Desde 1560, la fe no se apaga: Santo Domingo de Guzmán, corazón espiritual de Tuxtla en Semana Santa
Un templo con más de cuatro siglos de historia se convierte en punto de encuentro para miles de creyentes
Chiapas, a 4 de abril de 2026.- El Templo de Santo Domingo de Guzmán, considerado el más antiguo de Tuxtla Gutiérrez, revive cada Semana Santa como un epicentro de fe y tradición. Fundado en 1560, este recinto no solo resguarda historia, sino que continúa siendo un espacio vivo donde la religión y la identidad comunitaria convergen.
Un legado que atraviesa siglos
En el corazón de Tuxtla Gutiérrez, el Templo de Santo Domingo de Guzmán se erige como un testimonio tangible del paso del tiempo. Fundado en 1560, este recinto ha sido testigo de la transformación social, cultural y religiosa de la región, manteniéndose como un símbolo de permanencia en medio de los cambios.
Durante la Semana Santa, su relevancia se intensifica. No es solo un edificio antiguo, sino un espacio donde la historia cobra vida a través de las tradiciones que se han transmitido de generación en generación.
Semana Santa: fe que convoca multitudes
Cada año, miles de fieles se congregan en este templo para participar en las actividades litúrgicas propias de la Semana Mayor. Procesiones, representaciones y ceremonias religiosas convierten al recinto en un punto de encuentro donde la espiritualidad se vive de manera colectiva.
La participación no se limita a los habitantes de Tuxtla; visitantes de otras regiones también acuden atraídos por la riqueza histórica y la intensidad de las celebraciones, consolidando al templo como un referente regional.
Más que un templo, un eje comunitario
Más allá de su valor religioso, Santo Domingo de Guzmán ha funcionado como un espacio de cohesión social. En sus muros no solo se resguardan símbolos de fe, sino también historias de comunidad, encuentros y tradiciones que fortalecen la identidad local.
La Semana Santa, en este sentido, no es únicamente un acto litúrgico, sino un momento de reafirmación cultural donde la comunidad se reconoce a sí misma a través de sus prácticas.
Tradición que resiste el paso del tiempo
En un contexto donde muchas tradiciones tienden a diluirse, la permanencia de las celebraciones en este templo refleja una resistencia cultural significativa. La continuidad de estos rituales evidencia el arraigo de la fe y el compromiso de la comunidad por preservar su herencia.
El templo no solo guarda el pasado: lo revive cada año en cada oración, en cada procesión y en cada acto de devoción.




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