Noticias

Descubren en Sonora la primera aldea pima vinculada a la misión fundada por el padre Kino

El hallazgo arqueológico revela vestigios de una comunidad que permaneció oculta durante más de tres siglos
Sonora, a 7 de julio de 2026.- Un importante descubrimiento arqueológico en el valle de Cocóspera, entre los municipios de Ímuris y Cananea, permitió localizar los vestigios de la primera aldea pima asociada a la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera, fundada por el misionero jesuita Eusebio Francisco Kino a finales del siglo XVII.

El hallazgo, realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), aporta nuevos elementos para comprender la vida cotidiana de los pueblos pimas durante los primeros años del periodo misional y ofrece una visión más amplia sobre los procesos de resistencia, adaptación y transformación cultural ocurridos en el norte de la Nueva España.

Una comunidad preservada bajo la vegetación durante más de 300 años

Los restos arqueológicos permanecieron ocultos durante más de tres siglos bajo un mezquital, a unos 100 metros del antiguo templo de Cocóspera, considerado uno de los pocos edificios jesuitas que aún sobreviven en la antigua región conocida como la Pimería Alta.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que este descubrimiento demuestra la importancia del salvamento arqueológico para proteger el patrimonio nacional y recuperar parte de la memoria histórica de los pueblos originarios.

La funcionaria señaló que los hallazgos permiten acercarse a la vida cotidiana de los pimas himeris y comprender cómo enfrentaron los cambios derivados del establecimiento de las misiones jesuitas en la región.

Casas, hornos y objetos narran la historia de una comunidad

Las excavaciones permitieron identificar una aldea de aproximadamente 800 metros cuadrados con viviendas, espacios comunitarios y estructuras que reflejan la convivencia entre las tradiciones indígenas y las influencias europeas.

Los arqueólogos localizaron casas construidas con adobe moldeado, cuya distribución interior conservaba características propias de la arquitectura pima, como fogones ubicados en el centro de las habitaciones, además de vestigios de construcciones temporales elaboradas con técnicas tradicionales.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la localización de una veintena de hornos donde se encontraron restos de animales como vacas, ovejas, cerdos, venados, gallinas, guajolotes, perros e incluso caballos y burros, acompañados de restos de maíz, amaranto, cactus y quelites.

De acuerdo con los investigadores, estos elementos muestran que los habitantes aprovecharon tanto recursos introducidos por los europeos como alimentos propios de su entorno, evidenciando procesos de adaptación sin perder parte de sus costumbres.

Evidencias de resistencia cultural

El arqueólogo Tomás Pérez Reyes destacó que entre los materiales recuperados sobresale una importante cantidad de puntas de flecha distribuidas por todo el asentamiento, lo que demuestra que los pimas himeris continuaron utilizando sus armas tradicionales aun después del establecimiento de los jesuitas.

También fueron encontrados ornamentos elaborados con conchas provenientes del Golfo de California que convivían con cruces y medallas cristianas, un hecho que refleja la coexistencia entre las prácticas religiosas indígenas y los símbolos introducidos por los misioneros.

Para los especialistas, estos objetos constituyen una prueba tangible de que la población indígena no abandonó completamente su identidad cultural, sino que desarrolló mecanismos de adaptación mientras preservaba elementos esenciales de sus tradiciones.

Una investigación que amplía el conocimiento histórico

El arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez, integrante del colectivo Salvamento Ferroviario Ímuris-Nogales del Centro INAH Sonora, explicó que el asentamiento corresponde al primer poblado establecido tras la fundación de la misión en 1687 y permaneció oculto debido a diversas obras realizadas durante la segunda mitad del siglo XX.

El descubrimiento representa una oportunidad para reconstruir aspectos poco documentados de la vida de los pueblos pimas antes y durante la presencia jesuita, así como para comprender la evolución histórica del sitio después de la expulsión de los jesuitas en 1769, cuando los franciscanos asumieron la administración de la misión y modificaron parte de su arquitectura.

Patrimonio que fortalece la memoria histórica

Los especialistas coinciden en que este hallazgo trasciende el ámbito arqueológico, ya que aporta nuevas evidencias sobre la compleja relación entre los pueblos originarios y el proceso de evangelización en el norte del país.

La recuperación de este asentamiento no solo enriquece el patrimonio cultural de México, sino que también ofrece una oportunidad para reconocer la permanencia de las comunidades indígenas y valorar su legado histórico dentro de la construcción de la identidad nacional.
Fuente:INAH

No hay comentarios