lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando Misantla hizo de la música una memoria viva

Entre violines, viola, piano, flauta, saxofón y canto, distintas generaciones de músicos mostraron que la cultura también se construye con disciplina, sensibilidad y comunidad
Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 21 de septiembre de 2026.- Hay lugares donde la historia parece permanecer en silencio, hasta que una melodía consigue despertarla.

Eso ocurrió la tarde-noche del 19 de septiembre de 2026, cuando el Museo Casa Señorial abrió sus puertas a una expresión de la vida cultural de Misantla: Tarde Mexicana con la Filarmónica, un encuentro protagonizado por integrantes y solistas de la Orquesta Filarmónica de Misantla.

A partir de las 19:00 horas, el antiguo espacio se transformó en escenario para una generación de músicos que ha encontrado en los instrumentos no solamente una disciplina artística, sino una manera de mirar, sentir y relacionarse con su comunidad.

La velada tuvo el valor de mostrar aquello que pocas veces aparece cuando únicamente se escucha el resultado final de un concierto: las horas de ensayo, el aprendizaje, los primeros escenarios, los errores que se convierten en experiencia y la constancia necesaria para que una nota llegue finalmente al público.

La cultura también se aprende

Una orquesta no comienza cuando se levanta el telón. Comienza mucho antes.

Está en la primera clase, en el instrumento que cuesta dominar, en la repetición de una pieza, en la paciencia de quien enseña y en el acompañamiento de una familia que hace posible que un niño o un joven continúe asistiendo a sus ensayos.

En esa construcción participaron músicos de distintas generaciones.

María Azucena Zárate Candelario, primera viola e integrante de la agrupación desde 2018, formó parte del ensamble con Martinillo, canción tradicional francesa de dominio público, y posteriormente ofreció como solista El amor es triste, de André Popp, con letra de Pierre Cour.

También estuvieron Jeshua Zair Torres Landa y Celeste Quetzally Torres Landa, incorporados a la orquesta en 2023. Jeshua, estudiante de secundaria, continúa su proceso de formación, mientras Celeste participa como segunda violinista.

Regina Tapia Palestina, integrante desde febrero de 2025 y estudiante del tercer año de secundaria, llevó al escenario El Ropero, de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri.

Son historias distintas, pero tienen un punto de encuentro: la música como una práctica que se aprende haciendo y que adquiere otro significado cuando deja de ser únicamente ejercicio para convertirse en expresión frente a los demás.

Cada instrumento, una historia

La noche también mostró que el camino musical no siempre sigue una sola dirección.

Luis Enrique del Ángel Sagohón, integrante desde 2023 y formado en violín, encontró en el canto otra posibilidad de expresión. Durante la velada interpretó Hermoso cariño, de Fernando Z. Maldonado.

Su participación recordó que la formación artística puede abrir puertas que inicialmente no estaban contempladas. El instrumento puede ser el comienzo de una búsqueda más amplia: descubrir la voz propia.

En otro momento de la presentación, Olga Ramos Francisco y Luis Antonio Ramos Francisco, integrantes desde 2022, compartieron escenario con violín y saxofón.

Olga, primera violinista y estudiante del primer semestre de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, y Luis Antonio, también estudiante de esa institución, interpretaron Te sigo amando y Así fue, piezas asociadas al repertorio de Juan Gabriel.

En ellos se hizo visible otro aspecto de la vida musical: la posibilidad de que una formación iniciada dentro de una agrupación local encuentre continuidad en los estudios profesionales.

De Misantla hacia otros caminos

La historia de la orquesta también está escrita por quienes han aprendido a conciliar la música con otras vocaciones.

Efraín Islas Marín, integrante desde 2016, comenzó su formación con el clarinete y participa también con saxofón. Actualmente estudia la Licenciatura en Tecnologías de la Información y Comunicaciones en el TecNM Campus Misantla, pero mantiene el vínculo con la música y durante la presentación ofreció una interpretación en piano.

Valentina Balderas Nani, integrante desde 2016 y primera flauta de la agrupación, interpretó Solamente una vez, de Agustín Lara.

A su vez, Lino Andrés Zárate Candelario, incorporado a la orquesta en 2020 e ingeniero en Gestión Empresarial, interpretó en piano Historia de amor, de Carlos Eleta Almarán.

El programa concluyó con José Manuel Cortez Arriaga, integrante desde 2013, quien acompañó con piano su interpretación en flauta transversal de Estrellita, de Manuel M. Ponce.

Las trayectorias revelan algo esencial: la cultura no exige que todos sigan el mismo camino. Puede acompañar una carrera universitaria, una profesión, una vocación distinta o convertirse, sencillamente, en una parte inseparable de la vida.

Una orquesta hecha de generaciones

Quizá uno de los valores más significativos de la velada estuvo en la convivencia de distintas generaciones.

Quienes llevan pocos años en la agrupación compartieron espacio con músicos que comenzaron su recorrido hace casi una década. Los primeros pasos coincidieron con trayectorias más maduras y con quienes ya han encontrado en la música una posibilidad de formación profesional.

Así, el escenario del Museo Casa Señorial se convirtió en una especie de puente entre generaciones.

La música permitió que el pasado, el presente y el futuro de la formación artística de Misantla coincidieran durante una misma noche.

El trabajo detrás de cada aplauso

La presentación fue posible mediante el esfuerzo conjunto de quienes forman parte de la vida de la orquesta.

Durante el programa se reconoció al Ayuntamiento de Misantla, al director de la Orquesta Filarmónica, Cristian Texon, a los maestros, al subdirector Marco Antonio Rodríguez Acosta y al patronato de la agrupación.

También se destacó el respaldo de los padres de familia, cuya presencia resulta fundamental para sostener los procesos de formación de los jóvenes.

La Fundación Misanteca de Arte y Cultura A.C. facilitó las instalaciones del Museo Casa Señorial, mientras que el personal del recinto colaboró en el desarrollo de la actividad.

Detrás de cada interpretación hubo, por tanto, una suma de voluntades. Porque la cultura, aunque suele aparecer frente al público como un instante, se construye lentamente y entre muchas manos.

Una melodía que permanece

Al finalizar la jornada, quedó algo más que el recuerdo de un repertorio.

Quedó la imagen de jóvenes aprendiendo, músicos compartiendo experiencia y familias acompañando procesos que pueden comenzar con una simple curiosidad por un instrumento y convertirse, con los años, en una forma de vida.

En Misantla, la música encontró aquella noche un espacio entre los muros de un edificio cargado de historia. Y quizá ahí estuvo uno de los significados más profundos de la presentación: la memoria cultural no solamente se conserva mirando hacia atrás; también se construye cuando nuevas generaciones toman un instrumento y comienzan a escribir su propia historia.

La Orquesta Filarmónica de Misantla mostró así una parte de ese proceso: una comunidad que aprende a escuchar, a crear y a reconocerse también a través de sus sonidos.

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