Del pan compartido a la traición: Misantla revive el inicio de la Pasión de Cristo
Fieles acompañan la representación que evoca los pasajes de los Evangelios en el corazón parroquial
Misantla, Ver., a 2 de abril de 2026.- En un ambiente de fe y recogimiento, la comunidad católica de Misantla revivió los momentos que marcan el inicio de la Pasión de Cristo, incorporando pasajes bíblicos que dieron mayor profundidad a la representación realizada en el atrio parroquial.
La Cena que marcó el inicio
El atrio de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción se convirtió en escenario de uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico: la representación de la Última Cena, donde Jesús instituye la Eucaristía.
Julio César González Cubas, el Cristo misanteco, encabezó la escenificación junto a sus doce apóstoles, evocando el pasaje del Evangelio según San Lucas: “Esto es mi cuerpo, que por ustedes es entregado; hagan esto en memoria de mí” (Lucas 22:19), así como la consagración del vino: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre” (Lucas 22:20).
El acto no solo representó un momento simbólico, sino una reafirmación de la fe católica en torno al sacrificio y la entrega.
El servicio como enseñanza
Posteriormente, se llevó a cabo el lavatorio de pies, inspirado en el Evangelio de San Juan (13:14-15): “Si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros”.
Este gesto, representado ante decenas de asistentes, recordó el llamado a la humildad, al servicio y al amor al prójimo, pilares fundamentales del mensaje de Cristo.
La escena fue acompañada por el silencio respetuoso de los presentes, quienes siguieron cada momento con atención y devoción.
Getsemaní: la angustia y la traición
La representación continuó con la oración en el huerto de Getsemaní, donde Jesús, consciente de su destino, se dirige al Padre en un momento de profunda angustia: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
En este punto, la escena alcanzó uno de sus momentos más intensos con la llegada de Judas Iscariote, quien previamente —según el Evangelio de San Mateo (26:14-15)— había recibido treinta monedas de plata a cambio de entregar a su maestro.
El acto de traición se consumó con el beso que identifica a Jesús ante los soldados, cumpliendo lo narrado en Mateo 26:48-49: “Al que yo bese, ese es; préndanlo”.
El arresto y el cumplimiento de la palabra
Tras la traición, Jesús fue arrestado y conducido ante las autoridades, tal como relatan los Evangelios: “Entonces se acercaron, echaron mano a Jesús y lo prendieron” (Mateo 26:50).
La escena concluyó con su traslado a prisión, simbolizando el inicio del camino hacia la crucifixión, en cumplimiento de las Escrituras y del plan divino que da sentido a la fe cristiana.
Tradición viva en la comunidad
La representación no solo destacó por su fidelidad a los textos bíblicos, sino por la participación activa de la comunidad, que año con año mantiene viva esta tradición.





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