La iniciativa de la cooperativa Jolom Mayaetik busca enfrentar el plagio y la apropiación cultural, mientras las artesanas advierten otro riesgo: que las nuevas generaciones dejen de aprender a tejer y bordar
Chiapas, a 5 de agosto de 2026.- Cada figura bordada cuenta una historia. Cada símbolo guarda una parte de la cosmovisión de un pueblo. Y cada hilo que pasa de una mano a otra representa una memoria que las mujeres tsotsiles de San Andrés Larráinzar se niegan a dejar desaparecer.
Más de 208 iconografías textiles ya forman parte de un catálogo comunitario impulsado por las propias artesanas de la cooperativa Jolom Mayaetik, un esfuerzo que busca poner por escrito nombres, significados y elementos de diseños que durante generaciones han sido transmitidos de manera oral y práctica.
La apuesta tiene dos frentes: preservar el conocimiento ancestral y generar herramientas para defenderlo ante posibles casos de plagio o apropiación cultural.
Escribir para poder defender
Para las artesanas, documentar sus diseños no es un ejercicio meramente académico. Es una forma de dejar constancia de aquello que pertenece a la memoria colectiva de la comunidad.
Juana Pérez, artesana de San Andrés Larráinzar y coordinadora de la recopilación, explicó que los diseños recuperados mantienen una relación directa con la vida y cultura de la comunidad y han sido transmitidos de generación en generación.
Elizabeth García Hernández, integrante de Jolom Mayaetik, resumió la importancia del proceso al señalar que antes de poder defender una iconografía o cualquier expresión cultural es necesario investigarla y dejarla registrada.
El catálogo cuenta con ISBN ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor); sin embargo, las propias impulsoras aclaran que esta protección corresponde a la investigación realizada y no significa que las 208 iconografías contenidas en ella queden automáticamente protegidas.
Una memoria que todavía está incompleta
El trabajo apenas representa una parte del universo de símbolos que existen en la comunidad.
Las artesanas cuentan con un muestrario de más de 300 iconografías, pero la falta de recursos económicos y humanos ha limitado la posibilidad de continuar con el rescate, investigación y documentación de todos los diseños.
La dimensión del archivo pendiente revela que el conocimiento textil es mucho más amplio de lo que hasta ahora ha podido registrarse.
Cada diseño requiere identificar su nombre, significado, origen y relación con la cosmovisión comunitaria, un proceso que demanda tiempo y participación de quienes conservan ese conocimiento.
Frente al plagio, una herramienta comunitaria
La iniciativa adquiere mayor relevancia en un contexto en el que comunidades indígenas de México han denunciado durante años la utilización de sus diseños tradicionales por parte de empresas y marcas sin reconocimiento ni beneficios directos para los pueblos.
Patricia Basurto, abogada e investigadora, consideró que el trabajo desarrollado en Chiapas constituye una experiencia emblemática, al destacar la ausencia de esfuerzos similares con estas características en otras comunidades o colectivos del país.
Pero la documentación por sí sola no resuelve el problema.
Rosalinda Sánchez Díaz, integrante del Centro de Formación y Capacitación para Mujeres, señaló que la legislación mexicana todavía enfrenta vacíos para hacer frente de manera efectiva al plagio y la apropiación cultural.
La Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, publicada en 2022, contempla mecanismos para proteger expresiones culturales; sin embargo, persisten obstáculos para su aplicación y, de acuerdo con las especialistas citadas, falta reglamentación secundaria para hacer plenamente efectivos algunos de sus mecanismos.
El otro enemigo: el olvido
Mientras las artesanas buscan proteger sus diseños de terceros, enfrentan una amenaza que nace dentro de las propias comunidades: el desinterés de las nuevas generaciones por aprender a tejer y utilizar las prendas tradicionales.
Micaela Hernández, integrante de la asociación Kinal Antsetik —Tierra de Mujeres—, explicó que entre las jóvenes se observa cada vez más el desuso de la vestimenta tradicional debido, entre otros factores, a su costo, complejidad y al tiempo que requiere su elaboración.
La preocupación tiene un fondo profundo.
Si las nuevas generaciones dejan de aprender los procesos de tejido y bordado, la pérdida no sería únicamente económica o artesanal. También podría desaparecer parte del lenguaje simbólico que acompaña a cada pieza.
Más que un bordado, una identidad
El catálogo comunitario de San Andrés Larráinzar representa así algo más grande que un registro de diseños.
Las artesanas buscan conservar una manera de mirar y nombrar el mundo. Los símbolos textiles están vinculados con la identidad, la cultura y la cosmovisión tsotsil, y su permanencia depende tanto de la protección jurídica como de la transmisión del conocimiento.
Los antecedentes de diseños indígenas utilizados por grandes marcas han colocado el tema de la apropiación cultural en el centro del debate nacional. Organizaciones de derechos humanos han advertido que reproducir textiles e iconografías sin reconocer la autoría comunitaria puede vulnerar los derechos de creación y recreación de los pueblos, además de generar beneficios económicos para empresas sin una retribución directa a las comunidades.
Por eso, para las mujeres de Jolom Mayaetik, registrar es también recordar y defender.
Una batalla que se libra con hilo y memoria
El trabajo de las artesanas tsotsiles plantea una paradoja: aquello que durante generaciones sobrevivió gracias a la transmisión familiar ahora necesita ser escrito para poder ser defendido.
Son 208 símbolos documentados, más de 300 pendientes de investigar y una generación joven que representa al mismo tiempo la esperanza de continuidad y el riesgo de ruptura.
En cada telar permanece una memoria que no pertenece solamente a quien la borda. Es parte de una comunidad.
Y en San Andrés Larráinzar, las mujeres están intentando que esa memoria no termine convertida en una moda ajena, ni mucho menos en un recuerdo perdido.

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