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UNA EXPERIENCIA NAVIDEÑA EN EDUCACIÓN PREESCOLAR UNITARIA.


Por: Isabel Castillo Mendez
Mientras el gobierno se desentiende de las escuelas, de los salarios de los maestros, del pago de sus prestaciones, garantizarles una imagen digna de su profesión y ofrecer calidad en los cursos que imparte la Secretaría de Educación Pública,  muchos maestros o casi  todos a diario dan su vida en las aulas  quedando  en el anonimato, pero esto debe de cambiar y por ello el motivo de este artículo.

El caso que quiero compartir es una experiencia de la cual fui observadora externa, al ser invitada  al festival-posada de un gran compañero educador de mi zona escolar 016 Adolfo, maestro normalista, con vocación y  comprometido con el trabajo docente entre la escuela-comunidad, realizó su festival navideño  en el jardín de niños unitario  Celeste Castillo, el cual  comenzó con el recorrido por la localidad de Tlavictepan ubicada a unos minutos de la ciudad de Huatusco. Los niños disfrazados de los personajes representativos de  la escena navideña tradicional cantaban y entonaban villancicos, los silbatos y las palmadas se escuchaban mientras seguían su camino.

Al llegar a  su jardín, se pidió la posada y se presentaron los números musicales correspondientes a las fechas decembrinas: las rondas los peces en el río  y  Rodolfo el Reno, los niños lucieron sus caracterizaciones con detalles de peces y renos.

Posteriormente se realizó un concurso de piñatas, las cuales fueron elaboradas con anticipación por las madres de familia, en ella se reconoció su creatividad, colorido, técnicas empleadas,  pero sobre todo el  gran trabajo de equipo  al integrarse y reunirse fuera del horario escolar para realizarla y preservar así la tradición mexicana, en todas se apreciaba que las elaboraron con amor y cariño para sus hijos, ya que  estas piñatas  se romperán  para el festejo de reyes magos, regresando de vacaciones. Se premió a las madres de familia ganadoras de los tres primeros lugares, con regalos para cada una de ellas por su talento. Las piñatas que no ganaron los niños las quebraron con entusiasmo, así como las piñatas que ya  estaban destinadas para tal fin, todos participaron los alumnos y alumnas, niños de la comunidad, padres y madres de familia.

El maestro junto con el apoyo de la sociedad de padres de familia, diseñaron dulceros   y  compraron dulces, (con los recursos económicos generados por ellos para proveer a la escuela en sus necesidades)   para los alumnos y sus familias,  rifaron una gran canasta navideña y entregaron a cada asistente su platillo de  comida típica para  estas fechas.

El evento concluyó con luces pirotécnicas que hicieron vibrar mi alma, al observar la emoción y gusto con la que las familias miraban el espectáculo que duró unos instantes, parecía una tregua entre la realidad y la magia de la navidad, la cual invita a comenzar de nuevo ya no perder la esperanza de un mejor mañana  para los niños y sus familias.

Esta actividad me hizo valorar la importancia  de la vocación de ser maestro, de dignificar al docente de escuelas unitarias, ya que es un referente de integración escuela comunidad, promotor cultural al rescatar y conservar  nuestras tradiciones, el arraigo a nuestros valores esenciales. El docente unitario de jardín de niños, no  solo debe  limitarse a presentar los avances de las habilidades artísticas  y físicas de los niños, entre tantos más aprendizajes que se pueden lograr a través de estos eventos que son parte esencial de la vida en las escuelas porque  los niños reciben una atención muy personalizada a esta edad por sus padres y madres.

El futuro de la educación se construye en el presente, con maestros comprometidos como el profesor Adolfo el cual está entregado a su trabajo, al mejoramiento de su escuela, pero sobre todo que es un gran promotor de una educación comunitaria y popular, de una educación incluyente  en armonía con los padres que  se integran fielmente a la educación de sus hijos.

Con esta experiencia afirmo que la educación preescolar no solo debe estar basada en competencias, debe estar basada en una serie contenidos que contemplen las interacciones socioculturales locales  integradoras, las cuales sería imposible medir a través de aprendizajes esperados y listas de cotejo.


El haber sido espectadora de esta experiencia me ha permitido mirar con otros ojos lo que un maestro unitario  de comunidad logra hacer por la educación pública, sin ningún recurso oficial que se encargue del sostenimiento de su plantel y lo cual se contrapone al discurso mediático oficialista por medio del cual nuestra  profesión   ha sido tan devaluada y estigmatizada. Estoy segura que después de leer este artículo estarán de acuerdo en  que  se necesitan más que pruebas estandarizadas para emitir un juicio de valor respecto al buen o mal maestro  para su ingreso, promoción y permanencia en el servicio profesional docente. 

fuente:http://portalinsurgenciamagisterial.blogspot.mx

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