Alejandro Moreno atribuye a Morena el manejo fallido de la Copa del Mundo de 2026, pero revive un discurso que también reabre el debate sobre el legado de los gobiernos priistas
México, a 26 de junio de 2026.– En medio de las controversias que han acompañado la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México, el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas, intentó colocar a su partido en el centro de los logros al asegurar que fue un gobierno priista el que consiguió que el país fuera una de las sedes del torneo, al tiempo que responsabilizó a la actual administración federal de Morena por los problemas registrados durante el desarrollo del evento.
Sus declaraciones, realizadas durante una entrevista con la periodista Lourdes Mendoza, no tardaron en provocar reacciones, pues además de cuestionar el desempeño del gobierno federal, reavivaron el debate sobre el papel histórico del PRI y la dificultad que enfrenta ese partido para deslindarse de décadas de decisiones que también son objeto de críticas por parte de amplios sectores de la sociedad.
Un discurso que mira al pasado para cuestionar el presente
Durante la entrevista, Alejandro Moreno afirmó que Morena "no trajo el Mundial" y sostuvo que la designación de México como sede fue resultado de las gestiones realizadas durante una administración encabezada por el PRI.
Asimismo, calificó como un "desastre" la organización gubernamental alrededor del torneo y atribuyó al actual gobierno federal la responsabilidad por las protestas y los problemas registrados durante la justa mundialista.
Con esas declaraciones, el dirigente priista buscó establecer una diferencia entre la obtención de la sede y la organización del evento; sin embargo, el argumento también abrió espacio para recordar que la preparación de un Mundial implica procesos de varios años, con la participación de gobiernos de distintos niveles, organismos deportivos nacionales e internacionales y administraciones de diferentes signos políticos.
Las críticas también alcanzan al PRI
La postura de Alejandro Moreno ocurre en un momento en que el PRI continúa enfrentando una profunda crisis de credibilidad y una disminución sostenida de su fuerza electoral.
Diversos analistas han señalado que resulta complejo para el partido reivindicar grandes proyectos nacionales sin que resurjan cuestionamientos relacionados con corrupción, endeudamiento público, desigualdad, inseguridad y otros problemas que marcaron diversas administraciones priistas.
Por ello, para algunos observadores, intentar adjudicarse el mérito exclusivo de la designación mundialista representa una estrategia política orientada a recuperar protagonismo, aunque también expone al partido a nuevas críticas sobre su propio legado.
El Mundial, más allá de la disputa partidista
La organización de una Copa del Mundo representa un proceso de largo plazo que trasciende los periodos gubernamentales y requiere coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales, además de la participación de la FIFA y de organismos responsables de infraestructura, seguridad, movilidad y turismo.
En ese contexto, especialistas consideran que reducir el éxito o las dificultades del torneo a un solo partido político simplifica una realidad mucho más compleja, en la que convergen decisiones acumuladas durante varios años.
Mientras el PRI intenta reivindicar la obtención de la sede y Morena defiende la operación del evento, el principal interés de la ciudadanía continúa centrado en que el Mundial deje beneficios duraderos en infraestructura, desarrollo económico y proyección internacional para el país.
La disputa por la narrativa
Las declaraciones de Alejandro Moreno reflejan que, incluso en un acontecimiento deportivo de alcance mundial, la confrontación política continúa ocupando un lugar central en el debate público.
El dirigente priista apuesta por presentar la designación del Mundial como un logro de su partido y utilizar las dificultades registradas durante el torneo como argumento contra el gobierno federal. Sin embargo, esa estrategia también vuelve a colocar bajo escrutinio la historia reciente del PRI y los resultados de los gobiernos que encabezó durante décadas.

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