Los “colectivos” tras la caída de Maduro: entre la lealtad armada y la sospecha de traición
La irrupción militar reabre el debate sobre el papel de los colectivos y expone fisuras internas en la seguridad del régimen
Venezuela, a 10 de enero de 2026.- La captura de Nicolás Maduro tras un bombardeo estadounidense sobre Caracas sacudió los cimientos del chavismo y dejó al descubierto una mezcla de desconcierto, rabia y disciplina política entre los llamados “colectivos”, organizaciones armadas surgidas al amparo de la Revolución Bolivariana. Mientras cierran filas en torno a Delcy Rodríguez, nueva figura del poder, sus integrantes coinciden en una certeza inquietante: la operación no pudo concretarse sin una traición desde el interior.
La noche que cambió el rumbo de Venezuela
Cuando las primeras bombas estadounidenses cayeron sobre Caracas, Jorge Suárez no dudó. Se despidió de su familia y salió a la calle dispuesto a combatir. Militante del colectivo “3 Raíces” y vecino del emblemático barrio 23 de Enero, bastión histórico de la izquierda venezolana, describe aquella madrugada como una escena sacada de una película: explosiones, disparos de fusil, bombas de efecto sonoro y retratos de Hugo Chávez, Simón Bolívar y Diosdado Cabello presidiendo los espacios comunitarios.
Suárez, de 50 años, reconoce que el ataque tomó al país completamente desprevenido. La rapidez de la operación y la captura del entonces presidente Nicolás Maduro dejaron más preguntas que respuestas. Sin embargo, entre los colectivos hay una convicción compartida: “No sabemos quién, pero sabemos que hubo una traición”.
Los colectivos: legado de Chávez y músculo territorial
Los llamados colectivos surgieron y se fortalecieron durante los gobiernos de Hugo Chávez (1999-2013), como organizaciones de base con un fuerte componente ideológico y territorial. Aunque aseguran trabajar en actividades deportivas, culturales y educativas, no ocultan que su prioridad es la defensa de la Revolución Bolivariana.
Temidos por la oposición, que los considera grupos de choque armados, en muchos barrios son vistos como piezas clave para la organización social y la contención del crimen. Alfredo Canchica, dirigente de la Fundación 3 Raíces, cuestiona la narrativa negativa que los rodea y recuerda que durante las protestas tras la cuestionada reelección de Maduro en 2024, fueron ellos quienes evitaron un estallido mayor en los cerros de Caracas.
Frustración, coraje y preguntas sin respuesta
Willians, integrante del colectivo “Boina Roja”, no esconde su enojo. Asegura que tras los hechos del 3 de enero quedó con frustración y ganas de combatir. Para él, el mayor misterio es el aparente colapso del sistema de defensa: “No entendemos cómo falló el sistema antiaéreo ni qué pasó con los lanzacohetes”.
Las dudas técnicas se mezclan con sospechas políticas. La hipótesis de una complicidad interna gana fuerza entre los militantes, quienes consideran que una operación de tal precisión solo pudo ejecutarse con información privilegiada.
Delcy Rodríguez, la figura que concentra la lealtad
Pese a las sospechas de traición, los colectivos aseguran no desconfiar de Delcy Rodríguez, quien heredó el poder tras la captura de Maduro. Vicepresidenta durante su mandato e hija de un dirigente histórico de la izquierda asesinado en 1976, Rodríguez goza de respeto ideológico entre las bases chavistas.
“Puedes traicionar al pueblo, pero no a tu padre”, resume Canchica, al descartar cualquier duda sobre su lealtad. En torno a ella, los colectivos han cerrado filas como un acto de disciplina política y supervivencia.
Armas visibles y control comunitario
En una visita al estadio “Chato” Candela, en el corazón del 23 de Enero, se observa la dualidad que define a estos grupos: jóvenes practicando deporte bajo la vigilancia de hombres fuertemente armados. Los colectivos no esconden sus armas ni su disposición a utilizarlas, convencidos de que forman parte de una defensa popular ante amenazas externas.
Para Suárez, ver recreaciones de la incursión estadounidense genera rabia. El bombardeo, que según cifras oficiales dejó más de 100 muertos entre civiles y militares venezolanos, evidenció la desigualdad tecnológica frente a Estados Unidos y reforzó la sensación de vulnerabilidad interna.
Un país en transición y un futuro incierto
Tras la captura de Maduro, Venezuela y Estados Unidos iniciaron acuerdos energéticos y evalúan retomar relaciones diplomáticas rotas desde 2019. Aunque el presidente Donald Trump ha afirmado que su gobierno controla el rumbo del país y las ventas de petróleo, los colectivos rechazan especular sobre el futuro inmediato.
“No creemos en amenazas. Aquí, si quieren el petróleo, van a tener que matarnos”, afirma Canchica, reflejando una postura de resistencia que combina ideología, orgullo barrial y desconfianza histórica hacia Washington.
El bombardeo estadounidense y la captura de Nicolás Maduro marcaron un punto de quiebre en la historia reciente de Venezuela. En barrios como el 23 de Enero, los colectivos permanecen en alerta, armados y organizados, aferrados a la lealtad revolucionaria mientras exigen respuestas sobre la traición que, aseguran, permitió la caída del líder chavista. Entre la disciplina política y la incertidumbre, el país entra en una etapa donde el control territorial y la cohesión interna serán claves para definir su rumbo.




No hay comentarios