El Papa y el día de las madres
Pbro. José Martínez Colín.
[10/05/15]
Coincidiendo con el día de las
madres de estos días, el Papa Francisco quiso tratar sobre la belleza del
matrimonio cristiano. Recordó que no se trata simplemente de una ceremonia que
se hace en la Iglesia, con las flores, el vestido, la foto… El matrimonio
cristiano es mucho más, es un sacramento que tiene lugar en la Iglesia y que
hace a la Iglesia, dando comienzo a una nueva comunidad familiar.
Seguramente con el beneplácito de
las esposas, el Papa se dirigió especialmente a los esposos y, les recordó que
San Pablo pide al marido que ame a su esposa “como al propio cuerpo”; que la
ame “como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”. Por ello,
dirigiéndose a ellos, les preguntó: “¿Pero ustedes maridos que están aquí
presentes, entienden esto? Amar a la propia mujer como Cristo ama a la Iglesia.
¡Éstas no son bromas, es serio! El efecto de este radicalismo de la dedicación
pedida al hombre, por el amor y la dignidad de la mujer, sobre el ejemplo de
Cristo, debe haber sido enorme en la misma comunidad cristiana”.
Se cuenta que una enfermera
recibió en la clínica a un hombre de cierta edad que necesitaba que le curaran
una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y, mientras lo curaba, la
enfermera le preguntó qué era aquello tan urgente que tenía que hacer. El
hombre le contó que su mujer vivía desde hacía ya algún tiempo en una
residencia de ancianos, ya que tenía Alzheimer avanzado, y él iba todas las
mañanas a desayunar con ella.
Mientras le terminaba de vendar
la herida, la enfermera le preguntó: “¿Se alarmaría mucho su esposa si usted
llega tarde esta mañana?”
“No -respondió el hombre-; mi
mujer no sabe quién soy. Hace cinco años que ya no me reconoce”.
La enfermera, algo extrañada,
volvió a preguntar: “Entonces, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas
las mañanas?”
El hombre sonrió y le dijo: “Ella
no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella”.
Como decía un autor: “es que el
verdadero amor no se reduce a lo físico o a lo romántico; el verdadero amor es
la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será... y
de lo que ya nunca podrá ser”.
El sacramento del matrimonio es
un gran acto de fe y de amor: muestra el coraje de vivir aquel amor que empuja
a seguir adelante. La vocación cristiana lleva a amar sin reservas y sin
medida: es lo que está en la base del libre consentimiento que constituye el
matrimonio. Por eso los esposos cristianos participan en la misión de la
Iglesia. El Papa comentó: “¡Se necesita coraje para eso, eh! Por esto cuando yo
saludo a los flamantes esposos, digo: “¡He aquí los valerosos!” Porque se
necesita coraje para amarse así como Cristo ama a la Iglesia”.
El Papa invita a los matrimonios
a interrogarse con seriedad: ¿aceptamos completamente, este vínculo indisoluble
de la historia de Cristo y de la Iglesia con la historia del matrimonio y de la
familia humana? ¿Estamos dispuestos a asumirnos seriamente esta
responsabilidad, es decir, que todo matrimonio va en el camino del amor que
Cristo tiene a la Iglesia? ¡Esto es grande! Es la ruta del amor: se ama como
ama Dios, para siempre.




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