miércoles, 18 de febrero de 2026

“Tiempo favorable para volver a Dios”: inicia la Cuaresma con llamado a la conversión en la Catedral

La Diócesis impulsa la colecta de la caridad como signo concreto de apoyo a los más necesitados
Teziutlán, Pue., 18 de febrero de 2026.- Desde la Santa Iglesia Catedral, sede de la Diócesis de Papantla, el obispo José Trinidad Zapata Ortiz presidió la celebración del Miércoles de Ceniza, donde recordó que la Cuaresma representa un tiempo de gracia, conversión y salvación para los creyentes. En su homilía destacó los tres pilares espirituales —caridad, oración y ayuno— como caminos esenciales para preparar el corazón rumbo a la Pascua.

Un tiempo de gracia que marca el inicio del camino espiritual

Durante la celebración litúrgica que marca el comienzo de la Cuaresma, el prelado explicó que este periodo representa una oportunidad especial para la renovación interior de los fieles, retomando las palabras del apóstol San Pablo sobre el “tiempo favorable” que Dios concede para la conversión.

Señaló que la Iglesia inicia un peregrinar espiritual que conduce hacia el misterio central del cristianismo: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que se conmemora en la Semana Santa. En ese sentido, invitó a los creyentes a asumir este proceso como un camino consciente de transformación personal.

Caridad: el rostro visible de la fe

Uno de los momentos destacados fue el anuncio de la tradicional colecta de la caridad, destinada a las obras sociales de la diócesis, un gesto que, explicó el obispo, representa un signo concreto de solidaridad cristiana.

Subrayó que la limosna no debe entenderse únicamente como una aportación económica dentro del templo, sino como una actitud permanente de ayuda al prójimo, especialmente hacia los pobres y más necesitados. La verdadera caridad, dijo, nace del corazón y se practica en cualquier momento y lugar, particularmente durante la Cuaresma.

Oración y búsqueda interior: el silencio que acerca a Dios

En su mensaje, el obispo también reflexionó sobre la oración como un encuentro personal con Dios, recordando la enseñanza evangélica de realizarla en lo secreto, sin buscar reconocimiento público.

Destacó que la Palabra de Dios y la meditación son herramientas fundamentales para fortalecer la relación espiritual, pues en la búsqueda de Dios también se encuentra el creyente consigo mismo, reconociendo sus debilidades y su necesidad de conversión.

Ayuno: más allá de la abstinencia alimentaria

Otro eje central de la homilía fue el sentido profundo del ayuno, que —explicó— no se limita a privarse de alimentos, sino que implica renunciar al pecado y a las acciones que alejan de Dios.

El ayuno, añadió, es un ejercicio espiritual que invita a la reflexión interior, al sacrificio personal y a la reconciliación, ofreciendo a Dios las dificultades y sufrimientos como parte del crecimiento espiritual.

Interpretación: una Cuaresma que interpela la vida cotidiana

Más allá del mensaje religioso, la reflexión del obispo plantea una lectura social de la Cuaresma: una invitación a reconstruir valores como la solidaridad, la empatía y la responsabilidad comunitaria en tiempos donde predominan la prisa y el individualismo.

El llamado a “ayunar del mal” y a practicar la caridad constante adquiere una dimensión contemporánea, pues trasciende lo litúrgico para convertirse en una propuesta de transformación personal y social.

Con el inicio de la Cuaresma, la Iglesia católica abre un periodo de introspección y renovación espiritual que invita a los fieles no solo a cumplir prácticas religiosas, sino a transformar su vida cotidiana. El mensaje episcopal deja claro que este tiempo no es únicamente litúrgico, sino una oportunidad para reencontrarse con Dios, con uno mismo y con los demás.

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