales e internacionales. El kilo puede venderse entre 40 y 80 pesos, una cifra que supera por mucho lo que ganaban con otros cultivos.
Este auge ha dado paso a nuevas formas de organización comunitaria. Unos 30 productores se han unido para realizar la primera Expo Agro Pitahaya, los días 16 y 17 de agosto, con el fin de difundir los beneficios de este cultivo, fomentar el consumo local y atraer el interés de más campesinos.
El proyecto tiene una misión clara: arraigar a la población, evitar que los jóvenes abandonen sus tierras por falta de oportunidades. “Queremos que se queden aquí, que vean que pueden tener ingresos dignos con un cultivo como este. La pitahaya es rentable, sostenible y tiene futuro”, afirma José Luis Ramírez, director de Medio Ambiente y Desarrollo Rural del municipio.
Pero no sólo se trata de producir y vender. En la misma zona se instaló un banco de germoplasma para conservar la diversidad genética de las semillas originarias de América Central. “Las sequías han afectado la producción. Por eso es crucial proteger el material genético para futuras generaciones”, explica el agrónomo Maximino Fidel Cruz.
Yolanda Flores, también agricultora, pone el dedo en la llaga: “Los jóvenes ya no quieren trabajar el campo, prefieren emigrar. Pero si les mostramos que el campo puede ser rentable, que vale la pena volver a sembrar nuestras tierras, tal vez podamos cambiar esa realidad”.
La historia de San Francisco Telixtlahuaca es más que una experiencia agrícola: es un ejemplo de cómo una comunidad puede reinventarse con base en la tierra, la ciencia y la voluntad colectiva. La pitahaya no solo florece en sus campos, sino también en las esperanzas de una generación que busca permanecer, sembrar y prosperar en su propia tierra.




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