México, a 2 de mayo de 2026.-En medio de una crisis que acumula más de una década, la voz de los familiares de personas desaparecidas volvió a irrumpir en la agenda pública. Gustavo Rodríguez, padre buscador, exigió que el gobierno no relegue el tema, mientras cifras oficiales evidencian la magnitud de una problemática que sigue creciendo.
Una reaparición que sacude la agenda pública
Gustavo Rodríguez volvió a ocupar espacios simbólicos de protesta: la Glorieta de los Desaparecidos y las inmediaciones de Palacio Nacional. Su mensaje fue directo y contundente: la crisis de desapariciones en México no puede ser archivada ni minimizada.
Su presencia no solo representa un caso individual, sino el eco de miles de familias que continúan en búsqueda activa de sus seres queridos.
Cifras que reflejan una crisis persistente
De acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México se contabilizan más de 110 mil personas desaparecidas, una cifra que ha ido en aumento en los últimos años.
Tan solo en el periodo reciente, se reportan miles de nuevos casos anualmente, con entidades como Jalisco, Estado de México, Tamaulipas y Veracruz entre las más afectadas.
Además, organizaciones civiles señalan que más del 90% de los casos permanecen sin esclarecer, lo que evidencia un alto nivel de impunidad.
A ello se suma el hallazgo de más de 5 mil fosas clandestinas en el país en los últimos años, muchas de ellas localizadas gracias al trabajo de colectivos ciudadanos.
El dolor que se convierte en denuncia
Rodríguez, quien el año pasado solicitó a la Secretaría de Gobernación la devolución de un fragmento óseo vinculado a su hijo desaparecido, reiteró su exigencia de justicia.
“México tiene récord en desaparecidos”, expresó, sintetizando una realidad que, para muchas familias, se traduce en años de búsqueda, trámites burocráticos y ausencia de respuestas claras.
Su reclamo apunta a un riesgo latente: que los expedientes se acumulen sin avance, convirtiéndose en lo que denominó “archivo muerto”.
La Glorieta: memoria viva de una ausencia colectiva
La Glorieta de los Desaparecidos se ha convertido en un espacio emblemático donde convergen testimonios, fotografías y consignas. No es solo un punto de protesta, sino un recordatorio permanente de la deuda del Estado con las víctimas.
Cada nombre colocado en ese sitio representa una historia inconclusa, una familia en espera y una exigencia de justicia que no se apaga.
Una crisis que rebasa lo institucional
Desde una mirada interpretativa, la desaparición de personas en México ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una crisis estructural. La falta de coordinación entre autoridades, la escasez de recursos en fiscalías y comisiones de búsqueda, así como la revictimización de familias, han profundizado el problema.
Colectivos señalan que, en muchos casos, son los propios familiares quienes realizan labores de búsqueda en campo, evidenciando las limitaciones institucionales.

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