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Stereolab da un salto del retrofuturismo a lo posmoderno en su nuevo material

Por Francisco Hernández Ramos / OEM
México, a 16 de junio del 2025.- Han pasado tres lustros desde la última vez que Stereolab le trajo a sus fans música nueva y original. En estos 15 años, el mundo y la música cambiaron en todos los sentidos y connotaciones posibles.

Sin embargo, Instant Holograms on Metal Film (2025), el nuevo disco de Stereolab, es su álbum mejor logrado desde Dots and Loops, de 1997. Es un disco de Stereolab que de manera desconcertante pareciera no ser un disco de ellos. La música está ahí; la bella voz de Laetitia Sadier continúa casi sin marcas debidas al paso del tiempo; los guiños al space age pop y a Juan García Esquivel persisten; el retrofuturismo abunda… Pero nada es igual. El lounge de los años sesenta ahora es sustituido por una versión más sofisticada, por decirlo de algún modo. Ahora abundan las atmósferas de un futuro robótico y no espacial. La máquina y el y terror del posmodernismo, post industrial y post real son los tópicos del álbum.




El primer sencillo, “Aerial Troubles” es una maravilla del sonido ya clásico de Stereolab, acompañado de un video distópico, creado con inteligencia artificial. En éste, la estética googie va de la mano de imágenes de humanoides sin rostro; de personas sin personalidad, aquellos a los que ahora llamamos NPCs (Non Playable Character), que transitan en un mundo casi onírico e incomprensible, imposible de haber sido concebido por una mente humana.

Este nuevo disco es para Stereolab la columna vertebral del regreso de la banda al foco de la música actual. Con una brillante recepción por parte de la crítica y de las publicaciones musicales más legendarias aún existentes (Melody Maker, New Musical Express, Rockdelux y Pitchfork, las más sobresalientes), pero con un discreto rendimiento en las listas de popularidad en el Reino Unido (su principal mercado), con el puesto 29 del UK Official Chart, Instant Holograms on Metal Film es una gloria sonora fuera de tiempo, es una protesta contra la máquina.

Ha quedado atrás la fascinación de la banda por un futuro al estilo de Los Supersónicos, está de lado el culto a las computadoras 8086 de la era de “Miss Modular” y nos han traído una protesta contra el mundo digital, contra la inteligencia artificial; una protesta contra los humanos del siglo XXI. En el ya citado “Aerial Troubles” cantan sobre la desilusión del presente y lo incierto que es el futuro, uno en el que no se pueden construir las esperanzas y expectativas del porvenir, o sea la antítesis del discurso central en el futurismo mismo, en el que se ha inspirado la banda desde su fundación.

Por más de 50 minutos, los hologramas instantáneos en una película de metal nos llevan de las atmósferas gélidas del primer Tangerine Dream y Klaus Schulz, al sonido del krautrock del Neu! o el Can más memorables. En “Holograms” abundan los sintetizadores, los sonidos no orgánicos, no hay cuerdas, ni sonidos barrocos. No hay referencias al cine de clase b y los artistas plásticos experimentales; no hay rimbombancia como en “Cybele’s Reverie”; no hay humor ni estereofonía.

En vez de todo eso hay una sombra de desencanto, como si la banda se hubiera ido a hibernar por 15 largos años que pasaron tan rápido ante nuestros ojos, que simplemente al abrirlos encontraron al mundo hecho un caos. Algo así como en la película Idiocracy.

Pero no todo es sombra y “robotniks”; aquí hay monumentos hechos con el alma: “Melodie is a Wound” es un viaje psicodélico de casi diez minutos con soleadas y coloridas imágenes sonoras, que por cierto en lo que llevan de su gira promocional y de regreso (que tocará nuestro país el próximo noviembre), se ha convertido en la carta de presentación del álbum, y en una de las favoritas de los fans. Es una pieza que bien podría ser llamada como una obra de pop progresivo. Al igual que la alucinante “Electrified Teenybop!”, totalmente instrumental, que va más allá de los sonidos del Atari para ser más bien una oda a los 7 bits del Sega Master System y el synth pop del primer Human League.

Y para cerrar este disco nuevo que suena al mismo Stereolab, pero que no es el Stereolab de siempre, la banda nos llena de una cierta coda, un opus a la nostalgia; una obra que por ejemplo llevan en tendencia casi todos los artistas del post Covid: la rebelión ante lo digital, ante la maquinación, ante la deshumanización.

Cuatro temas memorables y advenedistas cierran el círculo: “If You Remember I Forgot How to Dream Pt. 1”; “Flashes from Everywhere”; “Colour Television” y la segunda parte de esa canción que se traduce a nuestro como “Si tú recuerdas porque yo olvidé cómo soñar”.

En medio de las reseñas favorables, también se encuentran aspectos que en la mayoría de las críticas resaltan como negativos constantes: incluyeron voces masculinas por primera vez; sigue la ausencia de Mary Hansen; suenan bien pero no están ahí. Para los que insisten, aquí lo siguiente: es complicado tener una banda que se niega a la obsolescencia, que suena vanguardista desde su debut en Radio 4 con “French Disko” a inicios de los 90;

Stereolab ha roto con ellos mismos en este último disco. Siguen ahí, suenan a ellos mismos pero nada es igual. Han regresado a un mundo que cambió en su ausencia y que al parecer o todo indica que es así, ha cambiado. Ahora “La Resistance!”, aquella a la que tanto le cantó la banda de Laetitia Sadier y Tim Gane, es contra nuevos represores, contra nuevos enemigos de lo cool y de la humanidad. Las cosas han cambiado, nada es igual aunque parezca que siguen sonando como siempre.

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