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jueves, 25 de noviembre de 2021

Tres principios básicos para entender Janucá

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Israel, a 25 de noviembre del 2021.- Janucá ocurre en el mes de kislev, durante el invierno; en las noches más largas y oscuras de todo el año. La festividad entera trata de la luz que prendemos en la oscuridad y la división interna que el exilio causa en las personas. Nos habla de la belleza, la intelectualidad y la fidelidad a los principios morales como formas que el hombre tiene de vencer esa división y encontrar la luz interna. No cabe duda que es una de las festividades más estéticas de todas, al igual que la oscuridad que retrata, sus significados se esconden entre una miríada de historias, comentarios y análisis filosóficos que en conjunto tejen la profundidad de la fiesta. Entre varios de los elementos que se estudian hay tres conceptos filosóficos que se conectan profundamente con el espíritu de la festividad y la actitud emocional que se fomenta en nosotros.

1) Hodá y la importancia del agradecimiento

Lo que más se resalta en la festividad de Janucá es el recuerdo de los milagros que ocurrieron en la guerra de los macabeos y al consagrar nuevamente el Templo sagrado. Para agradecer y recordar dichos milagros prendemos las velas ocho noches seguidas y recordamos lo ocurrido en nuestros y al comer pan durante esa semana. También se nos incita a apreciar los milagros diarios que D-os hace por nosotros a través de la naturaleza y el encuentro cotidiano que tenemos con el mundo. A tipo de agradecimiento que se pide de nosotros en Janucá se llama Hodá y radica en la habilidad de apreciar la majestuosidad divina en el mundo. Es el efecto que la belleza produce en el hombre y radica en la capacidad de maravillarse frente al misterio de la Creación y frente a D-os.

La Hodá, la habilidad de agradecer, está íntimamente ligada a la idea de Maljut, el reino divino y el reinado de Israel; es Yehudá, el hijo de Jacobo, padre de la nobleza judía quién la representa. La belleza radica en el balance de las cosas en el mundo y la trascendencia de dicha armonía; el Maljut divino es dicha armonía expresada en su máxima potencia en el mundo, representa el momento en que todo lo creado irradia la luz de Dios; mientras que el reinado de Yehudá pretende ser la imagen de ese estado, pretende ser quien traiga la conciencia de la trascendencia al mundo.

El reto de Janucá radica en poder ver dicha belleza en el mundo, en nuestra vida y en la historia de nuestros antepasados; es ver el balance que D-os da al mundo y maravillarnos frente a Su grandeza.

2) El tzadik y la importancia de la integridad moral

Otro aspecto que siempre se remarca en Janucá es la importancia de la integridad moral a través de la figura del sabio; el tzadik. En varias de las historias de Janucá se compará a la figura del tzadik con la luz de la Menorá que se prendía en el templo; se nos dice que las luces de Janucá representan la luz de los 36 sabios que sostienen el mundo y se nos habla de Yosef como el tzadik ejemplar y como quien centraliza la esencia de Janucá en su historia de vida.

El tzadik es el hombre justo; por quien D-os creó el mundo y sobre quien se sostiene la existencia misma. Los midrashim remarcan constantemente sus ojos y se nos dice que es el candelabro del mundo. Se remarcan tanto sus ojos, porque en toda la Torá oral se muestra al tzadik como individuo pues es el hombre que logra romper la brecha entre el humano y Dios y para ello necesita desarrollar su individualidad al máximo. El tzadik es la persona que logra desarrollar su máximo potencial como individuo.

En la Torá se ve a la Creación como un todo orgánico, en donde el hombre es la conciencia de la misma, porque sólo el hombre puede distinguir entre el bien y el mal y cómo tal tener conciencia de sí mismo y de D-os; sólo el hombre puede reconocer a D-os y lo reconoce sólo en medida que tiene consciencia de su propia individualidad. Al mismo tiempo nada de lo que el hombre posee es realmente suyo, pues todo lo material le fue dado y le pertenece a Dios. En realidad lo único que tenemos como seres humanos es a nosotros mismos y la respuesta que damos frente al mundo. El tzadik es el que decide actuar éticamente y se construye a través de su propia integridad. Es el hombre que decide ver a Dios en todo momento y en base a ello dirige sus acciones y como tal rompe la división que existe entre la divinidad y el hombre y cura su propia fragmentación.

3) Kidush Hashem. Hacer grande el nombre de Dios

Otra de las historias que más resaltan de Janucá es la lucha que libraron los hasmoneos contra los seleúcidas por preservar la existencia de las tradiciones y creencias judías. En ellos se encarna el principio de Kidush Hashem; hacer grande el nombre de Dios. Cuando ellos decidieron tomar las armas y luchar contra un ejercito más grande y poderoso que el suyo, ellos no sabían cual sería el resultado de sus acciones. Sin embargo, expusieron su vida por actuar correctamente y por el amor de preservar las mitzvot del pueblo judío.

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