El mensaje destaca la humildad, la misericordia y el compromiso con la justicia y la paz como señales de una fe que se vive en el presente.
Papantla, Ver., a 1 de noviembre de 2026.- En su reflexión evangélica por la solemnidad de Todos los Santos, monseñor José Trinidad Zapata Ortiz centró su mensaje en las bienaventuranzas del Evangelio de san Mateo. Explicó que, así como Moisés transmitió los mandamientos al pueblo de Israel, Jesús entrega una nueva guía para quienes forman parte del Reino de Dios.
El obispo describió las bienaventuranzas como el retrato de Jesús: pobre, humilde y sencillo. Más que una promesa distante, dijo, expresan una manera de vivir marcada por la confianza en Dios y la sencillez de corazón.
Una promesa que comienza en la historia
Zapata Ortiz señaló que las primeras y la octava bienaventuranzas anuncian en presente que el Reino de los cielos pertenece a los pobres de espíritu y a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Las demás emplean promesas futuras —como recibir consuelo, alcanzar misericordia o ver a Dios—, pero, según su interpretación, ese Reino ya se hace presente entre quienes esperan en Dios y trabajan por la justicia y la paz.
El mensaje también distingue las experiencias que representan las bienaventuranzas: los que lloran ante el sufrimiento y la injusticia; quienes tienen hambre de un mundo más justo; y quienes practican la misericordia, procuran la paz o padecen persecución por vivir el Evangelio.
La santidad como práctica cotidiana
Para el prelado, los santos son quienes encarnaron esas enseñanzas, incluidos los mártires que atravesaron la tribulación por su fe. La dicha proclamada por Jesús, sostuvo, empieza en esta vida mediante la cercanía con Dios, que consuela, sostiene y da esperanza.
La reflexión deja así una invitación concreta: vivir la santidad no solo como recuerdo de figuras del pasado, sino como compromiso cotidiano con la caridad, la paz y la justicia.

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