domingo, 25 de octubre de 2026

Amar a Dios también significa aprender a amar al prójimo: Monseñor Zapata

El mensaje invitó a mirar la fe más allá de los ritos y convertirla en acciones concretas de reconciliación, respeto y solidaridad con los demás.
Papantla, Ver., a 25 de octubre de 2026.- En su reflexión evangélica de este domingo, Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz, de la Diócesis de Papantla, centró su mensaje en una de las enseñanzas fundamentales de Jesús: amar a Dios con todo el corazón y demostrar ese amor mediante el trato hacia los demás.

A partir del pasaje en el que un fariseo pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante de la ley, el prelado recordó que, en tiempos de Cristo, los maestros de la ley habían establecido cientos de preceptos, por lo que la pregunta buscaba determinar cuál debía ocupar el primer lugar.

Dos mandamientos que resumen la ley

La respuesta de Jesús, explicó Monseñor Zapata, retoma las Escrituras para colocar en primer término el amor a Dios: amarle con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente.

El segundo mandamiento está estrechamente relacionado con el primero: amar al prójimo como a uno mismo.

En su reflexión, el obispo destacó que Jesús amplía el sentido de la palabra prójimo, pues ya no se limita a un integrante de la propia comunidad, sino que alcanza a toda persona, independientemente de su origen, color o nacionalidad.

De esta manera, el amor al prójimo se convierte en una expresión concreta de la fe y en una manera de demostrar que el amor a Dios no permanece únicamente en las palabras.

La fe debe reflejarse en las acciones

Uno de los puntos centrales de la reflexión fue precisamente la relación inseparable entre ambos mandamientos.

Monseñor Zapata advirtió que afirmar amor a Dios mientras se mantiene rechazo o desprecio hacia otra persona representa una contradicción. La fe, planteó, debe traducirse en la manera en que cada individuo se relaciona con quienes tiene alrededor.

Desde esta perspectiva, el mensaje adquiere una dimensión cotidiana: ayudar, respetar, perdonar, reconciliarse y procurar el bienestar del otro forman parte de una vivencia religiosa que va más allá de la práctica exterior.

El obispo también señaló que una idea del amor a Dios separada del amor al prójimo puede terminar convirtiéndose en una imagen construida a la medida de cada persona, alejándose del sentido planteado por el Evangelio.

El amor por encima del sacrificio

La reflexión también abordó la relación entre el mandamiento del amor y la participación en la misa.

Monseñor Zapata planteó que el amor al prójimo tiene una importancia fundamental y recordó la enseñanza de Jesús sobre la necesidad de reconciliarse con un hermano antes de presentar una ofrenda en el altar.

El mensaje no plantea abandonar la participación en la misa, sino comprender que el culto religioso no puede desligarse de la forma en que se trata a los demás.

En otras palabras, la celebración de la fe encuentra sentido cuando también se refleja fuera del templo, en las relaciones familiares, comunitarias y sociales.

Una invitación a reconciliarse

La reflexión dominical concluyó con una invitación a colocar el amor en el centro de la vida cristiana.

El mensaje adquiere especial fuerza en una sociedad donde las diferencias y los conflictos pueden levantar barreras entre las personas. Frente a ello, la enseñanza presentada por el obispo propone la reconciliación como un camino para recuperar vínculos y hacer del respeto al otro una expresión cotidiana de la fe.

Más que una explicación teológica, la reflexión plantea una pregunta personal: ¿de qué manera se demuestra el amor a Dios en la relación con quienes forman parte de nuestra vida?

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