Monseñor José Trinidad Zapata llama a mantener la fe ante las adversidades
La barca representa a una Iglesia que avanza en medio de las dificultades de la historia, sostuvo el obispo.
Papantla, Ver., a 9 de agosto de 2026.- En su reflexión evangélica de este domingo, Monseñor José Trinidad Zapata Ortiz invitó a los fieles a fortalecer su fe y confiar en la presencia de Jesucristo ante las dificultades, tomando como referencia el pasaje bíblico en el que Jesús camina sobre las aguas y auxilia a Pedro cuando comienza a hundirse.
La barca, imagen de la Iglesia en medio de la historia
El prelado explicó que el relato evangélico puede interpretarse como un anticipo de lo que viviría la Iglesia después de la resurrección de Cristo. Jesús envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio a todas las naciones y, posteriormente, ascendió a la gloria del Padre, con la promesa de permanecer con ellos hasta el final de los tiempos.
En este contexto, Zapata Ortiz señaló que la barca representa a la Iglesia, que navega en medio de la historia enfrentando dificultades, conflictos y momentos de incertidumbre, mientras se dirige hacia “la otra orilla”, entendida como el encuentro definitivo con Dios al final de la historia.
La imagen adquiere una dimensión particularmente significativa: el viento contrario y las olas que golpean la embarcación representan los obstáculos que la comunidad cristiana encuentra en su camino, sin que ello signifique que Jesús haya dejado de acompañarla.
El miedo nace cuando se debilita la fe
Uno de los puntos centrales de la reflexión fue el temor de los discípulos cuando observaron a Jesús caminar sobre el agua. El obispo consideró que su reacción representa el miedo que surge cuando la fe se debilita frente a las dificultades.
Ante los gritos de los discípulos, Jesús responde: “Tranquilícense y no teman, soy yo”. Para el religioso, estas palabras constituyen una revelación de la identidad divina de Cristo y recuerdan el nombre con el que Dios se manifestó a Moisés en el episodio de la zarza ardiente: “Yo soy el que soy”.
De esta manera, la escena no solamente describe un milagro, sino que plantea una enseñanza espiritual: el creyente no debe interpretar las dificultades como ausencia de Dios, sino aprender a reconocer su presencia incluso en los momentos de mayor incertidumbre.
Pedro y el desafío de caminar sobre las adversidades
La figura de Pedro ocupó otro lugar importante en el mensaje. Animado por la presencia de Jesús, el apóstol pidió caminar sobre las aguas, pero al sentir la fuerza del viento comenzó a hundirse.
Zapata Ortiz interpretó este episodio como una representación de la experiencia humana. El creyente puede tener momentos de valentía y confianza, pero también puede sentirse vencido por sus problemas, angustias y temores.
Por ello, destacó el grito de Pedro: “Sálvame, Señor”, como una expresión de reconocimiento de que Jesús es el Señor resucitado y aquel en quien el creyente puede encontrar salvación.
La enseñanza, apuntó, puede trasladarse a las circunstancias cotidianas: ante los problemas, las preocupaciones y las adversidades, es necesario pedir a Dios la fuerza para mantenerse de pie y continuar avanzando.
Una invitación a confiar
La reflexión concluyó con un llamado a no dejar que el miedo domine la vida espiritual. Incluso cuando la fe sea débil, sostuvo el obispo, existe la posibilidad de pedir ayuda y confiar en que Jesús tenderá la mano para evitar que la persona se hunda ante las dificultades.
La expresión de Jesús a Pedro —“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”— fue presentada no solamente como un reproche, sino como una invitación a madurar espiritualmente.
En una lectura interpretativa, el pasaje plantea que las “tormentas” no siempre desaparecen de inmediato, pero la fe puede transformar la manera de enfrentarlas. La confianza en Dios, de acuerdo con el mensaje del prelado, permite superar los vientos externos e internos que sacuden la existencia.




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