A partir del Evangelio de las bienaventuranzas, destacó que la santidad no está reservada para personas extraordinarias, sino que comienza con pequeños actos de generosidad en la vida cotidiana.
Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 1 de noviembre de 2026.- En el marco de la solemnidad de Todos los Santos, celebrada este 1 de noviembre, el vicario parroquial Sajhid Daniel Bonilla García compartió una reflexión centrada en el verdadero significado de la santidad y la importancia de vivir el Evangelio más allá de las prácticas religiosas.
Durante su homilía, basada en el pasaje de Mateo 5, 1-12, correspondiente a las bienaventuranzas, señaló que la verdadera grandeza no se encuentra en el poder, las riquezas o los reconocimientos, sino en la capacidad de amar como Dios ama.
El sacerdote recordó que esta celebración no solamente permite venerar a los santos reconocidos por la Iglesia, sino también reconocer a tantas personas sencillas que, sin recibir aplausos ni reconocimientos, hicieron de su existencia una entrega generosa hacia los demás.
Las bienaventuranzas, el camino para alcanzar la santidad
Bonilla García explicó que las bienaventuranzas representan mucho más que enseñanzas religiosas: son una invitación a vivir siguiendo el ejemplo de Jesucristo, desde la humildad, la misericordia, la limpieza de corazón y la construcción de la paz.
En su mensaje cuestionó aquellas actitudes en las que la religiosidad se limita a asistir a misa, rezar o participar en actividades eclesiásticas, sin que estas prácticas se traduzcan en mejores relaciones con quienes nos rodean.
«¿De qué sirve acercarnos tanto al altar de Dios si seguimos manteniendo nuestro corazón lejos de nuestros hermanos?», planteó durante su reflexión.
Subrayó que la fe debe manifestarse en la capacidad de perdonar, comprender, ayudar y evitar los resentimientos, pues no basta con aparentar ser buenos cristianos, sino que es necesario demostrarlo mediante las acciones.
La santidad comienza en el hogar y en las pequeñas decisiones
Otro de los aspectos centrales de su homilía fue la importancia de llevar el mensaje del Evangelio a la vida familiar y a la convivencia diaria.
El vicario invitó a los creyentes a abandonar el orgullo, reconciliarse con quienes han tenido diferencias, escuchar a sus hijos, visitar a los enfermos y apoyar a quienes atraviesan momentos difíciles.
También recordó que los santos no fueron personas que nunca cometieron errores o experimentaron sufrimientos; por el contrario, enfrentaron debilidades y dificultades, pero encontraron en la misericordia de Dios la fuerza para levantarse y continuar.
Por ello, enfatizó que nadie debe considerarse excluido del llamado a la santidad, ya que siempre existe la oportunidad de transformar el corazón y comenzar de nuevo.
“¿Y si el próximo santo fueras tú?”
En la parte final de su mensaje, Sajhid Daniel Bonilla García dejó una pregunta dirigida a la conciencia de los fieles: «¿Y si el próximo santo fueras tú?».
Con esta interrogante invitó a comprender que no se necesitan grandes obras para iniciar el camino hacia la santidad, pues este puede comenzar con decisiones que parecen pequeñas, pero tienen un profundo significado: perdonar, escuchar, acompañar, ayudar y aprender a caminar junto a los demás sin sentirse superiores.
Asimismo, retomó la esperanza cristiana de alcanzar la gloria del cielo, señalando que no se puede aspirar a una vida eterna de amor mientras se construyen divisiones y conflictos en la convivencia cotidiana.
Su reflexión concluyó con un llamado a no esperar a ser perfectos para comenzar a amar ni esperar que los demás cambien para iniciar una transformación personal.
«La santidad no consiste en ocupar un lugar más alto que los demás, sino en tener un corazón suficientemente grande para que los demás encuentren en nosotros un reflejo del amor de Dios», expresó.

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