Luz Angélica Pérez: una carrera interrumpida, una historia que continúa
La atleta máster misanteca sufrió una lesión en los últimos metros de los 60 metros durante la Olimpiada de Oro del Adulto Mayor, en Apizaco, Tlaxcala
Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 29 de agosto de 2026.- La meta estaba cerca cuando el cuerpo de Luz Angélica Pérez Carballo le pidió detenerse. Había recorrido prácticamente toda la distancia de los 60 metros y se encontraba a unos 10 o 12 metros de concluir la competencia cuando sintió un tirón en la pierna y dolor en la zona de la ingle. La atleta máster misanteca tuvo que disminuir el ritmo y dejar escapar la posibilidad de subir al podio en la Olimpiada de Oro del Adulto Mayor, celebrada en Apizaco, Tlaxcala.
Había llegado a la competencia después de un año de preparación, con la ilusión de conseguir una medalla y llevarla de regreso a su tierra. Sin embargo, el deporte volvió a recordarle que ninguna carrera está escrita de antemano y que, detrás de cada resultado, también existen circunstancias que escapan al control de los atletas. Lejos de buscar culpables, Luz Angélica decidió asumir lo ocurrido con serenidad y mirar hacia adelante.
Una prueba diferente y un final inesperado
La misanteca compitió en una prueba de 60 metros frente a otras ocho atletas procedentes de distintos puntos del país, con representantes de entidades como Chiapas, Sinaloa, Coahuila, Guerrero, Yucatán y Estado de México, además de Veracruz.
Acostumbrada principalmente a correr los 100 metros, Pérez Carballo reconoce que los 60 metros representan una exigencia distinta. En esta distancia, explica, prácticamente todo depende de la salida y del cierre, sin el espacio suficiente para administrar el esfuerzo como ocurre en una prueba más larga.
La competencia tuvo además una particularidad desde el arranque. La salida debió repetirse y en el segundo intento la atleta volvió a realizar un esfuerzo explosivo para ganar ventaja desde los primeros metros. Consiguió colocarse al frente de la carrera, pero posteriormente, cuando se aproximaba al final, comenzó a sentir la molestia que terminó por obligarla a bajar la velocidad.
Para Luz Angélica, no se trató de una falla de su entrenador ni de una falta de preparación. Al recordar que su entrenador Óscar se preguntó qué había salido mal, ella fue clara: no había fallado. A veces, sostiene, simplemente suceden cosas que ni el entrenamiento ni la experiencia pueden evitar.
“Somos seres humanos”, resume al hablar de aquel momento.
El dolor físico y la tristeza por la medalla
La lesión le dejó inflamación y dolor en la zona de la ingle, molestias que se hicieron presentes al caminar, subir escalones o levantar la pierna. El personal médico y fisioterapéutico que acompañó a la delegación de Veracruz la valoró y determinó que, en principio, debía guardar reposo y posteriormente continuar con terapias.
Pero más allá de la molestia física, lo que más le pesó fue el aspecto emocional. Había entrenado durante un año para llegar preparada y tenía la esperanza de regresar a Misantla con un lugar entre las primeras competidoras.
Reconoce que por momentos sintió nostalgia y frustración. No obstante, esa sensación no duró demasiado. Su propia historia le ha enseñado a mirar las dificultades desde otra perspectiva. Recuerda que ha enfrentado pruebas mucho más importantes en su vida y que pudo salir adelante.
Por eso considera que esta lesión es pasajera.
El deporte, afirma, también implica aceptar que existen días en los que las cosas no salen como uno quisiera.
Una experiencia que trascendió la competencia
Aunque el resultado deportivo no fue el esperado, la participación en la Olimpiada de Oro significó para Luz Angélica una experiencia diferente a otras competencias en las que ha participado.
Destacó la atención que recibió la delegación de Veracruz por parte del DIF, con apoyo en hospedaje, alimentación, transporte y servicios médicos, además del acompañamiento de fisioterapeutas y personal especializado para atender cualquier eventualidad.
La atleta agradeció especialmente a las personas que estuvieron pendientes de la delegación y señaló que esa organización permitió que los participantes se sintieran acompañados durante toda la experiencia.
También tuvo la oportunidad de participar en el desfile portando el estandarte de Veracruz, una distinción que recibió con emoción al ser seleccionada entre un grupo reducido de representantes. Para ella, ese momento tuvo un significado especial porque le permitió representar no solamente al estado, sino también a Misantla.
Durante el encuentro tuvo además la oportunidad de convivir con deportistas y personalidades vinculadas al deporte nacional, así como con participantes de otros estados.
Misantla, siempre presente
Para Luz Angélica, cada competencia lleva consigo el nombre de su municipio. Por eso, cuando habla de la medalla que no pudo conseguir, insiste en que no siente haberle fallado a Misantla ni a su gente.
Su intención era regresar con un resultado que pudiera compartir con quienes la han acompañado durante años, pero entiende que existen circunstancias que no dependen de una persona.
Su manera de enfrentar lo sucedido está profundamente relacionada con su fe. Considera que las cosas ocurren por alguna razón y que también es necesario aprender a aceptar aquello que la vida coloca frente a nosotros.
No es una aceptación pasiva. Es, más bien, una forma de tomar fuerza para continuar.
“Dios sabe por qué pasan las cosas”, expresa.
Y desde esa convicción, la atleta prefiere no quedarse atrapada en lo que pudo haber sido.
Detrás de la atleta existe una familia
Pérez Carballo reconoce que ninguna de sus participaciones sería posible sin el respaldo de su familia, sus amigos y su equipo de entrenamiento. Durante esta competencia estuvo acompañada por su hermana y su compadre Joel Vázquez, mientras que en otras ocasiones también ha contado con la presencia de sus hijos.
Menciona con especial gratitud a toda su familia, incluidos hermanos, hijos, nueras y yernos, así como a las personas que diariamente contribuyen de diferentes maneras para que pueda mantener su preparación deportiva.
A ese grupo suma a sus amigos y a los habitantes de Misantla que siguen su trayectoria, preguntan por sus resultados y le hacen llegar mensajes de ánimo.
Por eso asegura que detrás de Luz Angélica Pérez existe mucho más que una atleta: existe un equipo.
Las críticas tampoco la detienen
Como ocurre con cualquier figura pública o deportista, también ha recibido comentarios negativos. Sin embargo, asegura que no permite que esas opiniones definan su ánimo ni su trayectoria.
Prefiere quedarse con las palabras de quienes la apoyan y utilizar las experiencias difíciles como una oportunidad para fortalecerse.
Su filosofía es sencilla: quien conoce realmente el esfuerzo que existe detrás de una competencia sabe que un resultado no puede resumir toda una trayectoria.
Y la suya lleva ya varios años de disciplina, entrenamiento y viajes por diferentes pistas del país.
Una pista que quiere volver a correr
Pérez Carballo calcula que ha competido en alrededor de 15 pistas reglamentarias de tartán en distintos estados de la República. Ha participado en escenarios de Xalapa, Coatzacoalcos, Mérida, San Luis Potosí, Puerto Vallarta, Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Acapulco y otras ciudades.
La pista de Apizaco, sin embargo, le dejó una impresión especial. La consideró rápida y de primer nivel, al grado de reconocer que le gustaría regresar.
Si pudiera elegir, volvería a competir en los 100 metros, la distancia con la que se siente más identificada. Pero también contempla regresar a los 60 metros como un reto personal.
No para borrar lo sucedido.
Sino para demostrar que una carrera inconclusa no tiene por qué convertirse en una historia inconclusa.
Descansar, recuperarse y seguir
Por ahora, el siguiente paso es el reposo. La temporada de competencias llegó a su fin y la prioridad es permitir que la lesión sane correctamente.
Después vendrá nuevamente el entrenamiento.
Pérez Carballo espera continuar participando el próximo año, siempre que tenga salud y vida para hacerlo. Antes deberá cumplir también con sus revisiones médicas y estudios de seguimiento, un compromiso personal que enfrenta con esperanza y confianza.
Su objetivo sigue siendo el mismo: mantenerse activa, entrenar y continuar representando a Misantla.
La verdadera carrera apenas continúa
Luz Angélica Pérez Carballo no regresó de Apizaco con la medalla que había imaginado. Regresó con una lesión, con nostalgia y con la sensación inevitable de que pudo haber logrado más.
Pero también volvió con experiencia, gratitud y una nueva enseñanza, la competencia terminó antes de lo previsto, pero su historia deportiva no.
Quizá el mayor aprendizaje de esta experiencia sea entender que en el deporte, como en la vida, hay momentos en los que avanzar significa aceptar que por ahora toca detenerse.
Sanar también es parte del entrenamiento, descansar también es parte de la disciplina, y volver a intentarlo también es una forma de ganar, la atleta misanteca lo sabe. Por eso no habla de abandonar las pistas, sino de recuperarse para regresar, la medalla que buscaba quedó pendiente, el compromiso con su gente, no.
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