Guatemala, a 19 de enero de 2026.- Aldo Dupie Ochoa Mejía, alias “El Lobo”, condenado a 80 años de prisión por múltiples asesinatos, se ha convertido en la figura más visible del Barrio 18, pandilla señalada como responsable de la reciente ola de violencia que sacudió a Guatemala y obligó al Gobierno a decretar el estado de sitio. Su liderazgo desde prisión, los privilegios que exigía, presuntos vínculos políticos y la ofensiva del gobierno de Bernardo Arévalo de León colocan su nombre en el centro de una crisis de seguridad que trasciende fronteras, mientras México expresa su respaldo al país centroamericano en respeto a su soberanía.
El nombre detrás de la violencia reciente
El fin de semana, Guatemala vivió una de sus jornadas más violentas en años. Ataques coordinados contra fuerzas de seguridad dejaron al menos nueve policías asesinados en distintos puntos de la Ciudad de Guatemala, hechos atribuidos a presuntos integrantes del Barrio 18. En el centro de esta escalada aparece Aldo Dupie Ochoa Mejía, conocido como “El Lobo”, considerado el máximo líder de esta estructura criminal.
Aunque recluido desde hace casi dos décadas, Ochoa Mejía mantiene —según autoridades y medios locales— una influencia determinante en las decisiones y acciones de la pandilla, capacidad que ha puesto en jaque al Estado guatemalteco y evidenciado las fisuras del sistema penitenciario.
Del control carcelario al endurecimiento del Estado
La tensión entre el Gobierno y el líder pandillero se agudizó cuando el ministro de Gobernación, Marco Villeda, advirtió que no se permitirían más privilegios al interno ni a su círculo cercano, beneficios que —según reconoció el propio funcionario— existieron en administraciones anteriores.
Entre las exigencias del reo figuraban comodidades como aire acondicionado, una cama de mayor tamaño y el acceso a comida con servicio a domicilio, demandas que contrastan con la realidad de un sistema penitenciario saturado y con severos problemas estructurales. “Tenemos que analizar y tomar una decisión para determinar cuál va a ser la situación de él o cómo vamos a proceder. De momento está en Renovación I y ahí seguirá”, afirmó Villeda.
El traslado que encendió la mecha
Las quejas de Ochoa Mejía se remontan a agosto de 2025, cuando fue trasladado a la cárcel de alta seguridad Renovación I, en el sur del país. La medida se adoptó tras una masacre perpetrada por el Barrio 18 durante un funeral, donde fueron asesinados integrantes de la pandilla rival Mara Salvatrucha.
Desde ese momento, la confrontación con el Estado se intensificó: motines en centros penitenciarios, retención de más de 40 custodios y, finalmente, el ataque directo contra policías que precipitó la declaración del estado de sitio.
Presuntos nexos políticos bajo la lupa
El caso de “El Lobo” no se limita al ámbito criminal. Diputados del partido oficial Movimiento Semilla han denunciado presuntos vínculos políticos del líder pandillero, señalando que mantiene o mantuvo una relación sentimental con María Marta Castañeda Torres, sobrina de la exprimera dama y excandidata presidencial Sandra Torres Casanova, del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).
Castañeda Torres se encuentra detenida y vinculada a diversos procesos penales, mientras legisladores oficialistas advierten posibles intereses compartidos que involucrarían también a la diputada Nadia de León, hija de la excandidata. Estas acusaciones añaden una dimensión política a un conflicto ya marcado por la violencia y la desconfianza ciudadana.
Un liderazgo forjado en la violencia
Nacido en el departamento de Jalapa, Ochoa Mejía creció en la zona 18 de la Ciudad de Guatemala, específicamente en el sector conocido como El Limón, considerado históricamente una “zona roja”. Desde la adolescencia se involucró en actividades delictivas y, tras ingresar a prisión hace más de 20 años, escaló posiciones hasta consolidarse como líder del Barrio 18 entre 2014 y 2017.
Aunque enfrenta condenas que, sumadas, alcanzarían casi mil 600 años de prisión —cifra simbólica debido a los límites legales—, su influencia le habría permitido obtener, hasta antes de su traslado, ingresos de hasta 10 mil dólares semanales producto de extorsiones, de acuerdo con reportes locales.
Reacciones regionales y respaldo internacional
En este contexto de violencia e inestabilidad, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó el respaldo de su país a Guatemala y Chile ante situaciones de violencia e incendios, subrayando el respeto a la soberanía de cada nación. El mensaje refuerza la preocupación regional por el impacto transnacional del crimen organizado y la necesidad de cooperación sin injerencias.
La figura de “El Lobo” sintetiza una realidad incómoda para Guatemala: el poder criminal que persiste aun tras los muros de la prisión y el desafío de un Estado que busca recuperar el control frente a estructuras que, durante años, operaron con tolerancia, privilegios y presunta protección política.

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