martes, 6 de enero de 2026

Concluye el Jubileo: León XIV sella la Puerta Santa y llama a vivir la esperanza más allá del rito

El Papa recordó que la misericordia no se clausura y permanece abierta para la Iglesia
Ciudad del Vaticano, a 6 de enero de 2026.- Con una ceremonia marcada por el silencio, la oración y la continuidad de la tradición, el Papa León XIV cerró la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, poniendo fin al Año Santo ordinario. El gesto, realizado en el contexto de la solemnidad de la Epifanía del Señor, subrayó que el Jubileo concluye en el calendario, pero su llamado a la conversión y a la esperanza continúa vigente en la vida cristiana.

El rito que marca el final del tiempo jubilar

La mañana de este martes, en el corazón del Vaticano, el Papa León XIV encabezó el rito de clausura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, acto con el que se dio por concluido oficialmente el Año Santo ordinario, celebrado cada 25 años por la Iglesia católica.

Acompañado por el canto de la antífona O clavis David, el Pontífice avanzó en procesión hacia el umbral de la Puerta Santa. Al llegar, se arrodilló y permaneció algunos minutos en oración silenciosa, un gesto que condensó el sentido espiritual del Jubileo vivido por millones de fieles en todo el mundo.

A las 9:41 horas (tiempo local), León XIV se incorporó y empujó personalmente los grandes portones de bronce, sellando de manera visible el fin del tiempo jubilar.

Un mensaje que trasciende el gesto simbólico

Antes de cerrar la Puerta, el Papa dirigió una reflexión en la que destacó el significado pastoral del Año Santo. Señaló que, aunque la Puerta Santa se cierra, la misericordia de Dios no conoce cerrojos, pues el Buen Pastor mantiene siempre abierto su corazón para acoger a quienes se sienten cansados, heridos o necesitados de consuelo.

Con estas palabras, León XIV enfatizó que el Jubileo no es solo un acontecimiento litúrgico, sino una invitación permanente a vivir la fe con renovado compromiso, incluso una vez concluido el rito.

Tradición litúrgica y continuidad histórica

Siguiendo la práctica vigente desde 1975, y simplificada durante el Jubileo del año 2000 por San Juan Pablo II, el Pontífice pronunció en latín la fórmula ritual prevista para este momento. La ceremonia pública se limitó al cierre de los batientes de bronce, sin la construcción inmediata del muro de ladrillos.

La mampostería definitiva se realizará de forma privada aproximadamente diez días después. Esta tarea estará a cargo de la Fábrica de San Pietro, cuyos trabajadores —conocidos como sampietrini— sellarán la Puerta desde el interior de la basílica.

Durante ese rito reservado se colocará la tradicional cápsula metálica, que contendrá el acta oficial del cierre, monedas acuñadas durante el Jubileo y las llaves de la Puerta Santa, como testimonio material del Año Santo concluido.

Un Jubileo marcado por la transición pontificia

El Jubileo de la Esperanza fue convocado el 24 de diciembre de 2024 por el Papa Francisco, pero tras su fallecimiento en abril, correspondió a su sucesor, León XIV, llevarlo a su término. Esta circunstancia representa un hecho poco común en la historia reciente de la Iglesia, que no se registraba desde el año 1700.

El último Jubileo ordinario previo se celebró en el año 2000, mientras que la Iglesia también ha vivido Jubileos extraordinarios, como el de la Misericordia en 2015. Ya se prevé otro para el año 2033, con motivo de los dos mil años de la muerte y resurrección de Jesucristo.

La Epifanía, marco del cierre jubilar

Tras el cierre de la Puerta Santa, el Papa León XIV presidió la Santa Misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor en la Basílica Vaticana, dando así un cierre litúrgico completo a la jornada, en la que convergieron tradición, historia y mensaje pastoral.

Con el sellado de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, el Vaticano despidió el Año Santo ordinario en una ceremonia sobria y profundamente simbólica. El mensaje del Papa León XIV fue claro: el Jubileo termina, pero la esperanza y la misericordia siguen abiertas como camino permanente para la vida de la Iglesia y de los fieles en el mundo.

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