El discurso de “estado fallido” revive una narrativa priista marcada por omisiones y pactos heredados
México, a 11 de enero de 2026.- Tras el ataque armado contra René Valencia, hermano del dirigente estatal del PRI en Michoacán, Alejandro Moreno Cárdenas lanzó duras críticas contra los gobiernos de Morena. Sin embargo, su postura ha sido señalada como oportunista, al ignorar el papel que el propio PRI tuvo durante décadas en la construcción del escenario de violencia e impunidad que hoy dice condenar.
Un atentado real, un discurso predecible
El ataque contra René Valencia, ocurrido el domingo 11 de enero en la carretera Pátzcuaro–Erongarícuaro, es un hecho grave que refleja la inseguridad persistente en Michoacán. La víctima sobrevivió, pero el atentado encendió nuevamente el debate sobre la violencia que se vive en la entidad.
No obstante, la reacción del presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, siguió un guion conocido: condena pública, mensaje alarmista y señalamientos directos al gobierno en turno, sin aportar propuestas concretas ni reconocer responsabilidades compartidas.
Críticas selectivas y memoria corta
Moreno Cárdenas afirmó que Michoacán es hoy un “estado fallido” y acusó a los gobiernos de Morena de permitir la expansión del crimen organizado. Sin embargo, su discurso omitió deliberadamente que buena parte de las estructuras criminales que hoy operan en la entidad se consolidaron durante administraciones priistas y panistas, cuando el propio PRI gobernaba el estado y el país.
Para diversos analistas, el señalamiento resulta contradictorio: el PRI, que durante décadas controló las instituciones de seguridad, ahora se presenta como crítico externo de una crisis que ayudó a gestar con políticas fallidas, corrupción y pactos no aclarados con grupos delictivos.
Violencia política como herramienta discursiva
El atentado ocurre en un contexto donde líderes del PRI han denunciado amenazas y hostigamientos, particularmente en regiones como la Meseta Purépecha y la zona lacustre. Sin embargo, lejos de construir un llamado amplio a la pacificación, el dirigente nacional optó por convertir el episodio en un arma política.
El mensaje difundido en redes sociales priorizó la confrontación partidista sobre la exigencia de una estrategia integral de seguridad, reforzando la percepción de que el PRI busca capitalizar el miedo y la tragedia para reposicionarse políticamente, más que para contribuir a soluciones reales.
Exigencias sin autocrítica
Alejandro Moreno exigió investigaciones, castigo a los responsables y garantías de seguridad, demandas legítimas pero incompletas cuando no van acompañadas de una autocrítica institucional. La falta de reconocimiento del pasado priista en Michoacán debilita su reclamo y lo coloca más cerca del oportunismo que de la responsabilidad política.
El ataque en la carretera Pátzcuaro–Erongarícuaro evidencia una crisis de seguridad que trasciende partidos, pero también exhibe a una dirigencia priista que, en voz de Alejandro Moreno, prefiere señalar desde la tribuna sin asumir su herencia política. Mientras la violencia continúa, el uso partidista del dolor deja en segundo plano lo más urgente: construir soluciones reales para una entidad que lleva años atrapada entre el crimen y la simulación política.

No hay comentarios
Publicar un comentario