domingo, 19 de abril de 2026

Entre cielo y ciudad: el Cristo de Chiapas se reafirma como mirador emblemático

Una obra monumental que une fe, turismo y paisaje urbano
Chiapas, a 19 de abril de 2026.- El Glorioso Cristo de Chiapas se consolida como uno de los principales atractivos turísticos y puntos de contemplación en Tuxtla Gutiérrez. Su ubicación estratégica, diseño arquitectónico y valor religioso lo convierten en un espacio que combina espiritualidad, identidad y una vista panorámica única de la región.

Un gigante de acero que abraza la ciudad

En lo alto del cerro Mactumactzá, al sur de la capital chiapaneca, se levanta el Glorioso Cristo de Chiapas, una estructura monumental que desde 1997 ha transformado el paisaje urbano y simbólico de Tuxtla Gutiérrez.

Con una altura de 64 metros y un peso aproximado de 118 toneladas, esta figura tridimensional recubierta de acero no solo impresiona por su tamaño, sino por su diseño: el Cristo no da la espalda a la ciudad ni a la comunidad de Copoya, un gesto arquitectónico que refuerza su carácter incluyente y comunitario.

Desde este punto, la vista se extiende más allá de la capital, alcanzando municipios cercanos como Chiapa de Corzo, San Fernando y Berriozábal, en un horizonte que mezcla lo urbano con lo natural.

Fe en las alturas: la capilla como corazón del recinto

En la base de la cruz se encuentra una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, un espacio que no solo cumple funciones litúrgicas, sino que también ofrece una experiencia visual única.

Desde su interior, los visitantes pueden observar la ciudad mientras contemplan la estructura que se eleva sobre ellos. El diseño del techo, con aperturas estratégicas, permite mirar la cruz desde dentro, generando una conexión simbólica entre el espacio sagrado y la monumentalidad exterior.

Este recinto funciona además como capilla del Santísimo, donde se celebran misas y actos religiosos bajo la administración del presbítero Rogelio García, perteneciente a la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez.

El recorrido: un ascenso entre simbolismo y paisaje

El acceso principal al sitio se realiza a través de un Viacrucis que representa las estaciones del camino de Cristo hacia el Calvario. A lo largo del trayecto, los visitantes no solo recorren un sendero espiritual, sino también un camino físico que culmina en una de las mejores vistas de la ciudad.

Escalinatas conducen hasta el basamento, donde también se encuentra una estatua del Papa Francisco, quien bendijo el lugar en 2016 desde un helicóptero, marcando un momento significativo para la comunidad católica local.

Desde la parte superior de la capilla, justo a los pies de la cruz, se despliega una vista panorámica que abarca desde el cerro Mactumactzá hasta el norte de la ciudad, en dirección al Parque Nacional Cañón del Sumidero.

Un mirador vivo: naturaleza, ciudad y experiencia turística

El recorrido alrededor de la base de la cruz permite observar distintos ángulos del paisaje. Desde ahí, se distinguen el bosque del Mactumactzá, el crecimiento urbano de Tuxtla Gutiérrez y zonas donde nacen arroyos como el San Roque, que atraviesa la ciudad hasta desembocar en el río Grijalva.

Este equilibrio entre naturaleza y urbanización convierte al sitio en un punto privilegiado para la contemplación, la fotografía y el descanso.

Además, el lugar cuenta con la cafetería “Sabor a Cielo”, un espacio que complementa la experiencia al ofrecer alimentos y bebidas con una vista inigualable, consolidando al Cristo de Chiapas como un destino integral.

Identidad, fe y turismo en un solo punto

Más que una estructura monumental, el Glorioso Cristo de Chiapas representa un punto de encuentro donde convergen la fe, la identidad regional y el atractivo turístico.

En un contexto donde los espacios públicos buscan reinventarse, este sitio se mantiene como un referente que no solo mira a la ciudad desde las alturas, sino que también refleja su esencia.

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