domingo, 8 de noviembre de 2026

León XIV confía su ministerio petrino a la Virgen de los Treinta y Tres

Al término de la santa misa en la Plaza Asamblea frente al Santuario Nacional de la Patrona de la Patria, el Pontífice dirige unas palabras de agradecimiento: "Le pido a Dios que bendiga al pueblo uruguayo y lo guíe por sendas de unidad y de paz. Los llevo en mi corazón y les pido que me sigan acompañando con sus oraciones".
Por Sebastián Sansón Ferrari / Vatican News
Uruguay, a 8 de noviembre de 2026.- No había un mejor broche de oro para el viaje apostólico del Papa León XIV a Uruguay: en un domingo luminoso y lleno de inmenso fervor, pese a las bajísimas temperaturas de la madrugada, miles de personas de todos los rincones del país acudieron a la Plaza Asamblea, ubicada frente al Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay. Allí, el Pontífice presidió la santa misa en la solemnidad de Nuestra Señora, "Estrella del alba del paterno día que el sol de la patria miraste nacer", como reza su himno, que fue entonado al cierre de la celebración. En efecto, la Providencia permitió que la despedida del Santo Padre de tierras uruguayas tuviera lugar bajo el amparo de aquella imagen mariana que, desde los albores de la nación, acompaña la fe y la historia de su pueblo.

El espacio quedó pequeño ante la alta afluencia de peregrinos. Muchos de los que no lograron ingresar en la plaza siguieron la celebración desde los balcones de sus casas e incluso desde las inmediaciones del lugar, a través de las pantallas gigantes instaladas para la ocasión. Familias enteras, jóvenes, adultos mayores y comunidades procedentes de distintos puntos del territorio nacional se congregaron para participar de este acontecimiento histórico. Asimismo, mientras los enviados especiales de los medios vaticanos se dirigían hacia la ciudad situada en el centro sur de la nación, circulaban diversos autobuses de excursiones, provenientes de Brasil y Argentina, deseosos de vivir un encuentro con el Santo Padre.

La emoción se hacía palpable en los rostros de los presentes, que aguardaban con entusiasmo el encuentro con el Pontífice. La celebración adquirió un significado especialmente profundo al desarrollarse frente a la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, cuya devoción está estrechamente ligada a la historia y a la identidad del pueblo uruguayo. Ante ella, León XIV quiso confiar su ministerio petrino y encomendar a su maternal intercesión a la Iglesia que peregrina en Uruguay y a todos sus habitantes.

Un pueblo que multiplica la alegría de la fe

Al concluir la Eucaristía, el Pontífice dirigió unas palabras de agradecimiento a las autoridades civiles y religiosas, a los equipos organizadores, a los voluntarios, a las familias y comunidades que hicieron posible su visita. También expresó su gratitud a quienes acompañaron las distintas actividades a través de los medios de comunicación.

"Me habían dicho que, aunque Uruguay es un país relativamente pequeño, su pueblo tiene un corazón generoso y es capaz de cosas muy grandes", manifestó, reconociendo el esfuerzo y la dedicación de cuantos contribuyeron al desarrollo de los encuentros. "Han preparado todo muy bien. ¡Gracias de corazón!", añadió.

El Papa recordó con alegría los momentos compartidos en Montevideo, Paysandú y Florida, y destacó que la experiencia vivida durante estos días no debía quedar circunscrita a las celebraciones, sino proyectarse hacia la vida cotidiana de las comunidades.

"Hemos compartido jubilosos la alegría de la fe en Cristo, y somos testigos de que ese gozo ha ido aumentando en cada jornada", expresó. Y, recurriendo a una imagen elocuente, explicó: "Así son las matemáticas de la fe: lo que hemos recibido y ofrecemos gratuitamente, con la gracia de Dios, se multiplica, abre horizontes y enriquece nuestras vidas, dándoles un sentido nuevo".

En este sentido, invitó a los uruguayos a continuar multiplicando la fe, la esperanza y la caridad, y a vivir y anunciar la alegría que nace del encuentro con Jesucristo. Un mensaje que constituye también una invitación a renovar el compromiso evangelizador y a construir una sociedad más fraterna, reconciliada y abierta al futuro.

Bajo el amparo de la Patrona del Uruguay

Antes de despedirse, León XIV confió al amparo de la Virgen de los Treinta y Tres al pueblo uruguayo, implorando para él la bendición de Dios y el don de la unidad y la paz.

"Por intercesión de la Virgen de los Treinta y Tres, le pido a Dios que bendiga al pueblo uruguayo y lo guíe por sendas de unidad y de paz", manifestó el Santo Padre. "Los llevo en mi corazón y les pido que me sigan acompañando con sus oraciones".

Sus palabras fueron recibidas con emoción y prolongados aplausos por parte de la multitud, que respondió con muestras de cariño y gratitud a quien, durante estos días, se hizo cercano a las comunidades uruguayas.

De este modo, Florida se convirtió en el escenario de una despedida marcada por la gratitud, la oración y la esperanza. Ante la Patrona de la Patria, el Santo Padre concluyó su paso por Uruguay dejando una invitación a custodiar el don de la fe y a transformarlo en gestos concretos de fraternidad, servicio y compromiso con el bien común. "¡Muchas gracias Uruguay!", fueron sus palabras finales.

Posteriormente, el Papa depositó la rosa de oro a los pies de la Virgen y se despidió de la plaza entre aplausos y cánticos de júbilo de los asistentes; entre ellos, resonó "Papa León, te queremos un montón".

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