El ataque ocurrió en el departamento del Meta, una de las regiones históricamente golpeadas por el conflicto armado y el narcotráfico
Colombia, a 16 de mayo de 2026.- La violencia política volvió a ensombrecer el panorama electoral colombiano luego del asesinato de dos integrantes del equipo de campaña del aspirante presidencial Abelardo de la Espriella, considerado uno de los perfiles más fuertes de la derecha rumbo a los comicios presidenciales del próximo 31 de mayo.
Las víctimas fueron identificadas como Rogers Mauricio Devia, coordinador local de campaña, y Eder Fabián Cardona, asesor político, quienes fueron atacados a tiros por hombres armados cuando circulaban por una zona rural del departamento del Meta, en el centro-oriente de Colombia.
Un ataque en plena contienda electoral
De acuerdo con información difundida por el equipo político de De la Espriella, ambos colaboradores habían concluido actividades relacionadas con la distribución y recolección de propaganda electoral cuando fueron interceptados por cuatro sujetos que viajaban en motocicletas.
El atentado ocurrió durante la noche del viernes en una región considerada estratégica por diversos grupos criminales debido a su ubicación y conexión con rutas del narcotráfico. Las autoridades colombianas iniciaron las investigaciones para esclarecer el móvil del doble homicidio.
La noticia provocó reacciones inmediatas en distintos sectores políticos y organismos defensores de derechos humanos. La Defensoría del Pueblo calificó el hecho como “de extrema gravedad”, señalando que este tipo de ataques representan una amenaza directa contra la democracia y el ejercicio de los derechos políticos en el país sudamericano.
El Meta, territorio marcado por el conflicto
El departamento del Meta ha sido históricamente una de las zonas más complejas de Colombia debido a la presencia de grupos armados ilegales y remanentes guerrilleros vinculados a las antiguas FARC.
Aunque el acuerdo de paz firmado en 2016 permitió la desmovilización de gran parte de esa organización insurgente, distintas disidencias continúan operando en regiones rurales, manteniendo actividades relacionadas con extorsión, secuestro y tráfico de cocaína.
En ese contexto, los procesos electorales suelen desarrollarse bajo fuertes medidas de seguridad, especialmente en zonas donde persisten disputas territoriales entre grupos criminales y estructuras armadas.
Clima de tensión rumbo a las elecciones
El asesinato de los operadores políticos ocurre en un momento particularmente delicado para Colombia. Diversos aspirantes presidenciales han denunciado amenazas y riesgos contra su integridad durante la campaña.
Entre ellos se encuentra el senador de izquierda Iván Cepeda, quien figura entre los favoritos en las encuestas, así como la también aspirante de derecha Paloma Valencia.
La tensión electoral aumentó desde el atentado ocurrido el año pasado contra el político Miguel Uribe, quien fue baleado durante un acto proselitista en Bogotá. Ese episodio reactivó en la memoria colectiva el recuerdo de las décadas de violencia política que marcaron a Colombia entre los años ochenta y noventa, cuando varios candidatos presidenciales fueron asesinados por estructuras ligadas al narcotráfico y al crimen organizado.
Democracia bajo presión
El nuevo episodio de violencia refleja las dificultades que aún enfrenta Colombia para garantizar procesos electorales libres de intimidación armada, especialmente en regiones donde persiste la influencia de organizaciones criminales.
Analistas consideran que, más allá de las diferencias ideológicas entre candidatos, el principal desafío sigue siendo consolidar condiciones mínimas de seguridad para militantes, brigadistas y actores políticos que participan en la contienda democrática.
Mientras continúan las investigaciones, las autoridades reforzaron esquemas de protección en distintas zonas del país, ante el temor de que la violencia vuelva a convertirse en protagonista del proceso electoral colombiano.

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