Fe que camina: más de mil peregrinos de Tula parten al Tepeyac para agradecer un año más de vida
Devoción, gratitud y esperanza acompañan el recorrido rumbo a la Basílica de Guadalupe
Hidalgo, a 15 de enero de 2026.- Con oraciones, cantos y una profunda expresión de fe, cientos de feligreses de Tula iniciaron la tarde del jueves 15 de enero su tradicional peregrinación a pie hacia la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México. La caminata, que reúne a creyentes de distintas edades y generaciones, es una manifestación religiosa con más de 60 años de antigüedad, en la que los participantes agradecen por la vida, la salud y las bendiciones recibidas, al tiempo que elevan nuevas peticiones para el año que comienza.
Una tradición que trasciende el tiempo
La Peregrinación Diocesana de Tula al Tepeyac es una de las expresiones de fe más arraigadas en la región. De acuerdo con Alejandro Godínez Cruz, vicepresidente de esta organización religiosa, se trata de una tradición que se ha mantenido viva durante más de seis décadas, creciendo en número y significado con el paso de los años.
“Son más de 60 años que se hace esta peregrinación, en la que participan pobladores que van a visitar a la Virgen de Guadalupe a su casa, al Tepeyac. La mayoría da gracias a Dios por permitirles vivir otro año más, y muchos otros caminan con alguna intención, dolor o pena”, expresó Godínez Cruz en entrevista.
La fe como motor del recorrido
La peregrinación no solo es un acto físico, sino una experiencia espiritual profunda. Según relatan los organizadores, las principales peticiones de los fieles giran en torno a la salud, el trabajo y la armonía familiar, necesidades que reflejan la realidad cotidiana de las familias creyentes.
En este 2026, el contingente estuvo conformado por aproximadamente mil 100 peregrinos, quienes partieron desde Tula con rumbo a Tepeji del Río, donde pernoctaron en la escuela Sor Juana Inés de la Cruz. Al día siguiente, el grupo continuó su camino hacia Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, para finalmente arribar el sábado 17 de enero a su destino final: La Villita, en las inmediaciones de la Basílica de Guadalupe.
Voces de devoción y esperanza
Entre los caminantes se encuentran personas que año con año renuevan su compromiso de fe. Jaqueline Salazar y Javier Reyes compartieron que participan motivados por la devoción y la esperanza de un mejor porvenir.
“Vamos con fe y devoción, le vamos a pedir a la Virgen de Guadalupe que nos dé salud, trabajo y unión familiar para este 2026”, señalaron.
Por su parte, María Reyes, quien lleva 35 años participando de manera ininterrumpida junto a su familia, destacó el valor generacional de esta tradición. Acompañada por su primo José Roberto y alrededor de 30 familiares más, explicó que la peregrinación fortalece los lazos familiares y espirituales.
“Daremos gracias a la Virgen por todo lo que nos dio en 2025. Como familia seguimos creciendo en la fe; nuestras principales peticiones son salud y trabajo, y llegar con bien hasta la Basílica”, comentó.
Una manifestación viva de identidad religiosa
Más allá del recorrido y el esfuerzo físico, la peregrinación representa un símbolo de identidad, pertenencia y continuidad cultural. La caminata al Tepeyac se ha convertido en un puente entre generaciones, donde abuelos, padres, jóvenes y niños comparten la misma ruta, las mismas oraciones y una fe que se transmite de manera viva.
La Peregrinación Diocesana de Tula al Tepeyac inició el jueves 15 de enero de 2026 con la participación de cerca de mil 100 feligreses, quienes recorrerán distintos municipios de Hidalgo y el Estado de México hasta llegar el sábado 17 de enero a La Villita, en la Ciudad de México, para rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe en la Basílica que lleva su nombre.




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