Los voladores.
*La danza de los hombres pájaro.
El palo volador se compone de:
mástil, el cual se encuentra incrustado al suelo, en cuyo extremo superior
soporta al tecomate (manzana o mortero), aparato giratorio y principal punto
apoyo y equilibrio de los danzantes; cuadro o bastidor, en donde se apoyan los
voladores que se lanzarán al vacÃo, sujetos únicamente por los cables de lazo
amarrado y enrollados a los trinquetes del mástil.
Antes de subir al poste, los integrantes han guardado abstinencia sexual y alcohólica; además, se han preparado perfectamente con ayunos y oraciones 7 dÃas anteriores a la danza como condición purificadora del cuerpo para celebrar el rito cósmico.
[14/04/15]
Los orÃgenes de la ceremonia de los voladores se remontan a la época prehispánica.
Los orÃgenes de la ceremonia de los voladores se remontan a la época prehispánica.
Se cree que este ritual comenzó a realizarse hace 1,500 años en el centro de
México, como una plegaria al dios del Sol, para la fertilidad y la buena
cosecha.
Aunque no se tiene una fecha
exacta, se sabe que a la llegada de los conquistadores, sus principales
cronistas consideraron esta danza como un juego, quizá porque originalmente el
atuendo empleado consistÃa en trajes confeccionados con auténticas plumas de
aves que representaban águilas, búhos, guacamayas, quetzales, etcétera.
Una leyenda totonaca cuenta que
los dioses dijeron a los hombres: “bailen, nosotros observaremos”. Los “hombres
pájaro” o conocidos popularmente como “Los Voladores de Papantla” son una
tradición mexicana consistente en una danza espectacular, para agradar a los
dioses. Es una danza ritual relacionada con la fertilidad. Este es un
espectáculo para quien lo observa, pero para quienes lo viven, es el rito más
solemne de fertilidad entre los totonacas.
En este ritual, un grupo de 4 hombres (los danzantes) se suben a un poste de 25 a 50 metros de alto, se atan una cuerda a la cintura o a los pies y de espalda se lanzan al vacÃo con los brazos abiertos girando alrededor del poste. Al mismo tiempo, un quinto hombre (el sacerdote), toca música indÃgena con instrumentos musicales hechos de madera y a mano; la flauta representa el canto de las aves y el sonido del tambor representa la voz de dios.
Cada volador gira 13 veces, esta cifra, multiplicado por los cuatro voladores, resulta en 52 cÃrculos en total; ello, porque según el calendario maya, cada 52 años se forma un ciclo solar y cada año esta compuesto de 52 semanas, después de las cuales un nuevo sol nace y el curso de la vida continua. Los voladores arriesgan asà su vida, de manera que el nuevo sol pueda nacer y la tierra se llene de felicidad.
En este ritual, un grupo de 4 hombres (los danzantes) se suben a un poste de 25 a 50 metros de alto, se atan una cuerda a la cintura o a los pies y de espalda se lanzan al vacÃo con los brazos abiertos girando alrededor del poste. Al mismo tiempo, un quinto hombre (el sacerdote), toca música indÃgena con instrumentos musicales hechos de madera y a mano; la flauta representa el canto de las aves y el sonido del tambor representa la voz de dios.
Cada volador gira 13 veces, esta cifra, multiplicado por los cuatro voladores, resulta en 52 cÃrculos en total; ello, porque según el calendario maya, cada 52 años se forma un ciclo solar y cada año esta compuesto de 52 semanas, después de las cuales un nuevo sol nace y el curso de la vida continua. Los voladores arriesgan asà su vida, de manera que el nuevo sol pueda nacer y la tierra se llene de felicidad.
LOS VOLADORES AZTECAS.
Los aztecas tenÃan deportes y
juegos que formaban parte del culto a los dioses y tenÃan una significación
religiosa, entre estos juegos estaba “el volador”.
Para los aztecas el juego de “el volador” era un deporte que tenÃa significación religiosa.
ConsistÃa en subir a un poste muy alto y liso, cerca de cuya punta se amarraba un bastidor cuadrado de madera. En cada uno de los ángulos de este bastidor estaba amarrado uno de los que tomaban parte en este peligroso deporte. Los cuatro estaban vestidos de guacamayas, que eran aves dedicadas al Sol. En la punta del mástil estaba un quinto individuo, en un cilindro que giraba mientras tocaba una flauta. Los cuatro individuos, que estaban amarrados en los extremos del bastidor, se dejaban caer a un tiempo, y las cuerdas con las que estaban atados se iban desenrollando y haciendo girar el cilindro de madera sobre el que estaba de pie el que tocaba la flauta. Trece vueltas daba cada individuo y al terminar la última tocaba con los pies el suelo y seguÃa corriendo. Los cuatro hombres vestidos como guacamayas que descienden del poste y dan trece vueltas son simbologÃas de los cincuenta y dos años de que se compone el siglo indÃgena, es decir del movimiento del Sol.
Para los aztecas el juego de “el volador” era un deporte que tenÃa significación religiosa.
ConsistÃa en subir a un poste muy alto y liso, cerca de cuya punta se amarraba un bastidor cuadrado de madera. En cada uno de los ángulos de este bastidor estaba amarrado uno de los que tomaban parte en este peligroso deporte. Los cuatro estaban vestidos de guacamayas, que eran aves dedicadas al Sol. En la punta del mástil estaba un quinto individuo, en un cilindro que giraba mientras tocaba una flauta. Los cuatro individuos, que estaban amarrados en los extremos del bastidor, se dejaban caer a un tiempo, y las cuerdas con las que estaban atados se iban desenrollando y haciendo girar el cilindro de madera sobre el que estaba de pie el que tocaba la flauta. Trece vueltas daba cada individuo y al terminar la última tocaba con los pies el suelo y seguÃa corriendo. Los cuatro hombres vestidos como guacamayas que descienden del poste y dan trece vueltas son simbologÃas de los cincuenta y dos años de que se compone el siglo indÃgena, es decir del movimiento del Sol.
Si bien para los totonacas ésta
danza representaba un ritual, entre los aztecas se perdÃa poco a poco la
perspectiva sagrada del ritual y caÃa más en una expresión lúdica, como lo
cometa Torquemada en sus textos: “…se enlazaban por el medio cuerpo los cuatro
que representaban las aves dichas, y dejábanse colgar de la soga con que
fingÃan su vuelo, y con el peso de los cuerpos movÃan el cuadro a la redonda y
daban ellos las vueltas, y mientras más bajaban, más iban ensanchándose las
vueltas que hacÃan; de manera que la segunda ganaba a la primera aire y cuerda,
y la tercera ala segunda, y de esta suerte venÃan a fenecer las últimas a
manera de campana, en una muy ancha y redonda plaza, las cuales venÃan
aventajándose en velocidad y fuerza, y asà llegaban al suelo, con gran Ãmpetu y
violencia.
Aquà era de ver lo que venÃan
haciendo estos voladores, haciéndose unas veces con los pies de la cuerda,
otras con las manos, otras asidos de sola la cuerda, que les ceñÃa por la
cintura. Los otros que quedaban arriba, cuando veÃan que ya venÃan los voladores
en la media distancia de su vuelo, haciendo muchos sones y sutilezas; de manera
que cuando los voladores llegaban al suelo, venÃan con ellos juntamente. AquÃ
eran las risas y los contentos de todos; porque si el que volaba no era muy
diestro, como bajaba con Ãmpetu y fuerza, alguna vez por dar de pies, daba de
manos, o de cabeza, e iba rodando por el suelo hasta que la soga perdÃa la
fuerza que traÃa; y desde esta manera se acababa el vuelo y volvÃan otra vez a
recoger las sogas para hacer otro tanto.”
EL PALO VOLADOR.
Hasta hace algunas décadas, el
ritual comenzaba con la selección del palo volador, la máxima autoridad del
grupo iba en su búsqueda. Éste se internaba en el monte para encontrar un buen
árbol, de madera fuerte y resistente; al ser localizado, se danzaba a su
alrededor con gran reverencia y se daban bocanadas de aguardiente hacia los
cuatro puntos cardinales. Antes de que fuera derribado el árbol, se limpiaba
perfectamente el camino donde se pensaba caerÃa el árbol para evitar dañar su
estructura; cuando el palo se encontraba ya en el suelo se le quitaban las
ramas y follaje hasta dejarlo liso. Enseguida se transportaba el tronco desde
el monte hasta el lugar donde iba a ser levantado. Para su transporte lo
cargaban sobre los hombros, posteriormente se empleaban pequeños troncos a
manera de rodillo, por donde se deslizaba y era jalado por hombres. Prohibido
estaba pasar por encima del tronco o que alguna mujer lo tocara, ya que podrÃa
ser un augurio de mala suerte para los voladores.
Al llegar al sitio donde se
incrustarÃa el tronco se tejÃa a su alrededor una escalera de liana o soga que
permitiera llegar a la parte superior. Antes de levantar el poste se realizaba
ofrendas para que éste no reclamara la vida de los danzantes: "para que
los dioses no desprendieran el mortero llevándose a los voladores hasta
perderlos entre los cielos".
El palo volador se compone de:
mástil, el cual se encuentra incrustado al suelo, en cuyo extremo superior
soporta al tecomate (manzana o mortero), aparato giratorio y principal punto
apoyo y equilibrio de los danzantes; cuadro o bastidor, en donde se apoyan los
voladores que se lanzarán al vacÃo, sujetos únicamente por los cables de lazo
amarrado y enrollados a los trinquetes del mástil.Antes de subir al poste, los integrantes han guardado abstinencia sexual y alcohólica; además, se han preparado perfectamente con ayunos y oraciones 7 dÃas anteriores a la danza como condición purificadora del cuerpo para celebrar el rito cósmico.
LA VESTIMENTA.
Originalmente la vestimenta de
los voladores eran disfraces elaborados con plumas de aves, posteriormente,
debido al proceso de mestizaje, la indumentaria fue cambiando ante la
influencia española. Hoy el traje empleado en el ritual por los indÃgenas esta
colocado encima de sus tradicionales prendas de manta blanca.
Al realizar la ceremonia, el
volador se cubre la cabeza con un pañuelo amplio o paliacate, sobre el que se
coloca un gorro cónico, en cuya cima se colocan un pequeño penacho multicolor
simulando el copete de un ave; además simboliza los rayos solares, un pequeño
espejo redondo representando al sol se coloca sobre la frente.
Unos largos listones de colores
se deslizan por la espalda del danzante, simulando el arcoiris que se forma
después de la lluvia. El resto del tocado está adornado con flores de diversos
tonos, sÃmbolos de la fertilidad de la tierra.
Representando las alas de los
pájaros, sobre el pecho y espalda penden dos medios cÃrculos en diagonal de
tela o terciopelo rojo, sostenidos del hombro derecho. Encima de ellos se
localizan figuras de plantas, flores y aves bordados con lentejuela. El
pantalón de color rojo esta adornado de chaquira y espiguilla.
El empleo del color rojo es
considerado como representativo de la sangre de los danzantes muertos y la
calidez del astro rey.
De la música se encarga el
“sacerdote”, quien las ejecuta con un tamborcillo y flauta. El tamborcillo se
sujeta a la palma de la mano por medio de un amarre a manera de pulsera; se
golpea con una pequeña vara de madera. La flauta, hecha de carrizo, complementa
las notas del ritual. Estos instrumentos demuestran una gran creatividad y los
conocimientos de armonÃa y acústica que posee el pueblo totonaca.





No hay comentarios