jueves, 10 de septiembre de 2026

Después de 23 años, el Aguamanil con Cabeza de Águila vuelve a la Catedral de Zacatecas

Su restitución recupera no solo un objeto religioso, sino una parte de la memoria artística, litúrgica y minera de Zacatecas
Zacatecas, a 10 de septiembre de 2026.– Veintitrés años después de haber sido reportado como robado, el Aguamanil con Cabeza de Águila regresó este jueves al lugar del que fue sustraído: la Catedral Basílica de Zacatecas.

El retorno ocurrió exactamente 23 años después de que, el 10 de septiembre de 2003, se denunciara la desaparición de esta pieza de arte sacro perteneciente a la colección de vasos sagrados de la Galería Episcopal.

El tiempo, que durante años pareció convertir aquella pérdida en un recuerdo lejano, terminó dando paso a una historia de investigación, identificación y recuperación. La pieza volvió a Zacatecas después de atravesar un proceso en el que participaron especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autoridades federales.

Una pieza que guarda la historia

El aguamanil mide 26 centímetros de altura y está elaborado en plata dorada. Su rasgo más distintivo es la cabeza de un águila que corona la parte superior de la jarra, acompañada en las zonas más gruesas por representaciones de ángeles y diversos símbolos religiosos.

Pero su importancia no reside únicamente en su elaboración artística.

La pieza cumplía una función dentro de las celebraciones litúrgicas de la Catedral, pues era utilizada para la purificación de las manos de los religiosos durante los rituales de la Iglesia.

En la parte interior de su base conserva además una inscripción con la fecha “abril de 1874”, un detalle que terminó convirtiéndose en una de las claves para establecer su identidad y procedencia.

En una ciudad cuya historia está profundamente ligada a la explotación de la plata, el regreso de una pieza elaborada precisamente con este metal adquiere un significado particular. El objeto conecta la tradición religiosa con la historia artística y minera que durante siglos dio forma a Zacatecas.

Una pista surgida de una subasta

La recuperación comenzó a tomar forma años después del robo. En 2020, el INAH detectó, a partir de una nota periodística, que una colección de arte virreinal había sido puesta a la venta en una casa de subastas de la Ciudad de México.

Con apoyo de la Fiscalía General de la República (FGR) se inició una investigación que permitió detectar posibles piezas relacionadas con tráfico ilícito de bienes culturales. La colección fue asegurada para someter los objetos a procesos de revisión y documentación.

Entre las piezas aseguradas aparecieron dos objetos de interés para la investigación. Uno de ellos era precisamente el aguamanil que había desaparecido de la Catedral Basílica de Zacatecas.

La coincidencia no podía establecerse únicamente por apariencia. Para confirmar su procedencia fue necesaria la intervención de especialistas de la Coordinación Nacional de Asuntos Jurídicos, la Coordinación Nacional de Conservación de Patrimonio Cultural del INAH y el Centro INAH Zacatecas.

Los dictámenes y procesos de autenticación permitieron finalmente confirmar que la jarra correspondía al bien sustraído ilegalmente en 2003.

Volver a casa

Una vez concluido el procedimiento legal y administrativo, la pieza fue entregada al INAH. Este 10 de septiembre, finalmente, fue restituida a las autoridades religiosas de la Diócesis de Zacatecas para quedar nuevamente bajo su resguardo.

El regreso no significa que el aguamanil vaya a quedar inmediatamente al alcance del público. Por ahora permanecerá bajo llave y con medidas especiales de protección, mientras se analiza la posibilidad de presentarlo nuevamente durante una próxima exposición en la Galería Episcopal de la Catedral Basílica.

Así, el retorno es también una oportunidad para mirar de otra manera aquello que durante años estuvo ausente: no como una simple pieza recuperada, sino como un fragmento de historia que vuelve a ocupar su lugar.

Un patrimonio que aún espera

El caso del Aguamanil con Cabeza de Águila también pone de manifiesto que la recuperación del patrimonio cultural está lejos de terminar.

Irene Cabral Vázquez, abogada del Centro INAH Zacatecas, recordó que todavía existen bienes culturales zacatecanos que permanecen desaparecidos. Entre ellos se encuentran una litografía del Museo de Guadalupe; dos estaciones del Templo de Nuestro Padre Jesús; una varita del Templo de Loreto; cuatro lienzos de Cedros y cuatro cuadros del Templo de Santo Domingo.

Ante esta realidad, los especialistas subrayan la importancia de mantener registros y catálogos detallados de las piezas, con sus características físicas y atributos técnicos.

En ocasiones, un dato aparentemente pequeño —una inscripción, una dimensión, una ornamentación particular— puede convertirse décadas después en la llave para devolver una pieza a su origen.

La memoria también se recupera

El regreso del aguamanil deja una lección que va más allá del ámbito religioso. El patrimonio cultural no es únicamente aquello que se contempla detrás de una vitrina: también es la memoria material de una sociedad.

Cada pieza cuenta algo sobre quienes la crearon, quienes la utilizaron y las comunidades que la conservaron. Cuando desaparece, no solo se pierde un objeto; se rompe una parte de esa continuidad histórica.

Por eso, recuperar el Aguamanil con Cabeza de Águila después de 23 años representa también una forma de restituir memoria.

Ahora, la antigua jarra de plata dorada vuelve a Zacatecas, a la Catedral que durante más de dos décadas esperó su regreso. Y con ella vuelve una pequeña, pero significativa parte de la historia religiosa, artística y minera de la ciudad.

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