sábado, 4 de julio de 2026

Detrás de los goles de Julián Quiñones hay una historia de esperanza: el entrenador que lo formó celebra su éxito mundialista

La organización Fútbol Paz transforma la vida de jóvenes provenientes de regiones golpeadas por la violencia en Colombia
Colombia, a 4 de julio de 2026.- Mientras millones de aficionados celebraban la clasificación de la Selección Mexicana a los octavos de final del Mundial 2026 gracias a la destacada actuación de Julián Quiñones, a más de tres mil kilómetros de distancia, en la ciudad colombiana de Cali, un hombre no pudo contener las lágrimas al ver cómo uno de sus alumnos alcanzaba la cima del futbol internacional.

Se trata de César Augusto Valencia Trejos, conocido como "Papá César", fundador de la organización Fútbol Paz, quien hace más de una década recibió a un joven procedente de Magüí Payán, en el departamento colombiano de Nariño, decidido a cambiar su destino a través del deporte.

El talento apareció desde el primer entrenamiento

Valencia recuerda con claridad el día en que Quiñones llegó a realizar una prueba deportiva.

Según relata, bastó una sola sesión para descubrir que estaba frente a un futbolista con condiciones extraordinarias.

"Lo trajo un primo a hacer una prueba y en el primer entrenamiento hizo cuatro goles. Ahí me di cuenta que estaba frente a un jugador diferente", recordó el entrenador.

Aquella impresión no fue casualidad. Durante su primer año en la institución, Julián lideró a su equipo hacia un campeonato nacional Sub-17, convirtiéndose además en el máximo goleador del torneo con 48 anotaciones, incluyendo un partido en el que marcó 17 goles, una actuación que aún permanece en la memoria de quienes lo vieron jugar.

Un proyecto que cambia vidas

Más allá de formar deportistas, Fútbol Paz nació hace dos décadas con una misión mucho más profunda: ofrecer una alternativa de vida a jóvenes provenientes de comunidades marcadas por la pobreza, la violencia y el conflicto armado colombiano.

Lo que inició con apenas 30 jugadores provenientes de zonas rurales del Valle del Cauca, hoy reúne a más de 210 futbolistas de alto rendimiento, originarios de regiones como Buenaventura, Quibdó, Barbacoas, Apartadó, Arauca y Guaviare.

Para Valencia, el deporte representa una herramienta de transformación social.

"Primero formamos personas y después futbolistas. Queremos que entiendan que el deporte puede transformar sus vidas, pero también que sean buenos seres humanos", afirmó.
De Colombia a convertirse en figura del futbol mexicano

Las extraordinarias actuaciones de Quiñones despertaron rápidamente el interés de visores internacionales.

Representantes del club Tigres viajaron a Cali para observarlo y quedaron convencidos de su potencial, facilitando su llegada al futbol mexicano.

Desde entonces, el delantero construyó una carrera exitosa defendiendo las camisetas de Tigres, Atlas y América, conquistando campeonatos y consolidándose como uno de los atacantes más importantes de la Liga MX.

Posteriormente obtuvo la nacionalidad mexicana y decidió representar al país que impulsó su desarrollo profesional, convirtiéndose hoy en una pieza importante del seleccionado nacional.

Para su formador, esa decisión representa un acto de gratitud.

"Él decidió agradecerle a México todo lo que ese país hizo por él. Allí construyó toda su carrera profesional", señaló.

Un ejemplo para las nuevas generaciones

Aunque el ritmo del Mundial ha reducido la comunicación entre ambos, Valencia asegura que mantienen contacto y sigue cada paso de quien considera uno de los mayores orgullos de su carrera.

Su historia también inspira a decenas de niños que actualmente entrenan en Fútbol Paz, donde observan a Quiñones como el ejemplo de que el esfuerzo puede romper cualquier barrera social.

En la misma organización también se formaron figuras internacionales como Miguel Borja, Davinson Sánchez, Yerry Mina, Juan David Cabal y Juan Camilo Portilla, futbolistas que hoy representan el éxito de un proyecto basado en la inclusión y la disciplina.

El futbol como herramienta contra la violencia

El impacto social del programa continúa expandiéndose gracias a entrenadores como Santiago Otero, quien trabaja con menores en comunidades rurales del departamento del Cauca, una de las regiones más afectadas por la violencia.

Su objetivo consiste en alejar a niñas, niños y adolescentes de los grupos armados mediante el deporte, brindándoles espacios seguros donde puedan construir nuevos proyectos de vida.

"Le arrebatamos niños a la violencia para que sueñen con otro mundo. Cuando un niño ve el fútbol, ve transformación, amor, paz y un futuro", explicó.

Para quienes entrenan diariamente en esas canchas, observar a Julián Quiñones marcar goles en una Copa del Mundo representa mucho más que una victoria deportiva: simboliza la posibilidad de que los sueños también pueden abrirse camino entre la adversidad.

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